Corría la década de 1960 cuando el brasileño Elba de Padua Lima, Tim, entrenador de San Lorenzo, lanzó al aire la que sería una de las frases más escuchadas y escritas en el deporte argentino. “El fútbol es como una manta corta. Si te tapás la cabeza te destapás los pies y si te cubrís los pies te destapás la cabeza", dijo el paulista y, cual profeta, generó muchos discípulos que fueron desperdigando esa frase a lo largo de los años.
La idea no es muy difícil de captar para aquellos que le prestan atención al fútbol habitualmente. En general, resulta complejo conseguir que un equipo realice bien las dos facetas principales en el juego: atacar y defender. Es natural que aquel conjunto que le presta más atención al arco contrario descuide el propio. Como contrapartida, el que destina más recursos a cuidar su meta tiene pocas chances de dañar la del rival.
Al desmenuzar la teoría de Tim, los pensadores del fútbol llegaron a la conclusión de que aquel equipo que consigue el mayor equilibrio entre el ataque y la defensa logrará un mejor rendimiento y también resultados positivos. Este grupo de “equilibracionistas” a veces lo llevan al extremo y ven estas cualidades en todo conjunto que tiene un buen desempeño.
La idea de que el equilibrio es una variante fundamental en el funcionamiento de una estructura no es algo propio del fútbol. Sino que tiene orígenes en varias corrientes y autores de la filosofía. Baruch Spinoza, por ejemplo, sostenía que había dos pulsiones básicas que movilizaban el accionar de los hombres: el miedo y la esperanza.
Estas dos emociones no se distribuyen por igual entre todos los grupos sociales o épocas históricas. No siempre están en equilibrio y que uno supere al otro genera consecuencias distintas.
En los grupos en los que gana el miedo lo que aparece es la inacción. El mundo pasa ante ellos sin que puedan reaccionar. Por otro lado, en aquellos dominados por la esperanza se pierde la noción de los límites y se abre un abanico de posibilidades para alcanzar el dominio de la realidad.
Al trasladar estas ideas al mundo de los “equilibracionistas” futboleros se podría decir que es el miedo el que rige en las acciones de los equipos que apuestan a defenderse, mientras que la esperanza manda en los conjuntos más ofensivos. Los primeros eligen otorgar el campo y la pelota al rival y esperar para ver qué pasa. Los segundos se hacen cargo del trámite del juego y arremeten contra terreno antagónico sin medir los riesgos de recibir algún gol.
Los equipos defensivos sienten el miedo que implica perder y su tarea primordial es evitar la derrota para, después, si hay opciones, intentar ganar el encuentro. La selección de Italia a lo largo de su historia ha dado ejemplos varios de este modo de ver el fútbol. Todo lo contrario le cabría a la Holanda del 74, al Barcelona de Guardiola o a los conjuntos dirigidos por Marcelo Bielsa. Estos son cuadros gobernados por la esperanza de conseguir el triunfo. Tienen la confianza necesaria para tomar las riendas de los encuentros.
Para los “equilibracionistas” del fútbol lo ideal es encontrar los puntos medios entre estos dos tipos de equipo. Es decir, en un caso, defenderse lo mejor posible pero no por eso dejar de patear al arco y, en el otro, seguir atacando sin cuartel sin que eso signifique dejar desamparado al arquero propio.
Después de un período de olvido, Spinoza fue retomado en el siglo XIX y hoy es considerado uno de los tres grandes racionalistas de la historia. Muchas de sus ideas sirvieron para el desarrollo del pensamiento moderno y, de la mano de la manta corta, también llegaron al fútbol.
Agustín Hurtado
Redacción Puntal

