La primera sorpresa que produjo el Horacio Burgos Trío, protagonista de una nueva entrega del ciclo Matices, la aportó el percusionista Diego Clark, apilándose sobre el lomo, supinamente, como los jockeys, sobre el primero de los tantos elementos de percusión que utilizaría durante el recital.
Lo que siguió no fue menos sorprendente, incluso para los que ya conocían las sutilezas y particularidades técnicas de la interpretación guitarrística de Horacio Burgos que, afortunadamente, se han expresado en nuestros escenarios en más de una ocasión, en los últimos tiempos.
Aupado desde la base con el contundente y sorprendente manejo del tempo del extraordinario bajista que es Fernando Bovarini, responsable del entramado rítmico junto a las múltiples variantes del estilo Clark, Burgos y su punteo de pulgar de una precisión que no deja de llamar la atención, fue deslizando detalles de un desarrollo armónico de impacto.
Un trabajo que suena igualmente tenso y voluptuoso en obras destiladas desde adentro de la creatividad de los integrantes del grupo, que presentaron un par, como despanzurrando, para el deleite, un par de temas de Eduardo Mateo (la interpretación de “Un canto a mamá” es antológica), una zamba u “Oblivión” de Piazzolla.
En las rara y múltiples secuencias que aplica Clark aplica a sus adminículos, desde un cajón convencional hasta una bobina de televisión pasando por un cable con plomada, se sostiene simboliza esa profunda conectividad, acaso anti-convencional pero avasallante, y rica en una inventiva que no oculta sus orígenes.
Como si se dedicara a fundir fuentes diversas (hay muchos momentos en los que cierta africanidad parece apoderarse del conjunto) la música de “Horacio Burgos Trío”, desestructura los cánones y genera un clima en el que vibran las sutilezas.
Ricardo Sánchez
NOTA: En un aparte, el guitarrista acompañó, en “Zamba del duraznillo” y “A don Rosa Toledo”, las sutiles interpretaciones de Verónica Cambón, bienvenida otra vez al canto, a pura emoción y al compás del aplauso.
Aupado desde la base con el contundente y sorprendente manejo del tempo del extraordinario bajista que es Fernando Bovarini, responsable del entramado rítmico junto a las múltiples variantes del estilo Clark, Burgos y su punteo de pulgar de una precisión que no deja de llamar la atención, fue deslizando detalles de un desarrollo armónico de impacto.
Un trabajo que suena igualmente tenso y voluptuoso en obras destiladas desde adentro de la creatividad de los integrantes del grupo, que presentaron un par, como despanzurrando, para el deleite, un par de temas de Eduardo Mateo (la interpretación de “Un canto a mamá” es antológica), una zamba u “Oblivión” de Piazzolla.
En las rara y múltiples secuencias que aplica Clark aplica a sus adminículos, desde un cajón convencional hasta una bobina de televisión pasando por un cable con plomada, se sostiene simboliza esa profunda conectividad, acaso anti-convencional pero avasallante, y rica en una inventiva que no oculta sus orígenes.
Como si se dedicara a fundir fuentes diversas (hay muchos momentos en los que cierta africanidad parece apoderarse del conjunto) la música de “Horacio Burgos Trío”, desestructura los cánones y genera un clima en el que vibran las sutilezas.
Ricardo Sánchez
NOTA: En un aparte, el guitarrista acompañó, en “Zamba del duraznillo” y “A don Rosa Toledo”, las sutiles interpretaciones de Verónica Cambón, bienvenida otra vez al canto, a pura emoción y al compás del aplauso.

