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El altanero de Ámsterdam

Johan Cruyff revolucionó el fútbol mundial en la década de 1970 al ser la principal figura de la selección de Holanda que brilló, sobre todo, en el Mundial de Alelamina 1974
 
Es un hecho. En los grupos de amigos o conocidos, de cualquier campeonato de fútbol, libre o federado, hay un altanero. Desde el punto de vista estricto del diccionario: altivo, arrogante. Ese tipo de jugador amateur o profesional, que pareciera jugar en puntas de pie, con tacos altos, mirando a los demás desde arriba, considerando al resto, sin manifestarlo, unos ordinarios bárbaros. Mirando casi con asco cuando alguno se le tira a los pies para sacársela o cometerle una falta.

Protestando mediante un gesto o una mirada por una mala devolución, por un pase mal dado y, para los que están observando desde el costado del campito o en las gradas de un estadio, el más admirado, el receptor de las miradas ávidas, rogando que se la den siempre.

Uno de los altaneros más grandes del fútbol mundial fue Johan Cruyff. Nació en Ámsterdam el 25 de abril de 1947 y murió en Barcelona, en marzo del 2016, a los 68 años. Hijo de Germán y Petronila, vendedores de frutas y verduras, puesto comercial que les permitió pasar sin sobresaltos los ásperos años de la Segunda Guerra Mundial.

Cruyff nació unos años después, con la familia consolidada en lo económico. De la mano de papá, fue a ver al Ajax a los seis años. A los diez lo hicieron socio e ingresó en las categorías infantiles.

Allá por los sesenta, la sorpresa de la irrupción de los equipos holandeses jugando la Intercontinental contra Estudiantes (Feyenoord) e Independiente (Ajax) era total. Tiempos sin televisión internacional, sin fútbol europeo en nuestras casas, lo llevábamos en la cabeza con lo que las radios decían de España, Italia o Inglaterra, con algún conocimiento de Portugal, la Unión Soviética y Francia en los mundiales y Alemania Occidental, por mérito y potencia propios. Pero Holanda se nos aparecía entre fotos de molinos de viento y plantaciones de tulipanes, sin conocer aún el naranja de su casaca nacional. La blanca con la franja roja al medio, del Ajax, era soñada por todos los que la veíamos en fotos y luego en las tenidas con Independiente. Ese Ajax de Cruyff, Suurbier, Krol, Neeskens y Rep, que jugó en Avellaneda en septiembre de 1972 y empató uno a uno con el Rojo. Fue la noche en que se hizo leyenda, la única vez que Cruyff jugó en Argentina y la misma en la que Dante Mírcoli lo sacó de la cancha, lesionado, después de que un rato antes, en una corrida de gacela, de gamo, Johan hubiera dejado atrás al Zurdo López y por arriba de Santoro y marcado el gol de su equipo.

La excitación futbolera que provocaba la camiseta del Ajax fue casi la misma que desencadenó la naranja, de Holanda, cuando en 1974 copó el juego del Mundial de Alemania. Argentina padeció en un amistoso previo, y luego en pleno Mundial, las capacidades del equipo, que sobre la base del Ajax mencionado de dos años atrás nos hizo cuatro por partido. La manija de Cruyff dentro de la cancha, la estrategia de Rinus Michels en el banco y mosqueteros al lado del gran Johan de la talla de Van Hanegem, Resenbrick y los nombrados Rep, Krol, Neeskens y demás. Un cuadrazo que no se olvida a pesar de haber caído en la final contra el local, Alemania Occidental. Holanda sembró, a partir de allí, una semilla que siguió cultivando el propio Cruyff como técnico, que tuvo en Guardiola a su mejor alumno y que hoy muestra en el joven equipo del Ajax, con un pie en la final de la Champions (falta la revancha contra Tottenham): la misma característica de juego bello y efectivo.

Cruyff jugó en el Ajax entre el 64 y 73; en el Barcelona, del 73 al 78; en Los Ángeles y Washington, en el Soccer, del 78 al 81; en Levante de España, en el 81; vuelta al Ajax hasta el 83 y cierre de su carrera en el Feyenoord en el 84. Participó en 661 partidos en total y marcó 372 goles. En su selección jugó 50 veces e hizo 33 tantos.

Como entrenador dirigió al Ajax en tres temporadas, entre el 83 y el 88, y luego al Barça desde allí hasta  el 96. Ganó 22 títulos como jugador  y 14 como técnico.

Jugó un mundial y fue subcampeón en el 74, también participó en una Eurocopa, en la que fue tercero, en el 76.

Digamos, no ganó campeonatos con su selección.

La brillante etapa del Ajax no fue eclipsada, pero sí igualada y hasta superada por lo hecho en el Barcelona como jugador y técnico. Una inteligencia dentro y fuera de la cancha difícil de empardar. Un metro ochenta de altura, piernas largas, una presencia formidable, pique inusual y gran panorama, pocos dudan en colocar a Cruyff junto a los grandes futbolistas de la historia. El periodista deportivo David Miller afirmó que Cruyff era superior a cualquier jugador anterior en su capacidad para extraer el mayor provecho de los demás. Denominó a Cruyff “Pitágoras con botas”, debido a la complejidad y la precisión de sus pases en ángulo y escribió: “Pocos han sido capaces, tanto física como mentalmente, de tal fascinante control sobre un partido de un área a otra”.

Un temperamento muy fuerte. Juntó fineza y entrega. Cálculo y mentalidad ganadora. Nos quedaron las ganas de verlo en el Mundial 78. Dicen que las largas concentraciones a las que obligaba la Federación Holandesa, la dictadura en Argentina y no llegar a un acuerdo económico con la firma deportiva Adidas para llevar las tres tiras de la marca en la camiseta de la selección fueron las razones de su ausencia en la Copa del Mundo del 78.

La imagen del técnico Cruyff, frontal, fumador empedernido -lo que lo llevó a la muerte-, padre de Jordy.

Johan Cruyff, ese flaco narigón, esquivo, casi tímido, con saco o piloto, sigue siendo un referente ineludible a la hora de hablar de fútbol.

Dicen que cobraba las entrevistas y que defendía a rajatabla sus emolumentos en las discusiones con los dirigentes. “Me piden goles y triunfos. Yo hago goles y por eso conseguimos victorias. A cambio, me pagan. Más que a otros. Para qué discutir si es mucho o poco. Es mi vida y mi contrato”, expresó alguna vez.

Un Cruyff auténtico, altanero, altivo. Mirando a los demás desde arriba.

Y en el tema del fútbol, algún escalón tuvo por sobre buena parte de los demás.

Osvaldo Alfredo Wehbe