Cruel engaño: el calvario de la “novia” enamorada
En el juicio que le hizo la Cámara Primera del Crimen a Juan Carlos Sosa casi no hubo público. Nadie acompañó al hombre que se sentó en el banquillo de los acusados, ni tampoco hubo en la sala de Tribunales familiares de la mujer asesinada: Teresa Adelina Stefanía vivía sola en Canals, el asesino la abandonó moribunda en un descampado y ayer, cuando finalmente se hizo Justicia por ella, ni sus hijos ni ningún otro allegado estuvo en la sala para escuchar el veredicto.
Sólo una persona asistió puntual a cada jornada del juicio, una mujer de unos 60 años que integra la Sociedad de Escritores Riocuartenses.
Pertrechada con libreta y birome, la enigmática señora cubrió páginas enteras con cada una de las revelaciones que fue escuchando en la voz de los testigos que desfilaron por la causa.
A ella se refirió el fiscal de cámara Julio Rivero cuando inició su alegato. “No sé si esta escritora va a hacer una novela o un cuento con el caso, pero sí les puedo asegurar -dijo el fiscal mirando a los jurados populares- que acá la realidad supera la ficción”.
Rivero describió a Stefanía como una mujer crédula y que soñaba con vivir en pareja. Alguien que no supo medir los riesgos.
Una hermana les confió a los jueces que en una oportunidad Stefanía obtuvo un crédito de 30 mil pesos, pero tenía tan poca noción del valor del dinero que pensaba que con esa suma se compraría una casa. “Era una ilusa, pero buena persona”, dijeron los vecinos de ella.
Domingo Sosa, el hombre del que Stefanía estaba enamorada, la golpeaba y le sacaba el poco dinero que tenía. Finalmente la abandonó y se fue a vivir a Rosario, contó el fiscal.
Pero ella seguía convencida de que podía reconquistar a Sosa y no dudó cuando el sobrino de su “novio” le ofreció llevarla en su moto desde Canals a Rosario para que pasaran juntos las fiestas de fin de año, en diciembre de 2016.
Ni siquiera pensó que, con los severos problemas de cadera que tenía, apenas si podría subir a la moto. Tampoco sospechó que todo era un burdo engaño para quitarle el dinero que le quedaba del crédito: unos 17 mil pesos que se había comprometido a llevar consigo a Rosario.
A esa altura, su expareja Domingo Sosa ya estaba en otra relación. “Lo más probable es que nunca le haya hecho ninguna invitación y que todo haya sido un invento de Juan Carlos Sosa”, dedujo Rivero. El fiscal está convencido de que Stefanía ni siquiera se percató de que la mañana del 21 de diciembre de 2016, cuando Sosa pasó a buscarla en moto, en lugar de salir por la ruta a Rosario estaban yendo en dirección contraria, hacia la vieja ruta 8, a unos 25 kilómetros de Canals.
Una vez que llegaron hasta un sitio inhóspito, Stefanía fue golpeada con un fierro. Le quebraron la mandíbula y dos costillas. Los forenses creen que, por las características de las heridas, pudo haber sobrevivido algunas horas.
Pero la golpiza que recibió fue demasiado para sus diezmadas energías. El último día de 2016, unos puesteros que pasaban por el lugar se toparon con un cuadro desolador: el cuerpo de Stefanía ya estaba en descomposición y los animales -se especula que fueron pumas- le habían amputado pies y manos.
Alejandro Fara
Redacción Puntal
Sólo una persona asistió puntual a cada jornada del juicio, una mujer de unos 60 años que integra la Sociedad de Escritores Riocuartenses.
Pertrechada con libreta y birome, la enigmática señora cubrió páginas enteras con cada una de las revelaciones que fue escuchando en la voz de los testigos que desfilaron por la causa.
A ella se refirió el fiscal de cámara Julio Rivero cuando inició su alegato. “No sé si esta escritora va a hacer una novela o un cuento con el caso, pero sí les puedo asegurar -dijo el fiscal mirando a los jurados populares- que acá la realidad supera la ficción”.
Rivero describió a Stefanía como una mujer crédula y que soñaba con vivir en pareja. Alguien que no supo medir los riesgos.
Una hermana les confió a los jueces que en una oportunidad Stefanía obtuvo un crédito de 30 mil pesos, pero tenía tan poca noción del valor del dinero que pensaba que con esa suma se compraría una casa. “Era una ilusa, pero buena persona”, dijeron los vecinos de ella.
Domingo Sosa, el hombre del que Stefanía estaba enamorada, la golpeaba y le sacaba el poco dinero que tenía. Finalmente la abandonó y se fue a vivir a Rosario, contó el fiscal.
Pero ella seguía convencida de que podía reconquistar a Sosa y no dudó cuando el sobrino de su “novio” le ofreció llevarla en su moto desde Canals a Rosario para que pasaran juntos las fiestas de fin de año, en diciembre de 2016.
Ni siquiera pensó que, con los severos problemas de cadera que tenía, apenas si podría subir a la moto. Tampoco sospechó que todo era un burdo engaño para quitarle el dinero que le quedaba del crédito: unos 17 mil pesos que se había comprometido a llevar consigo a Rosario.
A esa altura, su expareja Domingo Sosa ya estaba en otra relación. “Lo más probable es que nunca le haya hecho ninguna invitación y que todo haya sido un invento de Juan Carlos Sosa”, dedujo Rivero. El fiscal está convencido de que Stefanía ni siquiera se percató de que la mañana del 21 de diciembre de 2016, cuando Sosa pasó a buscarla en moto, en lugar de salir por la ruta a Rosario estaban yendo en dirección contraria, hacia la vieja ruta 8, a unos 25 kilómetros de Canals.
Una vez que llegaron hasta un sitio inhóspito, Stefanía fue golpeada con un fierro. Le quebraron la mandíbula y dos costillas. Los forenses creen que, por las características de las heridas, pudo haber sobrevivido algunas horas.
Pero la golpiza que recibió fue demasiado para sus diezmadas energías. El último día de 2016, unos puesteros que pasaban por el lugar se toparon con un cuadro desolador: el cuerpo de Stefanía ya estaba en descomposición y los animales -se especula que fueron pumas- le habían amputado pies y manos.
Alejandro Fara
Redacción Puntal