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“Las soluciones a los problemas del ambiente las produce la periferia”

Lo dijo el periodista especializado Sergio Elguezábal, por los movimientos sociales que les pusieron un freno a las mineras y a Monsanto. “Demuestran que Flandria le puede ganar al Barcelona”, graficó

Sergio Elguezábal está convencido de que los cambios que demanda el medio ambiente no vendrán nunca de los centros de poder, sino de las periferias. Descree de las estructuras políticas, pero alberga fuertes esperanzas en los movimientos sociales que, aún minúsculos, lograron torcerles el brazo a pesos pesados como las empresas mineras en Famatina o a Monsanto en Malvinas Argentinas. El periodista, especializado en medio ambiente, sostiene que estos grupos intensos generan cambios que la clase política jamás produciría por sí misma. “¿Usted cree que la transformación va a venir desde los centros financieros? ¿Desde Nueva York o de Hong Kong? Tiene que venir desde estos lugares en los que hay situaciones de incomodidad, porque no hay trabajo, igualdad o equidad”, sostuvo.

Ayer, en una charla en la Feria Industrial, que se había presentado bajo el título de “Periodismo Performático”, Elguezábal abordó una vez más los problemas que genera el sistema económico a escala global. 

La exposición no siguió las lógicas discursivas tradicionales sino que echó mano de otras disciplinas, como el cine y el teatro, para contar la historia desde otro lugar, con la mira puesta en provocar inquietudes y cambios en el auditorio. 

“Vivimos tiempos de cierta urgencia para transformaciones verdaderas. No para cambios que se declaman, sino para cambios de verdad”, comienza a desandar este periodista, que se popularizó como la cara del programa “verde” de la señal de cable TN. 

“Pensar dónde vamos”

Más allá de apelar a este formato, Elguezábal se concentró en los graves problemas que plantea el medio ambiente, y que incluso pueden desafiar la supervivencia de la especie en las próximas décadas. “Tenemos calentamiento global, aumento feroz de la población mundial, trabajos que se extinguen, contaminación creciente en los mares y en la tierra, entre otros”, apuntó.  

Lo que a usted le interesa es qué se puede hacer frente a esto.

Reconociendo ese contexto, hay que pensar hacia dónde vamos, cómo nos alentamos, qué hacemos. Y por otro lado, cómo entendemos que estamos en un lugar mágico del Universo; Argentina y Latinoamérica en particular. Cómo nos hacemos acreedores de todo eso. Busco inspirar a las personas para lograr una transformación en la que no debe faltar nadie. Si hoy existe un líder de cambio en el mundo, son las personas, que no pueden ya pensar individualmente nada. Por el contrario, necesitamos actuar de modo colectivo. Ésa es la apelación que yo hago: que actuemos de modo colectivo, y que encontremos modos para entendernos, para establecer esa comunicación que muchas veces es complicada entre nosotros. 

Devastación y empobrecimiento

Estamos en medio de la pampa gringa, epicentro de los cultivos de soja y maíz transgénicos. ¿Se puede articular este modelo y el cuidado del medio ambiente, como sugieren ciertos discursos que se escuchan en ámbitos empresariales y gubernamentales?

No. Son cosas antagónicas. No voy a hablar en esta oportunidad de la soja en particular, sino del aceite de palma, de la palta y de las naranjas. Son todos escenarios situados fuera de la Argentina, con la idea de que la perspectiva nos ayude a ver lo que está pasando entre nosotros. Cada uno de los escenarios que planteo produce devastación, empobrecimiento de los suelos y de las personas. Pero por sobre todas las cosas, no entrañan un futuro. La producción desbocada de lo que sea no trae futuro, porque está pensado para las generaciones actuales, y ni siquiera se proyecta a 10 años. Esto forma parte de las urgencias sobre las cuales debemos actuar; tenemos que activarnos los ciudadanos, conociendo lo que nos pasa. Y después, pensando alternativas, convencidos de que no hay ningún ente que va a venir a resolvernos las cosas, sino que somos nosotros y no otros. 

La no-representación 

¿Sugiere que estos movimientos deben comenzar desde abajo para poder forzar a las estructuras y las instituciones a actuar?


Tenemos que animarnos a pensar diferente, porque las estructuras de representación ya no responden a los anhelos y los sueños de las personas. Por lo tanto, hay que pensar una representación diferente. ¿Cómo será? No lo sé, porque no tengo la varita mágica, pero me parece que va a nacer de esa construcción colectiva. Una construcción que debiera abrigar a todos. Por eso digo que para ese diálogo hace falta poner en suspenso las creencias de cada uno, un abrirse para escuchar lo que dice el otro. En este sentido, es central la tarea de los comunicadores, entendiendo la comunicación como agentes de concordia. 

¿Le generan esperanza los diferentes movimientos en defensa del medio ambiente, como por ejemplo los vecinos de Famatina, de Malvinas Argentinas y de muchos otros lugares? ¿Qué posibilidades hay de que estas experiencias luego se terminen articulando?

El escenario del que habla es de cuando Flandria le gana al Barcelona. Hay muchos fueguitos en la Argentina que han demostrado que Flandria le puede ganar al Barcelona. Eso es conmovedor. Esa lucha es como una base para lo que debe venir, pero para afrontar esa lucha que se viene es necesario tener confianza y creer en nosotros. Esas luchas nos van a hacer entender que sí podemos. Confío mucho en el poder de la periferia. Que en realidad es centro, porque forma parte de la ciudad donde vivimos, cualquiera que sea. ¿Usted cree que la transformación va a venir desde los centros financieros? ¿Desde Nueva York o de Hong Kong? Tiene que venir desde estos lugares en los que hay situaciones de incomodidad, porque no hay trabajo, igualdad o equidad. En esa sensación de incomodidad, aparece  la creatividad con gran fuerza. Trabajemos para eso, podemos hacerlo.