“Pancho” Nievas: “Una parte del gobierno estuvo metida en lo que pasó en el Banco Popular”
Veinte días después de haber invitado a un periodista de Puntal a hablar en la cárcel sobre la masacre de 6 bancarios, uno de los dos condenados a perpetua confirmó que hubo más partícipes y aseguró que en torno a la matanza había políticos implicados
“Cuando quiera lo espero en la cárcel para seguir charlando”, dijo Francisco “Pancho” Nievas a este cronista cuando la Justicia de Río Cuarto que 30 años atrás lo condenó a perpetua como coautor de la masacre de seis empleados del Banco Popular Financiero lo volvía a condenar, esta vez por un robo de poca monta.
Veinte días después, Nievas cumplió su palabra. Desde el Servicio Penitenciario Número 6 llegaba por escrito la autorización del preso para ser entrevistado.
El encuentro se produce en el estrecho espacio de un banquillo de acusados de los tribunales. Nievas llega con las manos esposadas y escoltado por dos guardiacárceles que, discretamente, se ubican a dos o tres metros de distancia, en la sala de juzgamiento.
El hombre de metro sesenta y brazos fibrosos va directo al grano, o todo lo directo que se puede ser cuando a cambio de una nota alguien exige dinero: “el diario vendió mucho y ganó muchísimo dinero con el asunto del Banco Popular”, suelta y en los siguientes diez minutos la nota parece derrumbarse. “Vaya otro día allá a la cárcel, en estas condiciones no voy a hablar, lo espero”, dice Nievas con tono de ultimátum.
Los guardiacárceles revolean los ojos al techo, como si dijeran, “nosotros no escuchamos nada”. Desde la ventana se cuela el trinar de unos gorriones y si en los próximos segundos ese bache de silencio no se llena, la charla con el preso quedará abortada.
Casi en tono de reproche Nievas dice que por qué nadie lo buscó durante los 4 años que estuvo libre. Que entonces no hubiera tenido problemas en hablar. Cuenta que todo ese tiempo vivió en Córdoba capital, que se ganaba la vida trabajando de cuidacoches (“naranjita”, dice él), todas las noches desde las diez hasta las cuatro o las cinco de la mañana.
A los otros naranjitas nunca les ocultó su pasado. “Yo me presentaba en sociedad como estudiante de Trabajador Social porque eso es lo que estudié en la cárcel, pero todos sabían que había estado preso, y sabían por qué causa. No tenía problemas en contarlo porque sé que no fui yo el que apretó el gatillo. Yo fui partícipe.
El tono sigue siendo levemente hostil, pero de a poco su relato va aproximándose a la mañana desquiciada del 16 de septiembre de 1987.
-¿Usted dice que fue uno solo el que disparó, y no fue usted?
-No, no digo que fue uno, digo que no fui yo. Yo soy responsable porque estuve en el momento y con la persona equivocada, nada más.
-En su prontuario, ¿alguna vez tuvo un robo a mano armada?
-Nunca
-O sea que usted nunca manejó arma.
-No digo que no manejé nunca un arma. Puede ser en la infancia, o cuando he sido menor o para cazar liebres, qué se yo.
-¿El día del asalto al banco usted no tenía armas?
-No, no, para nada
-¿Y cómo lo convocan? ¿Era amigo de Salinas?
Nievas se impacienta otra vez, parece que ahora sí va a terminar el diálogo.
-Esta bien, lo dejamos ahí y cuando vos te llegués a la cárcel hablamos bien, si querés. En estas circunstancias no. –Dice e inesperadamente, agrega:
-De hecho, me encantaría que también fuera la señora esa que fue a la televisión.
-¿A quién se refiere?
-A una de las víctimas creo (N.d la R.: alude a una de las familiares de uno de los bancarios acribillados), porque yo no tengo nada para ocultar, y me hubiera gustado haberlos visto en la calle.
-Me está diciendo que quisiera ver a los familiares, ¿y qué les va a decir?, ¿Cree que ellos quisieran verlo a usted?
-No sé si me quieren ver, pero están interesados, tanto como usted. Hay una parte del gobierno que ha estado metida, y eso lo saben.
-¿Para que quiere que vaya un familiar a verlo a la cárcel?
-Porque quiero decirles de frente…
-¿Qué les va a decir? Que lo perdonen.
-¡Obvio! –replica molesto-, ¡si yo no lo he hecho, nada más! Y sí yo puedo conversar, ¿por qué no? Soy una persona civilizada. Soy una persona que busca la reinserción, estoy en el cambio.
-Hace unos días, cuando hablamos en los pasillos, me dijo que había más personas involucradas, ¿a esos familiares les diría los nombres de esas personas?
