Esta acción es conocida como “sharenting”, una palabra que traducida al español es la unión de los términos “compartir” y “crianza”, y se refiere a la acción de sobreexponer a niños, niñas y adolescentes en internet por medio de la publicación excesiva de fotografías sin su consentimiento. Esto ha planteado preocupaciones sobre el impacto que puede tener en la privacidad y la salud mental de los niños y niñas.
¿Qué es el Sharenting?
El fenómeno del sharenting comenzó a tomar fuerza a principios de la década de 2000, con el aumento de la popularidad de las redes sociales, en donde padres y madres empezaron a compartir fotos, videos de sus hijos e hijas en plataformas como Facebook, Instagram y Twitter, con el objetivo de mostrarlos.
Esta práctica ha evolucionado y ha alcanzado niveles preocupantes. Según estudios, se estima que, durante el año 2022, más de 5,6 millones de fotos de niños habrían sido compartidas en línea diariamente, lo que genera un vasto rastro digital desde una edad muy temprana.
Los expertos advierten sobre los múltiples riesgos que estas prácticas suponen sin que haya una real conciencia por parte de los adultos. Las publicaciones pueden transformarse en material para redes de pornografía infantil, promover el grooming, el ciberacoso, el ciberbullying y el robo de identidad o de datos personales.
Consecuencias psicológicas en la infancia
Se han realizado varias investigaciones y estudios que respaldan las secuelas psicológicas en relación al sharenting y la exposición de la infancia en redes sociales. En un estudio reciente que fue publicado en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health, se sugiere que la sobreexposición en redes sociales puede tener consecuencias negativas en la privacidad, seguridad y autoestima de los niños.
Según publicó UNICEF en su sitio web, el sharenting puede tener un impacto negativo en la salud mental de los menores, dañar su reputación y afectar a su capacidad de crear su propia identidad. El sharenting puede tener implicaciones psicológicas o en la vida de los niños y niñas. Aunque los padres lo hacen con la mejor intención, es importante aclarar que los niños no se dan cuenta o no tienen aún la capacidad para consentir y diferenciar la exposición pública de su vida privada.
Otro dato no menor, es que las imágenes y los datos compartidos pueden estar disponibles en línea indefinidamente, incluso cuando el niño crezca y desee controlar su propia identidad digital. La sobreexposición en línea de la vida de un niño puede hacerlos vulnerables a la ciberdelincuencia, como el robo de identidad o el acoso en línea.
Por otro lado, las publicaciones en redes sociales pueden generar expectativas y presiones sociales tanto para los padres como para los niños, creando una cultura de comparación y competitividad. De esta manera los niños pueden desarrollar una percepción distorsionada de la realidad si sus vidas se ven constantemente filtradas y editadas para mostrar solo lo positivo y lo exitoso.
Cuidar la privacidad de los más pequeños
Compartir información nunca será totalmente seguro. Siempre será una cuestión de equilibrio entre los riesgos y lo que los padres perciban como beneficios. En las familias que deciden publicar información sobre sus hijos en redes, es fundamental reflexionar sobre el público con el que van a compartir esa información, cuál es la configuración de privacidad en sus perfiles de las redes sociales, cuánto conocen a las personas que han añadido como amigos o seguidores, el volumen de información compartida como las ubicaciones u otros elementos identificables como el logotipo de la escuela o actividades extra escolares.
Tené en cuenta que una vez que subís imágenes o videos, pasan a pertenecer al espacio público, esta simple acción es parte de la construcción de su identidad digital, por ello los especialistas en seguridad informática aseguran que una buena manera de mantener privacidad es configurando tus dispositivos, autorizando a que solo las personas que vos autorices puedan ver lo que compartís en tus redes y asegurarse de que saben qué datos están haciendo públicos sobre sus hijos. Tanto Facebook como Instagram cuentan con opciones para limitar lo que ven tus contactos.
- Desactiva las funciones de ubicación y geolocalización a la hora de compartir las imágenes y no des demasiada información sobre la vida privada del pequeño, sobre todo si no sabes a ciencia cierta quién puede ver o usar esos datos. Otra opción es no mostrar su cara para proteger así su identidad.
- Siempre leé los términos y condiciones de las redes sociales para enterarte qué hacen con las imágenes o videos que subís. Recordá que las imágenes o videos son datos personales y están protegidas por la ley 25.326, ley que te ampara.
- Las imágenes o videos que subís pueden guardarse en servidores que están fuera de Argentina y si necesitás borrarlas puede ser difícil porque no estás cubierto por las leyes argentinas.
Cuidar a las infancias
UNICEF lanzó una campaña para concientizar sobre los riesgos del "sharenting", en ella se alerta a los adultos sobre cuáles son los riesgos a los que se expone a niños y niñas cuando se los exhibe en internet. Compartir fotos y videos puede mostrar información personal y sensible de las infancias, como su apariencia, ubicación y actividades diarias sin su consentimiento. Por este motivo, se afecta su derecho a la intimidad.
La mayoría de las madres, padres y cuidadores tienen buenas intenciones al compartir fotos y videos de sus hijos e hijas en Internet, pero muchas veces desconocen las consecuencias que esta sobre exposición puede tener sobre los menores.