En la discusión por el Fondo del Conurbano Bonaerense que inició la gobernadora María Eugenia Vidal y que puso rápidamente a la defensiva al grueso de sus pares del peronismo, hay un botín no menor: 52.374 millones de pesos que comienzan a tironearse a modo de manta corta.
Lo cierto es que aquel fondo que nació a mediados de los 90 fijó un tope de 650 millones de pesos para Buenos Aires y el excedente, para distribuir entre las provincias. Por efecto de la inflación, lógicamente que Buenos Aires fue recibiendo en términos reales cada vez menos dinero. Si de algo no hay dudas es que aquellos 650 millones de pesos poco tienen que ver con los actuales. Ese es el nudo del reclamo de la administración de Vidal.
Sin embargo, el resto de las provincias no quiere resignar un peso de lo que hoy percibe, especialmente porque esos fondos les permitieron llevar adelante sus administraciones en épocas en que la coparticipación fue perdiendo terreno por la concentración de recursos en manos de la Nación, especialmente durante el kirchnerismo. Si a eso se suma la arbitraria aplicación de subsidios nacionales en beneficio de Ciudad de Buenos Aires y Conurbano, el reparto de fondos queda claramente expresado como un ovillo difícil de desenredar. Pero en el que además, muchos creen que están perdiendo en términos relativos.
“El Fondo del Conurbano Bonaerense reparte entre todas las provincias (excepto Buenos Aires y CABA) el excedente por sobre un monto fijo de $ 650 millones de pesos del 10% de la recaudación del impuesto a las Ganancias. El monto de $ 650 millones está fijado a valores de mediados de los 90 y no cambió hasta la actualidad, a pesar de que se vivió en Argentina un período fuertemente inflacionario. Algo similar (en el sentido de excluir del reparto a la ciudad y a la provincia de Buenos Aires) ocurre con el Fondo de obras de infraestructura, que reparte un monto equivalente al 4% de la recaudación de Ganancias”, explica un informe del Iaraf que conduce Nadim Argañaraz y que plantea cinco posibles soluciones al debate del Fondo del Conurbano. Desde la más extrema de eliminar el tope a Buenos Aires y destinar todos los recursos a ese distrito; pasando por volcar todo ese dinero al esquema de coparticipación -lo que daría como gran ganadora a la Nación porque se quedaría con poco menos de la mitad de esos fondos que actualmente no percibe- hasta la de quitar el tope a Buenos Aires y distribuir la masa de recursos entre todas las jurisdicciones.
En el mismo estudio se destaca que para 2017 el Fondo del Conurbano, que se nutre del 10% de la recaudación de Ganancias estimada para el año, llegaría a los $ 53.024 millones ($ 650 millones para la provincia de Buenos Aires, y $ 52.374 millones para el resto de las 22 provincias argentinas). El Fondo de Obras de Infraestructura (4% de Ganancias) por su parte repartirá $ 21.210 millones entre las 22 provincias (excluyendo a CABA y Buenos Aires).
En el peor escenario para Córdoba, debería resignar 5.879 millones de pesos, poco menos que lo que dejaría en el camino Santa Fe: 5.917 millones. Serían las dos jurisdicciones más perjudicadas.
Si en cambio se eliminara el tope máximo para Buenos Aires y se vuelca todo el fondo en un esquema de coparticipación, Córdoba resignaría la mitad: unos 2.460 millones. Cuando la opción es en cambio volcar esos recursos a la masa bruta coparticipable, en la que ingresa también la Nación, allí el gobierno federal lógicamente ingresa con fuertes beneficios porque comienza a percibir algo que hasta aquí no recibe.