-Estoy preso hoy.
-¿Eso le impide hablar, teme que lo vean como un buchón?
-(Duda) Nnnoooo, no sé si un buchón o no. Pero yo sé que adentro de la cárcel hay un código, el preso tiene una responsabilidad de código.
-En definitiva, usted no puede decirles quiénes más participaron.
-Dentro de la cárcel no, pero tuve la oportunidad de decírselo antes, nada más que no pude contactarme con ellos. Pero bueno, algún día Dios me dará la posibilidad de poder hablar con ellos o de poder revelar todo lo que hay por detrás, porque hubo muchas cosas.
La pata política
-Se dijo que había mesas de dinero, que había personajes de la política implicados.
-Así es, hoy los ves que hacen política, y hablan en la calle, cuando ellos mismos estuvieron implicados dentro de la corrupción. Tendrían que preguntarle a Negri... a Angeloz, lo que pasaba dentro del banco, ellos eran parte del sistema.
-¿Dice que ellos estaban involucrados en este episodio?
-¡Son los que estaban metidos con la gerencia del Banco Popular!
-¿Y qué se pudo haber querido tapar con esa matanza?
-Y como decís vos… había drogas, había mesa de dinero, se sabe, si siempre se supo.
-¿Qué tenían que ver los empleados que fueron asesinados, por que habría que callarlos?
-¿Por qué? es la gran pregunta ¿no? por qué.
-Tengo la sensación Nievas, de que usted conocía poco de los entretelones.
-¿Eso es lo que crees, no? Me parece bien.
-Se dice que había gente que estaba más involucrada en la organización, y a usted lo fueron a buscar.
-Todo bien. Puede ser…
-No me lo imagino a usted organizando ese golpe.
-No, no soy un buen organizador. Fui un buen jugador de fútbol, nada más. Soy un ocho, pero no soy organizador. Yo era un chivo expiatorio.
-¡Usted estuvo ahí!
-Sí, pero era un chivo expiatorio dentro de lo que ellos hacían, simple…Lo único que sé es que a mí me trajeron a un hecho y yo fui a laburar con la persona…
-¿Había una paga por su participación?
-Me llevaba todo lo que había ahí adentro.
-¿Cuánto se llevaron?
-Y… en aquel entonces el dólar estaba siete veces por debajo del austral, y se llevaron 78 mil australes, en plata de hoy no sé.
-¿Vio algo de ese dinero?
-No, no…
-¿Alguien se llevó algo o lo recuperaron?
-No, no se recuperó, nunca se supo nada.
Nievas vuelve a dibujar una sonrisa sarcástica, como si escondiese las cartas. Se lo hago notar.
-¿Por qué se ríe?
-No, no me río.
-Pensé que podría estar ocultando algo.
-No no sé, la verdad que no sé. Y si se la llevó, se la llevó alguien que tenía necesidad.
Durante toda la entrevista Nievas se las ingenió para no mencionar otros autores materiales, hago un nuevo intento.
“Capaz que sea más de uno”
-Por este hecho hubo dos condenados y siempre se dijo que pudo haber más partícipes, ¿era un mito eso o había algo de verdad?
Nievas vuelve a escabullirse.
-¿Vos a tu profesión, la hacés por voluntad, por necesidad o por vocación? –Pregunta, invirtiendo roles.
-Lo hago por vocación y por necesidad.
-Ta bueno…Hay algunos que eligen de otra forma…
-¿Que me quiere decir Nievas?
-Que yo vengo de muy chico de una familia donde todos habían estado en la delincuencia. Mi padre nunca me contó en qué andaba ni yo le anduve preguntando. A los 9 años me fui de mi casa, sé que había una necesidad, eso seguro…
-Por necesidad uno no provoca una carnicería.
-No, está bien, está perfecto. Eso es tu pensamiento… y el mío también. ¿Me entendes? Yo no lo haría. Muy simple.
-¿Tiene algo que reprochar al que lo hizo, al que disparó?
-No, ¿sabés que no? No, porque yo decidí andar con él.
-¿Nunca más se comunicó con Salinas?
-No, no.
-¿Nunca le llegó una carta o una llamada?
-No, ni me interesa la vida de él.
-¿Y con algún otro se comunicó?
-No…
-El que zafó, zafó…
-Son las reglas de juego.
-¿Y cuántos más había? ¿Uno o más?
-Y, capaz que sea más de uno. –Dice Nievas, y vuelve a aparecer esa media sonrisa en el rostro moreno.
A esa altura una sospecha se instala, como una punzada: ¿Nievas se está divirtiendo con el reportaje?
