Celebrando la independencia

Con un empuje superador, la Feria de Editoriales Independientes se transformó en un acontecimiento que trasciende la contingencia y se convierte en un motor para sostener la relación con el libro.
Celebrando la independencia
 
Fueron tres días para compartir un fervor raro para estos tiempos que corren, que instigan el individualismo y a la vez, paradójicamente, la indiferenciación. Tan rara y tan fervorosa es esa voluntad que bien puede ser considerada como el certificado de sobrevida de una forma, bienvenida, de resistencia, reconocible incluso en la inesperada visita de Pablo Ramos.

Fueron tres días en torno al libro, ese objeto que algunos piensan como algo en desuso. Tres días convocados y sostenidos por gente que va en contra de esa aparente predestinación, obstinada en resistir la dominación que los grandes grupos editoriales pretenden transformar en hegemonía.

No se trata de tirar manteca al techo sino nada más de tratar de traducir una cierta sensación placentera de asistir a la reunión de un grupo de gente que, cada cual con sus intereses, con sus gustos cada cual, no se cortan a la hora de sostener y celebrar ese gesto de independencia, que la Feria que terminó el domingo expresó con una intensidad claramente superadora de ediciones anteriores.