La amasan, la hacen de goma

Alejandro Manzoni lidera la imponente sonoridad del trío que completan el bajista Diego Martínez y el baterista Leandro Savelón, protagonistas de un recital de gran nivel musical y de notable frescura.
 
Alejando Manzoni es parecido a Gene Wilder, y es muy simpático y gracioso también. Otro sí, puesto a tocar el piano es cosa seria. Y además, tocando en vivo y amalgamado con el talento interpretativo del bajista Diego Martínez y el baterista Leandro Savelón, resulta a la vez osado e irresistible.

Apenas con las tres primeras composiciones (el trío interpreta básicamente las obras del pianista, dentro de un repertorio que, en el recital, supo de apenas dos o tres excepciones), queda claro, además, que su audacia creativa tiene el privilegio de no resignar la conexión emocional.

Es decir que lo suyo, sus obras pero también las formas de interpretarlas junto a esos dos grandes músicos que lo acompañan, está despojado de cualquier atisbo de frialdad: la música de Manzoni y las traducciones que de ellas hace el con el trío, vive de acortar distancias. 

Acaso se deba a que, en ese rol de compositor, el pianista pone un acento particular en un desarrollo rítmico acusadamente intenso, según el cual el aporte del bajista y el baterista resultan fundamentales, porque no se desarrollan como complementarios sino que son esenciales a ese lenguaje. 

No es casual que la percusividad del malambo aparezca más de una vez, expresa o tácitamente, en las obras presentadas en el brillante recital que se presentó en el Favio: muchas veces desde allí, y en un ejercicio de disociación magistral, su mano izquierda tiende puentes rítmicos sobre los que Martínez y Savelón realizan trabajos igualmente magistrales.

“Blues pampa”, que juega desde el título, es claramente demostrativa en ese sentido: la música de Manzoni apunta desde el folklore y pega desde el jazz, entendiendo esa mixtura proyectiva, como un juego constante de expansiones armónicas que resultan decisivas para que las melodías se desplieguen renovadas y a la vez fresca y ligeras.

Las tres orillas

De nuevo, bastó con escuchar el tercer tema del recital, una verdadera obra magistral titulada “Las tres orillas”, que bien podría considerarse como una breve suite norteña, para entrar en materia del disfrute que sobrevendía, con un puñado de obras originales y un par de versiones, interpretadas por el trío.

Por otra parte, la excepción a ese protagonismo de a tres, tuvieron lugar a través de dos interpretaciones como solistas, extensiones del magnífico manejo de los “piannisimo” que exhibe Manzoni también en su trabajo grupal, como otro aporte de contraste con el poderoso impacto que generan Martínez y Savelón desde la base. 

Joyas como “Vicente” y “Valú” (que el compositor dedicó a sus hijos), el paradigma de estilo titulado “Tun tun Leo” (dedicado al percusionista), el delicado “Preludio en sol” y las raras pero entrañables versiones de “Añoranzas”, a piano sólo, “Ojos de cielo” y “Sólo le pido a Dios”, fueron algunas otras de las bellezas del concierto de tres grandes músicos liderados por uno de ellos, Manzoni, Alejandro Manzoni, que la amasan, la hacen de goma.

Ricardo Sánchez

NOTA: en un momento el concierto Alejandro Manzoni, dijo que viene frecuentemente a Río Cuarto, donde tiene familia. Y que aquí pasa desde hace mucho tiempo las fiestas de fin de año, ocasión que aprovecha para tocar el piano de la casa, eternamente desafinado dijo. Lo hace en la intimidad, en el domicilio familiar de Avd. Sabatini. No precisó la dirección de ese domicilio pero, vaya esta advertencia para los familiares: las aproximadamente 100 personas que estábamos el viernes en el Favio, la averiguaremos, y no dejaremos pasar la oportunidad de seguir disfrutando. De modo que vayan preparando el pan dulce… y el piano.