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Conociendo a Alfredo

Di Stéfano andaría de cumpleaños. Nació el 4 de julio de 1926 en Buenos Aires y murió el 7 de julio de 2014 en Madrid

"Once y Venceremos". Un nombre de equipo de barrio. ¡Vaya nombre! Original y premonitorio. O no tanto. Porque en Once y Venceremos jugó, y fue su primer equipo, Alfredo Estéfano Di Stéfano. Tenía en ese entonces siete años. Lo apodaron inmediatamente “Minellita” por su parecido con el mediocentro de River.

Alfredo andaría de cumpleaños. Nació el 4 de julio de 1926 en Buenos Aires y murió el 7 de julio de 2014 en Madrid.

Murió, en el sitio desde donde conquistó al mundo. A un planeta futbolero que lo admiró a rabiar y, uno presume, de haber sido contemporáneo a estos tiempos mediáticos, su "marca" se hubiera consumido de manera increíble.

Ese 4 de julio del 26, en el barrio de La Boca, nada menos, el matrimonio de Alfredo y Eulalia recibió a su primer hijo. Había nacido la Saeta rubia.

Ese Once y Venceremos le permitió iniciar el camino. Y manifestaba en esta nota que el nombre del cuadro no era tan premonitorio debido a que Alfredo, a lo largo de su exitosa carrera, ganó partidos, a pesar de los diez restantes. Los ganó él solo. De área a área. Sacando una pelota sobre la raya de su arco y definiendo un rato después en la valla rival.

Cuando su familia se va de La Boca y recala en Flores, Alfredo juega para El Imán, su nuevo equipo. Tenía once años.

Siete años después, en 1944, casi al momento en que las fuerzas aliadas desembarcan en Normandía en el día más largo del siglo, Di Stéfano acude a una prueba en River Plate y es aceptado. Sólo pasan la prueba dos de los 32 jóvenes que citaron ese día.

Increíble pero cierto: ese año juega en Cuarta, Tercera, Reserva y amistosos con el primer equipo millonario.

El 13 de abril del 45 iba a debutar en Primera por una lesión de Muñoz, pero un día antes muere el presidente norteamericano Teodoro Roosevelt y el campeonato argentino se suspende una fecha en señal de luto. Muñoz se recupera y el debut debe esperar hasta el 15 de julio, cuando River juega y pierde contra Huracán dos a uno. Vuelve a la Tercera y al año siguiente es cedido al Globito, en el que disputa 25 partidos y marca 10 goles.

Junto a Reyes, Moreno, Labruna y Loustau, juega en River la temporada de 1947. El Millo es campeón y Alfredo hace 27 goles en 30 cotejos.

El periodista Roberto Neuberger le coloca el apodo: "la saeta rubia". La hinchada de River cantaba apenas él tomaba la pelota: "¡Socorro, socorro, se viene la Saeta con su propulsión a chorro!".

Es el 47, también, el año de su integración a la selección argentina. Es en el Sudamericano de Guayaquil que ganó nuestro equipo. Hace seis goles y queda uno detrás del goleador del certamen, el uruguayo Falero.

Los años siguientes son los del adiós a nuestro fútbol, en los que en realidad jugó muy poco.

Su paso por Millonarios de Bogotá dura cuatro años, con 267 goles convertidos. Cuando vuelve a Buenos Aires está decidido a abandonar el fútbol, pero recibe una oferta del Barcelona de España. Al viajar, se plantea un pleito por su pase entre el Barça y el Real Madrid. El conjunto azulgrana le había comprado sus derechos a River y el Real Madrid a Millonarios de Colombia. Se produce un arreglo pacífico y favorable para las partes y debuta en el conjunto merengue en la tercera fecha de la Liga del 53 en Santander. Comenzaba una leyenda difícil de igualar. Una fábula de fútbol. El Madrid gana todo con Di Stéfano en su plantilla. Gana todo en España y en Europa. Gana todo en el mundo. Cuando la Saeta llegó, los blancos tenían un ayuno de títulos de más de 20 años.

Di Stéfano jugó en el Madrid 518 partidos oficiales e hizo 418 goles.

El 26 de agosto de 1963 Di Stéfano fue secuestrado en Caracas por miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Venezuela (FALN), grupo guerrillero que operó durante los años sesenta mientras el club madridista disputaba la Pequeña Copa del Mundo de Clubes. La operación fue dirigida por algunos combatientes del mencionado frente, entre los que se encontraba Paúl del Río, alias “Máximo Canales”, que manifestó que el trato dado al famoso futbolista fue siempre amistoso y cordial, a pesar de los momentos de tensión que derivaban de tal acción. Dos supuestos policías se presentaron en el hotel de concentración del conjunto español e invitaron a Alfredo a acompañarlos a la comisaría como un mero trámite burocrático por estar involucrada en un caso de tráfico de estupefacientes una persona del mismo nombre. En el coche le confirmaron que era un secuestro, que duró 72 horas, en las que el futbolista jugó al ajedrez y al dominó, vio televisión, apostó a los caballos y hasta diseñó su propio menú para su cautiverio. Los secuestradores comentaron que nunca sintió que su vida estuviera en riesgo y siempre reaccionó de la mejor manera.

Pasó dos temporadas por el Español de Barcelona, sin éxito, y en 1966 dejó el fútbol. Su leyenda continuaría como entrenador.

Primero el Elche, después Boca campeón del Nacional 69 con Madurga y Novello como artistas. El Valencia campeón en el 71, tras 24 años sin dar la vuelta.

Entrena sucesivamente al Rayo Vallecano y al Castellón, desde el que parte rápidamente ante el incumplimiento de los dirigentes.

Vuelve al Valencia. Gana la Recopa de Europa del 80 ante el Arsenal, con Bonhof y Kempes como figuras.

Al año siguiente retorna a River. Regresa a su viejo amor y lo saca campeón con Fillol; Saporiti, Passarella, Tarantini, Olarticoechea, Merlo, Gallego, Bulleri, Ramón Díaz, Kempes y Commiso. En el 82 se vuelve a Madrid. Al Real, a su Casa Blanca. Lleva a Primera a cuatro miembros de la "quinta del buitre": Sanchíz, Martín Vázquez, Butragueño y Pardeza. Regreso a Valencia en el 86 y al año siguiente lo asciende a la máxima categoría.

Y ya basta. Recibió innumerables y merecidos premios por todo el mundo. Siguió siempre ligado al fútbol y hasta dirigió al Madrid en el 90, cuando le ganó la Supercopa al Barcelona con el recordado gol de Aragón. Y ahora sí, final.

Y todo lo que hay para decir de Alfredo no alcanzaría en esta página. Contando lo que vivió en el fútbol, me pareció la mejor manera para que lo conozcan y se asombren los más jóvenes.

Es que contar de Alfredo Di Stéfano es como hablar de un héroe de película. Una leyenda.

Con los números y la historia sobre la mesa, se convierte en una realidad incomparable.

"Socorro, socorro, ahí viene la Saeta con su propulsión a chorro".