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Boloquy vivió un año inolvidable con Las Santitas y lo coronó con un título

La exjugadora de Universidad Blanco y Rosario Fútbol Club hace dos temporadas que está en San Lorenzo de Almagro. Este año ganó la Copa Argentina de futsal y también participó de la Libertadores de América

Con talento, personalidad y mucho sacrificio, María José Boloquy creció a pasos agigantados en el fútbol femenino. Hace un par de temporadas partió desde la Liga de Río Cuarto a San Lorenzo de Almagro para buscar su lugar en el equipo más ganador del país y este año se abrazó a la Copa Argentina de futsal, logró el subcampeonato del Campeonato de AFA y tuvo la posibilidad de participar en una Libertadores de América.

El primer gran salto en su vida lo dio cuando desde su pequeña comunidad de Villa Sarmiento se trasladó a Río Cuarto para abrirse camino, demostrando desde un principio toda su capacidad en Universidad Blanco, con quien festejó el título en 2015, y al año siguiente en Rosario Fútbol Club, con el que alcanzó las semifinales.

El otro gran desafío que se propuso fue jugar profesionalmente. Por eso en 2017, ya con 28 años, emigró a San Lorenzo con las maletas llenas de ilusiones, que hoy se transformaron en una grata realidad.

La jugadora, nacida el 21 de agosto de 1988, tenía pensado actuar exclusivamente en fútbol 11 y no se imaginaba la posibilidad de integrar el equipo de futsal de Las Santitas. Pero tuvo esa oportunidad, no la desaprovechó y hoy disfruta del éxito.

“Para mí fue un desafío muy grande haber empezado a jugar futsal, porque más allá de que sea fútbol es una disciplina que no era la que estaba acostumbrada a jugar, no lo había hecho nunca y entraba en el equipo más ganador del país”, manifestó.

“Entonces entrás y es muy probable que sumara pocos minutos y muchas veces no pudiera jugar, sabiendo que son las mejores del país. Pero la idea era aprender y sumar, ser parte del equipo desde donde me tocara estar y tuve la suerte de que el grupo y el cuerpo técnico me abrieron las puertas”, agregó.

Así empezó a jugar futsal esta temporada y señaló: “Este mismo año me llevaron a la Copa Libertadores, lo cual es algo que no voy a olvidar nunca más y se lo dedico a mis viejos porque saber que uno de sus hijos tuvo la suerte de haber jugado una Libertadores no es poca cosa”.

En ese exigente certamen San Lorenzo ocupó el tercer lugar del podio. Al regreso el plantel tenía que asumir otro compromiso de envergadura, la final de la Copa Argentina, que Las Santitas se adjudicaron al superar al clásico rival, Huracán, por un global de 6-2.

“Pude jugar algunos minutos en la Copa Argentina y estoy muy feliz. San Lorenzo me ha hecho entender que siendo parte del equipo hay que sumar desde adentro o de afuera, que hay que ocupar un lugar clave para el conjunto”, indicó.

El momento cúlmine fue tener la Copa en sus manos. “Cuando la levanté tuve sentimientos encontrados, se me hizo un nudo en la garganta porque la última vez que había gritado ‘dale campeón’ había sido con la Uni Blanco. Fue entre nostalgia y felicidad porque se me dieron un montón de cosas en tan poco tiempo”, contó.

No hubo demasiado lugar para los festejos porque se venía la final del Torneo de AFA. En este caso, Las Santitas no pudieron dar la vuelta olímpica porque perdieron por penales con Kimberley de Mar del Plata, con el que habían caído 2-1 en el partido de ida y ganaron 2-1 en la revancha.

“Vivir todas estas cosas que me permite el futsal me emocionan mucho porque una sabe lo que dejó y la lucha diaria que tenemos los que venimos del interior, porque es sumamente difícil no tener tus afectos cerca. Eso es lo que más me cuesta, pero de a poquito me voy adaptando y acostumbrando”, puntualizó.



















En cancha grande

Además de esta gran experiencia con el futsal, María Boloquy continúa con lo que fue su idea originaria: jugar en el equipo de once, en los torneos de AFA, en los que cada vez está más afianzada.

San Lorenzo llegó este año hasta semifinales y además se clasificó para la Copa de Oro, que se definirá el año que viene, en un certamen todos contra todos, en el que el ganador tendrá el premio de disputar la próxima Copa Libertadores.

La aguerrida y talentosa jugadora enfatizó: “En poco tiempo he tenido la posibilidad de vivir cosas muy fuertes”, aunque una persistente lesión en la rodilla la hace dudar sobre su futuro.

“Sé que como profesional me queda muy poco, porque vine de grande y no tengo mucho más para dar. Además competir con las jóvenes cracks que surgen se hace muy difícil y tengo mi problema de la rodilla que me condiciona casi siempre y termino a medias los torneos”, relató.

Y le puso límites a su fantástica experiencia: “Creo que me queda un añito más de carrera en lo profesional, es una realidad. Hay que saber hasta dónde te dan el cuerpo, la cabeza y el corazón”.

A Majo le cuesta acostumbrarse al ritmo de la Capital Federal, por eso nunca se olvida de sus orígenes, de su Villa Sarmiento. “De donde vengo parecía imposible llegar tan lejos. Siempre tengo mucha nostalgia cuando veo esa localidad tan chiquita, de la cual muy pocos salimos a experimentar cosas a otro lado y cuando llegan los éxitos es muy gratificante”.