Especial para Puntal
El próximo jueves 21 de marzo a las 2130hs. en el Anfiteatro del Parque Sarmiento, el talentoso y popular artista argentino Pedro Aznar, se presentará en la primera noche de la quinta edición del Festival Otoño Polifónico y lo hará acompañado por la Orquesta Académica del Teatro del Libertador cordobés, dirigido por Hadrian Avila Arzuza.
En diálogo con Puntal, Aznar adelanta ese concierto especial y habla de su último disco, entre varias cosas más.
-Volvés a Río Cuarto pero en esta oportunidad para participar del Otoño Polifónico. ¿Qué sabés del festival riocuartense, un evento único en el país que conjuga lo sinfónico con lo popular?
-Me parece una propuesta muy valiosa, y me enorgullece formar parte de ella.
-¿Cómo surge la unión con la Orquesta Académica del Teatro del Libertador, dirigida por Hadrian Avila Arzuza. Cómo van los ensayos y cómo te estás preparando para este concierto tan especial?
-Va a ser un gran gusto colaborar con la orquesta y su director. La conjunción de músicos académicos con músicos populares es algo que siempre enriquece a ambas partes.
-¿Qué podés adelantar de lo que vamos a escuchar el jueves 21?
-Voy a hacer un recorrido por toda mi discografía, incluyendo mi último álbum doble, y a compartir varios momentos con la orquesta, en versiones sinfónicas de algunas canciones emblemáticas de mi repertorio.
-Ese día, abriendo la noche, la Orquesta Filarmónica de Río Cuarto, dirigida por Eduardo Lhez, presentará el concierto Serú Girán Sinfónico. ¿Qué sentís cuando esas inolvidables e inoxidables canciones son interpretadas hasta la actualidad y en diferentes versiones?
-Es un gran orgullo y placer que esas canciones se reversionen y sigan teniendo actualidad en nuestros días, y que le hablen a nuevas generaciones.
-El mundo no se hizo en dos días es un disco doble, ecléctico, profundo y muy interesante. ¿Cuál fue el germen de ese material, cómo surgió la idea de abarcar tantos géneros y cómo te sentiste con el álbum terminado?
-Estoy muy satisfecho con el trabajo logrado y la respuesta que está teniendo en todas partes del mundo adonde lo hemos llevado. El disco se empezó a gestar en 2018. De ese momento son Mientras, Corpoland, En espejo y, la que tal vez contenga algo premonitorio de lo que vendría en breve, Dejando la tormenta atrás. Todo lo demás fue escrito entre 2020 y 2022. Tomé el tiempo de parate forzado de la pandemia como un retiro creativo. Escribí y compuse mucho. Y soñé mucha música. De ahí proviene la mayor parte del álbum. Por ejemplo, en Polonaise, soñé la melodía, fui al piano y la anoté, y al ver que era un vals con aire de música del siglo XIX, se me ocurrió una historia de amor prohibido en un pueblo chico.
En el caso del tema que le da nombre al disco, surgió un ritmo y una armonía que me sugirieron una letra rapeada. Inmediatamente me puse a escribir y salió toda de un tirón, a modo de free style, como si la estuviera creando a medida que la decía sobre el ritmo.
Lo más marcante de los años de pandemia fue, desde luego, el aislamiento y la falta de contacto. De ahí que haya nacido una canción como Un simple abrazo, con letra de Víctor Heredia, que habla de eso tan valioso que habíamos perdido en ese tiempo.
Creo que El mundo… es uno de mis mejores discos, y marca un antes y un después, como lo hizo Quebrado en 2009. En ambos casos, son trabajos que no sólo profundizaron mi búsqueda, sino que aportaron elementos nuevos, sonoridades osadas y letras contundentes.
-¿Cuáles fueron, en general, las devoluciones de ese disco?
-Pasó algo notable, desde el principio. La gente reaccionó en vivo a canciones que eran estrenos como si las conocieran desde hace mucho tiempo. Esa es una gran señal de que un material es potente y duradero. Hay muchas canciones de este trabajo que van a quedarse a vivir en mi repertorio de conciertos por muchos años.
-Volviendo a Quebrado, es, por lo menos en mi opinión, uno de los puntos más altos de tu carrera. ¿Qué significa para vos, aquel estupendo trabajo?
-Como te decía, lo considero un punto de inflexión, y un momento de consolidación de mi relación con el público que me sigue. Algo hizo click en mí, y a partir de eso, también en la gente. Una especie de código de confianza, en que el oyente siente que lo que está escuchando viene de un lugar honesto y profundo, y por ende, se siente entendido, interpretado y acompañado por esa música. Lo personal volviéndose, en su cruda autenticidad, universal.
-Sé que no es sencillo, pero si tuvieras que elegir una de tus canciones para sintetizar el arte de Pedro Aznar, ¿cuál sería y por qué?
-¿Por qué no la propia Quebrado? Tiene la mayoría de los elementos que definen lo que hago: búsqueda de comunicar una emoción, artesanía en la construcción armónica y melódica, una poética que no huye de lo doloroso pero lo trata de expresar de manera bella y a la vez directa, introspección y deseo de tocar una fibra humana trascendente.
-¿Qué opinás de la avanzada de la música urbana y de la actualidad del rock argentino?
-La música urbana de mejor calidad hace un uso intensivo y muy bueno de la palabra poética. La poesía es mi gran amor y mi guía artística, así que entiendo perfectamente la motivación por usar la palabra como palanca para mover el mundo. El rock es un entorno enorme y ahí adentro hay de todo, desde música aburrida, llena de lugares comunes y diseñada para el consumo, hasta algunas cosas admirables.
-Por último, con tantos años de prolífica carrera, ¿cuál es, en general, el balance de lo vivido?
-El balance que hago es muy bueno. Siempre hice música que me entusiasma y me desafía, de manera independiente y sin apoyo de grandes discográficas. Me he mantenido al margen del circo mediático y todo me lo fui ganando con un enorme esfuerzo, a cuentagotas. Hoy disfruto de una hermosa relación con la gente que me escucha. Una relación de respeto y cariño basada en que jamás me han visto subestimar su gusto o inteligencia. Y eso vuelve en agradecimiento, en escucha atenta y amorosa. Es el mejor lugar posible para alguien dedicado a crear.