El tironeo
A modo de conclusión, el Iaraf explica que lo que resulta evidente es que “en cualquiera de los casos, la recuperación de participación de la provincia de Buenos Aires en la distribución del producido del impuesto a las Ganancias necesariamente implica una resignación del resto de las provincias, que se encuentra entre un 2% y un 9% de la coparticipación anual estimada para este año, según el escenario de política que se plantee. Es evidente que no será sencillo alcanzar un consenso para resolver el reparto de Ganancias, dada la puja distributiva que va a significar la resolución de la cuestión de la asignación de los fondos específicos asociados al impuesto”, destacó el instituto que conduce Argañaraz.
Sin embargo, el resto de las provincias no quiere resignar un peso de lo que hoy percibe, especialmente porque esos fondos les permitieron llevar adelante sus administraciones en épocas en que la coparticipación fue perdiendo terreno por la concentración de recursos en manos de la Nación, especialmente durante el kirchnerismo. Si a eso se suma la arbitraria aplicación de subsidios nacionales en beneficio de Ciudad de Buenos Aires y Conurbano, el reparto de fondos queda claramente expresado como un ovillo difícil de desenredar. Pero en el que además, muchos creen que están perdiendo en términos relativos.
“El Fondo del Conurbano Bonaerense reparte entre todas las provincias (excepto Buenos Aires y CABA) el excedente por sobre un monto fijo de $ 650 millones de pesos del 10% de la recaudación del impuesto a las Ganancias. El monto de $ 650 millones está fijado a valores de mediados de los 90 y no cambió hasta la actualidad, a pesar de que se vivió en Argentina un período fuertemente inflacionario. Algo similar (en el sentido de excluir del reparto a la ciudad y a la provincia de Buenos Aires) ocurre con el Fondo de obras de infraestructura, que reparte un monto equivalente al 4% de la recaudación de Ganancias”, explica un informe del Iaraf que conduce Nadim Argañaraz y que plantea cinco posibles soluciones al debate del Fondo del Conurbano. Desde la más extrema de eliminar el tope a Buenos Aires y destinar todos los recursos a ese distrito; pasando por volcar todo ese dinero al esquema de coparticipación -lo que daría como gran ganadora a la Nación porque se quedaría con poco menos de la mitad de esos fondos que actualmente no percibe- hasta la de quitar el tope a Buenos Aires y distribuir la masa de recursos entre todas las jurisdicciones.
En el mismo estudio se destaca que para 2017 el Fondo del Conurbano, que se nutre del 10% de la recaudación de Ganancias estimada para el año, llegaría a los $ 53.024 millones ($ 650 millones para la provincia de Buenos Aires, y $ 52.374 millones para el resto de las 22 provincias argentinas). El Fondo de Obras de Infraestructura (4% de Ganancias) por su parte repartirá $ 21.210 millones entre las 22 provincias (excluyendo a CABA y Buenos Aires).
En el peor escenario para Córdoba, debería resignar 5.879 millones de pesos, poco menos que lo que dejaría en el camino Santa Fe: 5.917 millones. Serían las dos jurisdicciones más perjudicadas.
Si en cambio se eliminara el tope máximo para Buenos Aires y se vuelca todo el fondo en un esquema de coparticipación, Córdoba resignaría la mitad: unos 2.460 millones. Cuando la opción es en cambio volcar esos recursos a la masa bruta coparticipable, en la que ingresa también la Nación, allí el gobierno federal lógicamente ingresa con fuertes beneficios porque comienza a percibir algo que hasta aquí no recibe.
El tironeo
A modo de conclusión, el Iaraf explica que lo que resulta evidente es que “en cualquiera de los casos, la recuperación de participación de la provincia de Buenos Aires en la distribución del producido del impuesto a las Ganancias necesariamente implica una resignación del resto de las provincias, que se encuentra entre un 2% y un 9% de la coparticipación anual estimada para este año, según el escenario de política que se plantee. Es evidente que no será sencillo alcanzar un consenso para resolver el reparto de Ganancias, dada la puja distributiva que va a significar la resolución de la cuestión de la asignación de los fondos específicos asociados al impuesto”, destacó el instituto que conduce Argañaraz.

