Feria del Libro "Juan Filloy": Otras voces, otros ámbitos
A pesar de la mala pasada que le jugó el clima los primeros días y de la ausencia de librerías y la menor afluencia de editoriales, y en el marco de la adaptación del público al nuevo enclave, la Feria parece haber encontrado un lugar definitivo.
Toda modificación de las costumbres socio-culturales más o menos asentadas, en especial en comunidades fuertemente conservadoras como la riocuartense, provoca primero una negativa cerrada, que por lo general se verbaliza a como dé lugar, e inmediatamente después se pone de manfiesto en forma de resistencia hasta física, consistente en sacarle el cuerpo a la iniciativa.
Afortunadamente, esa resistencia no fue tan marcada frente a la decisión de trasladar el núcleo de la Feria del Libro 2017 al espacio del C.C. de El Andino, al que se pretende instaurar como una especie de centro concentrador de un cúmulo de actividades artísticas, aquellas que no requieran específicamente de lugares con estructuras determinadas, como puede ser el Teatro Municipal.
La afluencia de público a la nueva edición de la Feria bajó en un porcentaje mucho menor del que se suponía, y los que fueron se encontraron, en principio con un panorama visualmente mucho más atractivo. Y luego, andando, con una organicidad, una fluidez entre la exposición estática y las actividades paralelas, mucho más apropiada.
Todo hay que decirlo: la Feria ha encontrado su lugar, ya que su presentación en ese espacio genera una funcionalidad mayor y además es otro aporte a la iniciativa de revalorizar un sector de la ciudad recuperando su valor histórico, sumando una nueva actividad a un espacio ciudadano que, por otra parte, ya es utilizado por los riocuartenses en función recreativa.
Así, postulando firmemente que se mantenga El Andino como lugar de la Feria para el futuro, valen otras consideraciones que tratan de precisar algunos hechos de la realidad que se hicieron palpables para la gran mayoría de los visitantes, al punto de transformarse en un comentario reiterado en el cruce de pasillos y de una carpa a la otra.
Por caso, la baja sensible en la cantidad y calidad en el contenido de los stands: indudablemente hubo una baja en términos de editoriales presentes y ese panorama se agudizó con la ausencia de una de las principales librerías de la ciudad, a lo que debe sumarse la consabida ausencia casi total de ofertas especiales, un problema que se percibe en todas las Ferias.
Frente a eso, brilla la gran participación de los artistas locales: ya sea con la presentación de sus propias obras literarias o sumando la creación de otros géneros en una oferta muy amplia que, por otra parte, tuvo una respuesta señalada por parte del público, que las tuvo mucho más al alcance de la mano.
Además de la actividad de las organizaciones de escritores (S.A.D.E. Y S.E.R.), la UNRC hizo un importante y destacable aporte: básicamente a través de la producción de su Editorial, que mantiene y perfecciona el trabajo que viene desarrollando en los últimos años, y también a través de la exposición de trabajos de los diversos talleres que forman parte de su actividad cotidiana.
Otra iniciativa destacable fue la de presentar, a través de los trabajos del grupo “Las hijas de Susú”, diversas representaciones de las tapas de obras literarias, que le pusieron un toque de originalidad y le dieron un atractivo especial, que no dejaron de sorprender, gratamente, a quienes circulaban por la Feria, acaso con intereses muy puntuales y diversos.
En definitiva, que en medio de los ajustes debidos a la elección del nuevo espacio, la Feria 2017 cumplió con creces con su apuesta de generar un clima de fiesta en torno a los libros, un clima que se hizo claramente palpable y que pudieron disfrutar todos aquellos que aceptaron lo nuevo.
Ricardo Sánchez
Afortunadamente, esa resistencia no fue tan marcada frente a la decisión de trasladar el núcleo de la Feria del Libro 2017 al espacio del C.C. de El Andino, al que se pretende instaurar como una especie de centro concentrador de un cúmulo de actividades artísticas, aquellas que no requieran específicamente de lugares con estructuras determinadas, como puede ser el Teatro Municipal.
La afluencia de público a la nueva edición de la Feria bajó en un porcentaje mucho menor del que se suponía, y los que fueron se encontraron, en principio con un panorama visualmente mucho más atractivo. Y luego, andando, con una organicidad, una fluidez entre la exposición estática y las actividades paralelas, mucho más apropiada.
Todo hay que decirlo: la Feria ha encontrado su lugar, ya que su presentación en ese espacio genera una funcionalidad mayor y además es otro aporte a la iniciativa de revalorizar un sector de la ciudad recuperando su valor histórico, sumando una nueva actividad a un espacio ciudadano que, por otra parte, ya es utilizado por los riocuartenses en función recreativa.
Así, postulando firmemente que se mantenga El Andino como lugar de la Feria para el futuro, valen otras consideraciones que tratan de precisar algunos hechos de la realidad que se hicieron palpables para la gran mayoría de los visitantes, al punto de transformarse en un comentario reiterado en el cruce de pasillos y de una carpa a la otra.
Por caso, la baja sensible en la cantidad y calidad en el contenido de los stands: indudablemente hubo una baja en términos de editoriales presentes y ese panorama se agudizó con la ausencia de una de las principales librerías de la ciudad, a lo que debe sumarse la consabida ausencia casi total de ofertas especiales, un problema que se percibe en todas las Ferias.
Frente a eso, brilla la gran participación de los artistas locales: ya sea con la presentación de sus propias obras literarias o sumando la creación de otros géneros en una oferta muy amplia que, por otra parte, tuvo una respuesta señalada por parte del público, que las tuvo mucho más al alcance de la mano.
Además de la actividad de las organizaciones de escritores (S.A.D.E. Y S.E.R.), la UNRC hizo un importante y destacable aporte: básicamente a través de la producción de su Editorial, que mantiene y perfecciona el trabajo que viene desarrollando en los últimos años, y también a través de la exposición de trabajos de los diversos talleres que forman parte de su actividad cotidiana.
Otra iniciativa destacable fue la de presentar, a través de los trabajos del grupo “Las hijas de Susú”, diversas representaciones de las tapas de obras literarias, que le pusieron un toque de originalidad y le dieron un atractivo especial, que no dejaron de sorprender, gratamente, a quienes circulaban por la Feria, acaso con intereses muy puntuales y diversos.
En definitiva, que en medio de los ajustes debidos a la elección del nuevo espacio, la Feria 2017 cumplió con creces con su apuesta de generar un clima de fiesta en torno a los libros, un clima que se hizo claramente palpable y que pudieron disfrutar todos aquellos que aceptaron lo nuevo.
Ricardo Sánchez