En cuestión de minutos, pasó del fastidio inicial a la postura desenfadada de un panelista de TV que comenta con sorna un asunto ajeno.
Haya o no más partícipes materiales de la matanza, Nievas jura que nunca nadie volvió a comunicarse con él y dice que a la cárcel solían visitarlo únicamente su madre y su hermana. Ahora, ni siquiera ellas.
-En la cárcel te visita tu mamá, tu papá y para de contar. Hasta tu mujer te olvida.
-La primera vez le pregunté que le podría decir a los familiares y apenas pudo responder, ahora tal vez lo pueda decir más tranquilo.
-Que me sepan comprender que yo he sido un chico que vino de una mala vida. Hoy reconozco que hay otra vida, que podemos cambiar, que las posibilidades no se dan dentro de una cárcel, sino que se tienen que dar dentro del sistema social para que podamos reinsertarnos, para que podamos tener un laburo. Hay veces que estudias 30 o 40 años para qué, si no sabés valorar un principio, es duro
-¿Le enseñó algo la cárcel?
-¿A mi? Noooo, ¿sabés lo que me enseñó? Que tengo que agachar la cabeza y darle para adelante, porque para atrás no sirve. Las cosas buenas vienen para adelante. Uno ve a los chicos jóvenes de la cárcel que están hoy mañana y siempre estarán y piensa que ojalá busquen la educación. Yo anduve por un montón de lados en esos cuatro años que estuve libre , y no pude agarrar un trabajo en blanco. Igual me la rebuscaba de otra forma y no robando, ¿eh?
-¿Le alivia haber contado esto?
-No, no me alivia, me enferma, porque es remover el pasado. ¿Sabés lo que más me enferma? los buitres que empiezan a comer a la gente con algo que ya fue. Ya es historia.
-Para los familiares de las víctimas es algo que llevan siempre presente.
-Claro, yo no digo los familiares, pero yo quiero dar vuelta la página. Si bien no disparé, fuí responsable y a los años (de cárcel) los hice igual. Sólo uno sabe este dolor, si nunca hiciste nada, no vas a sentir ese dolor.
* * *
El 5 de septiembre de 2018, a Francisco Nievas lo condenaron a 10 años de cárcel por el robo de una motocicleta.
Cuando salga de la cárcel tendrá 65 años y aunque el quiera olvidar, la sombra de su pasado seguirá acompañándolo.
Entretanto, espera que le lleguen de Córdoba los papeles que le permitan estudiar Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Río Cuarto.
“Sólo pido que Dios me dé la fortaleza de poder salir bien y disfrutar lo que queda -se resigna-. Si total con sustento y abrigo dicen que se vive”.
Veinte días después, Nievas cumplió su palabra. Desde el Servicio Penitenciario Número 6 llegaba por escrito la autorización del preso para ser entrevistado.
El encuentro se produce en el estrecho espacio de un banquillo de acusados de los tribunales. Nievas llega con las manos esposadas y escoltado por dos guardiacárceles que, discretamente, se ubican a dos o tres metros de distancia, en la sala de juzgamiento.
El hombre de metro sesenta y brazos fibrosos va directo al grano, o todo lo directo que se puede ser cuando a cambio de una nota alguien exige dinero: “el diario vendió mucho y ganó muchísimo dinero con el asunto del Banco Popular”, suelta y en los siguientes diez minutos la nota parece derrumbarse. “Vaya otro día allá a la cárcel, en estas condiciones no voy a hablar, lo espero”, dice Nievas con tono de ultimátum.
Los guardiacárceles revolean los ojos al techo, como si dijeran, “nosotros no escuchamos nada”. Desde la ventana se cuela el trinar de unos gorriones y si en los próximos segundos ese bache de silencio no se llena, la charla con el preso quedará abortada.
Casi en tono de reproche Nievas dice que por qué nadie lo buscó durante los 4 años que estuvo libre. Que entonces no hubiera tenido problemas en hablar. Cuenta que todo ese tiempo vivió en Córdoba capital, que se ganaba la vida trabajando de cuidacoches (“naranjita”, dice él), todas las noches desde las diez hasta las cuatro o las cinco de la mañana.
A los otros naranjitas nunca les ocultó su pasado. “Yo me presentaba en sociedad como estudiante de Trabajador Social porque eso es lo que estudié en la cárcel, pero todos sabían que había estado preso, y sabían por qué causa. No tenía problemas en contarlo porque sé que no fui yo el que apretó el gatillo. Yo fui partícipe.
El tono sigue siendo levemente hostil, pero de a poco su relato va aproximándose a la mañana desquiciada del 16 de septiembre de 1987.
