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Partió la española Montserrat Caballé

La soprano más importante de la escena internacional, falleció esta madrugada en Barcelona a la edad de 85 años.

Cuando Maria Callas declinaba como artista, una vez retirada de los escenarios en 1965, alguien le preguntó quién sería, en su opinión, la cantante que recogería su testigo como la voz más sensacional de la ópera y la más delicada del repertorio lírico-dramático, una inquisición comprometida que la Callas solucionó con una respuesta clara y sin dudarlo un instante: "Only Caballé", fue lo que dijo, y desde ese momento Montserrat Caballé quedó bendecida como una diva inapelable. Justo por entonces iniciaba su carrera internacional, destacando en el papel de Lucrezia Borgia en la ópera de Donizetti. Callas apenas había podido escucharla, pero lo poco que sabía de Caballé era suficiente para designarla como la elegida -en perjuicio de la otra gran soprano del final de siglo, Joan Sutherland.

Montserrat comenzó su carrera musical en el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, donde pudo estudiar gracias al apoyo económico de una familia barcelonesa, los Bertrand. Allí trabajó con las tres personas que más influyeron en su educación musical: Eugenia Kemmeny, Conchita Badía y Napoleone Annovazzi. De la mano de este último realizó su debut profesional, primero cantando la «Novena Sinfonía». de Beethoven, en Valencia y después interpretando el papel de Serpina en la ópera «La serva padrona», de Pergolesi, en Reus.

Montserrat y Josep Carreras

Entre 1959 y 1962, Montserrat Caballé trabajó en Basilea (Suiza) y Bremen (Alemania), donde afianzó su incipiente repertorio con más de cuarenta papeles, entre ellos el de Violetta en «La traviata» o Mimí en «La bohème» -por la que cobró cien francos-, que serían después dos de sus grandes caballos de batalla. De vuelta a España, debutó en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, «su» Liceo, el 7 de enero de 1962, con «Arabella», de Richard Strauss.

Su carrera siguió desarrollándose en teatros de toda Europa. En Barcelona había conocido a un tenor aragonés llamado Bernabé Martí; cantaron juntos después «Madama Butterfly» en Barcelona y La Coruña en diciembre de 1963. «Bernabé -recordaba la soprano después de que Martí le sorprendiera durante los ensayos con un apasionado beso- no era como los otros que me hacían cumplidos por cosas triviales y luego se ponían a hablar de sus actuaciones. Aquel beso me cogió por sorpresa. Y aunque yo solo lo había visto unas pocas veces, supe que era el hombre de mi vida». Con él tuvo dos hijos, Bernabé y Montserrat.

Tras su deslumbrante actuación en Nueva York -el New York Times escribió «Callas + Tebaldi = Caballé», la carrera de la soprano barcelonesa se disparó: el teatro Colón de Buenos Aires, el Metropolitan de Nueva York, la Arena de Verona, el Covent Garden de Londres, la Ópera de París, la Scala de Milán, la Ópera de Viena... contaron habitualmente con ella a lo largo de los años. Su amplísimo repertorio -cercano al centenar de óperas- abarcaba desde Mozart a Wagner, de Bellini a Strauss, de Puccini a Verdi. «Norma», de Bellini; «Salomé», de Richard Strauss; o «Madama Butterfly», de Puccini, fueron tres de sus grandes papeles. Fue una cantante arriesgada, y buscó siempre ampliar su repertorio y recuperar óperas.

Siempre mantuvo una intensa relación con el teatro de su ciudad, el Liceo. El 7 de enero de 1987 se le ofreció un homenaje con motivo de las bodas de plata de su debut en su escenario y, con más de dos décadas de retraso, el Conservatorio le entregó oficialmente la medalla de oro del Gran Teatro del Liceo. Siete años más tarde, en 1994 su imagen cantando entre lágrimas ante las ruinas del teatro incendiado dio la vuelta al mundo. En 2002 se convirtió en la primera mujer de la historia socia del Círculo del Liceo. Y en enero de 2012 volvió a «su» teatro apoyada en una muleta para recibir el homenaje, cincuenta años después de su debut, de compañeros como Josep Carreras -el tenor ha asegurado siempre que Montserrat Caballé había sido decisiva en su carrera-, Joan Pons o Juan Diego Flórez. También estaba allí Montserrat Martí, su hija, que decidió seguir sus pasos, y con la que ofreció, en los últimos años, muchos recitales conjuntos.





Y es que Barcelona y Montserrat Caballé han estado siempre unidos. Especialmente cuando, junto a Freddie Mercury, grabó la canción «Barcelona», con la que promocionó los Juegos Olímpicos de 1992. En su apertura intervino la soprano, junto a otras grandes figuras de la lírica española como Josep Carreras, Plácido Domingo, Jaume Aragall, Teresa Berganza, Alfredo Kraus y Joan Pons.

Los últimos años de Montserrat Caballé estuvieron salpicados con problemas de salud y conflictos con Hacienda -en diciembre de 2015 fue condenada a seis meses de cárcel por fraude fiscal-. En 1983 tuvo una insuficiencia cardiaca y tres años más tarde se le diagnosticó un tumor cerebral benigno (lo que hizo público en 2006); en 1996 fue operada de hernia epigástrica, una dolencia que la volvió a llevar al quirófano en 2000 y 2001, y en 2012 sufrió un ictus en Rusia que le causó fractura de húmero.

Estos problemas fueron espaciando cada vez más sus apariciones en público, aunque Caballé nunca anunció una retirada definitiva de los escenarios. Su última actuación se produjo en agosto de 2014, dentro del Festival de Música de Cambrils, donde actuó junto a su hija Montserrat Martí.

Tras su fallecimiento, fueron innumerables los testimonios de duelo. La Casa Real la ha recordado con estas palabras: «Era la Caballé, la gran señora de la ópera, leyenda de la cultura universal, la mejor entre los mejores y capaz de descubrir nuevos espacios de creación con los más grandes», han expresado los Reyes en la cuenta oficial de Twitter.