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-No, no digo que fue uno, digo que no fui yo. Yo soy responsable porque estuve en el momento y con la persona equivocada, nada más.
-En su prontuario, ¿alguna vez tuvo un robo a mano armada?
-Nunca
-O sea que usted nunca manejó arma.
-No digo que no manejé nunca un arma. Puede ser en la infancia, o cuando he sido menor o para cazar liebres, qué se yo.
-¿El día del asalto al banco usted no tenía armas?
-No, no, para nada
-¿Y cómo lo convocan? ¿Era amigo de Salinas?
Nievas se impacienta otra vez, parece que ahora sí va a terminar el diálogo.
-Esta bien, lo dejamos ahí y cuando vos te llegués a la cárcel hablamos bien, si querés. En estas circunstancias no. –Dice e inesperadamente, agrega:
-De hecho, me encantaría que también fuera la señora esa que fue a la televisión.
-¿A quién se refiere?
-A una de las víctimas creo (N.d la R.: alude a una de las familiares de uno de los bancarios acribillados), porque yo no tengo nada para ocultar, y me hubiera gustado haberlos visto en la calle.
-Me está diciendo que quisiera ver a los familiares, ¿y qué les va a decir?, ¿Cree que ellos quisieran verlo a usted?
-No sé si me quieren ver, pero están interesados, tanto como usted. Hay una parte del gobierno que ha estado metida, y eso lo saben.
-¿Para que quiere que vaya un familiar a verlo a la cárcel?
-Porque quiero decirles de frente…
-¿Qué les va a decir? Que lo perdonen.
-¡Obvio! –replica molesto-, ¡si yo no lo he hecho, nada más! Y sí yo puedo conversar, ¿por qué no? Soy una persona civilizada. Soy una persona que busca la reinserción, estoy en el cambio.
-Hace unos días, cuando hablamos en los pasillos, me dijo que había más personas involucradas, ¿a esos familiares les diría los nombres de esas personas?
-Estoy preso hoy.
-¿Eso le impide hablar, teme que lo vean como un buchón?
-(Duda) Nnnoooo, no sé si un buchón o no. Pero yo sé que adentro de la cárcel hay un código, el preso tiene una responsabilidad de código.
-En definitiva, usted no puede decirles quiénes más participaron.
-Dentro de la cárcel no, pero tuve la oportunidad de decírselo antes, nada más que no pude contactarme con ellos. Pero bueno, algún día Dios me dará la posibilidad de poder hablar con ellos o de poder revelar todo lo que hay por detrás, porque hubo muchas cosas.
La pata política
-Se dijo que había mesas de dinero, que había personajes de la política implicados.
-Así es, hoy los ves que hacen política, y hablan en la calle, cuando ellos mismos estuvieron implicados dentro de la corrupción. Tendrían que preguntarle a Negri... a Angeloz, lo que pasaba dentro del banco, ellos eran parte del sistema.
-¿Dice que ellos estaban involucrados en este episodio?
-¡Son los que estaban metidos con la gerencia del Banco Popular!
-¿Y qué se pudo haber querido tapar con esa matanza?
-Y como decís vos… había drogas, había mesa de dinero, se sabe, si siempre se supo.
-¿Qué tenían que ver los empleados que fueron asesinados, por que habría que callarlos?
-¿Por qué? es la gran pregunta ¿no? por qué.
-Tengo la sensación Nievas, de que usted conocía poco de los entretelones.
-¿Eso es lo que crees, no? Me parece bien.
-Se dice que había gente que estaba más involucrada en la organización, y a usted lo fueron a buscar.
-Todo bien. Puede ser…
-No me lo imagino a usted organizando ese golpe.
-No, no soy un buen organizador. Fui un buen jugador de fútbol, nada más. Soy un ocho, pero no soy organizador. Yo era un chivo expiatorio.
-¡Usted estuvo ahí!
-Sí, pero era un chivo expiatorio dentro de lo que ellos hacían, simple…Lo único que sé es que a mí me trajeron a un hecho y yo fui a laburar con la persona…
-¿Había una paga por su participación?
-Me llevaba todo lo que había ahí adentro.
-¿Cuánto se llevaron?
-Y… en aquel entonces el dólar estaba siete veces por debajo del austral, y se llevaron 78 mil australes, en plata de hoy no sé.
-¿Vio algo de ese dinero?
-No, no…
-¿Alguien se llevó algo o lo recuperaron?
-No, no se recuperó, nunca se supo nada.
Nievas vuelve a dibujar una sonrisa sarcástica, como si escondiese las cartas. Se lo hago notar.
-¿Por qué se ríe?
-No, no me río.
-Pensé que podría estar ocultando algo.
-No no sé, la verdad que no sé. Y si se la llevó, se la llevó alguien que tenía necesidad.
Durante toda la entrevista Nievas se las ingenió para no mencionar otros autores materiales, hago un nuevo intento.
“Capaz que sea más de uno”
-Por este hecho hubo dos condenados y siempre se dijo que pudo haber más partícipes, ¿era un mito eso o había algo de verdad?
Nievas vuelve a escabullirse.
-¿Vos a tu profesión, la hacés por voluntad, por necesidad o por vocación? –Pregunta, invirtiendo roles.
-Lo hago por vocación y por necesidad.
-Ta bueno…Hay algunos que eligen de otra forma…
-¿Que me quiere decir Nievas?
-Que yo vengo de muy chico de una familia donde todos habían estado en la delincuencia. Mi padre nunca me contó en qué andaba ni yo le anduve preguntando. A los 9 años me fui de mi casa, sé que había una necesidad, eso seguro…
-Por necesidad uno no provoca una carnicería.
-No, está bien, está perfecto. Eso es tu pensamiento… y el mío también. ¿Me entendes? Yo no lo haría. Muy simple.
-¿Tiene algo que reprochar al que lo hizo, al que disparó?
-No, ¿sabés que no? No, porque yo decidí andar con él.
-¿Nunca más se comunicó con Salinas?
-No, no.
-¿Nunca le llegó una carta o una llamada?
-No, ni me interesa la vida de él.
-¿Y con algún otro se comunicó?
-No…
-El que zafó, zafó…
-Son las reglas de juego.
-¿Y cuántos más había? ¿Uno o más?
-Y, capaz que sea más de uno. –Dice Nievas, y vuelve a aparecer esa media sonrisa en el rostro moreno.
A esa altura una sospecha se instala, como una punzada: ¿Nievas se está divirtiendo con el reportaje?
En cuestión de minutos, pasó del fastidio inicial a la postura desenfadada de un panelista de TV que comenta con sorna un asunto ajeno.
Haya o no más partícipes materiales de la matanza, Nievas jura que nunca nadie volvió a comunicarse con él y dice que a la cárcel solían visitarlo únicamente su madre y su hermana. Ahora, ni siquiera ellas.
-En la cárcel te visita tu mamá, tu papá y para de contar. Hasta tu mujer te olvida.
-La primera vez le pregunté que le podría decir a los familiares y apenas pudo responder, ahora tal vez lo pueda decir más tranquilo.
-Que me sepan comprender que yo he sido un chico que vino de una mala vida. Hoy reconozco que hay otra vida, que podemos cambiar, que las posibilidades no se dan dentro de una cárcel, sino que se tienen que dar dentro del sistema social para que podamos reinsertarnos, para que podamos tener un laburo. Hay veces que estudias 30 o 40 años para qué, si no sabés valorar un principio, es duro
-¿Le enseñó algo la cárcel?
-¿A mi? Noooo, ¿sabés lo que me enseñó? Que tengo que agachar la cabeza y darle para adelante, porque para atrás no sirve. Las cosas buenas vienen para adelante. Uno ve a los chicos jóvenes de la cárcel que están hoy mañana y siempre estarán y piensa que ojalá busquen la educación. Yo anduve por un montón de lados en esos cuatro años que estuve libre , y no pude agarrar un trabajo en blanco. Igual me la rebuscaba de otra forma y no robando, ¿eh?
-¿Le alivia haber contado esto?
-No, no me alivia, me enferma, porque es remover el pasado. ¿Sabés lo que más me enferma? los buitres que empiezan a comer a la gente con algo que ya fue. Ya es historia.
-Para los familiares de las víctimas es algo que llevan siempre presente.
-Claro, yo no digo los familiares, pero yo quiero dar vuelta la página. Si bien no disparé, fuí responsable y a los años (de cárcel) los hice igual. Sólo uno sabe este dolor, si nunca hiciste nada, no vas a sentir ese dolor.
* * *
El 5 de septiembre de 2018, a Francisco Nievas lo condenaron a 10 años de cárcel por el robo de una motocicleta.
Cuando salga de la cárcel tendrá 65 años y aunque el quiera olvidar, la sombra de su pasado seguirá acompañándolo.
Entretanto, espera que le lleguen de Córdoba los papeles que le permitan estudiar Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Río Cuarto.
“Sólo pido que Dios me dé la fortaleza de poder salir bien y disfrutar lo que queda -se resigna-. Si total con sustento y abrigo dicen que se vive”.
Alejandro Fara
Redacción Puntal
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