Somos miles los que hemos jugado al fútbol toda la vida. Y, a todos, nos llegó o llegará el momento en el que, aun en canchas de barrio, en Ligas amateurs, hay algo físico o mental que anuncia el final de esa "carrera" que comenzamos desde la primera salida a la cuadra para conocer el mundo más allá de acá.
La pelota y los amigos, la de goma, la de cuero, la de trapo en antaño, con la compañía de los que quedarán en el recuerdo para siempre, rivales y compañeros.
Llevado esto a la decisión de Pablo Guiñazú, que fue noticia después de la derrota de Talleres ante Palestino, la cuestión mezcla nostalgia, envidia, admiración y la sensación de entenderlo, desde el llano de nuestra canchita de cada sábado, pensando lo que él debió sentir, a pesar de ser un profesional que vivió del fútbol.
Esa es la única y no menor diferencia del Cholo con algunos de nosotros. Guiñazú vivió del fútbol, los comunes vivimos con el fútbol.
En el inicio de los 90, su representante, un personaje del fútbol local, que estuvo cerca de los poderes afistas, en los años que siguieron, me paró en plena Plaza Roca, para hablarme del gran jugador que hacía palotes en Acción Juvenil de General Deheza.
El apellido Guiñazú entró en mi vida periodística, y como me ocurre con cada jugador que tiene que ver con nuestra Liga, el seguimiento de sus actuaciones pasó a ser curiosidad e interés por que le fuera realmente bien. Como a tantos de por acá.
¡Y vaya si le fue bien! Con decir que jugó 828 partidos entre clubes y la selección estaría todo dicho. Pero no. A todo eso lo jugó bien, muy bien. Fue caudillo, rueda de auxilio, protagonista y lo hizo con camisetas muy pesadas, en entidades con prosapia, con escudos importantes.
Guiñazú fue figura de casi niño en el Aurinegro dehecino: "A los 14 años llegué a la Primera. Me hizo debutar 'el Cacho" Fiandino, un fenómeno. Jugaba tipo enganche y tuve la suerte de hacer varios goles en la Primera de la Liga de Río Cuarto", declaró Guiñazú en su momento.
No caeré en un resumen estadístico de la vida con la redonda del Cholo. Debutar tan chico en Ñuls, en un clásico ante Central, reemplazando a Damián Manso, por decisión de un ilustre como Mario Zanabria que era el técnico, en noviembre de 1996, fue el inicio profesional.
Newell´s, Perugia de Italia, Independiente, el Saturn de Rusia, Libertad de Paraguay, Inter de Porto Alegre, Vasco Da Gama y Talleres.
Ganó 8 títulos con Inter, y uno con Independiente, Libertad, Vasco Da Gama y Talleres, este en la B Nacional con su recordado y decisivo gol ante All Boys.
Su historia con la selección, con la que tuvo su primera oportunidad en Toulon en 1998. Pekerman que no lo había llamado para torneos juveniles, lo llevó a es certamen, y fue figura, junto a Riquelme, Cambiasso, Samuel, Scaloni y Romeo, entre otros. Y el Cholito jugó con la 10, Román con la 8. Más adelante sería convocado por Bielsa, el propio Pekerman y Sabella. Para muchos, estuvo ahí de llegar a Rusia 2018. Hace poco contó: "Bielsa es el mejor técnico que tuve", aceptó. "Es el mejor de todos. El que lo tuvo, lo sabe, y el que no, mejorará. Un jugador de seis puntos pasa a ser uno de ocho.".
En medio de todo lo que ocurrió la semana pasada, de sus palabras, en la vieja tribuna de Barrio Jardín, de los comentarios periodísticos que llenaron minutos y páginas, con números abrumadores, trato de quedarme en la piel de jugador del Cholo.
De sentir dolores que eran lindos y ahora no se pasan tan fácil, de no tener tantas ganas de entrenar (no hay muchos jugadores que las tengan siempre), de verse superado por rivales que con sólo ser más jóvenes y rápidos te pasan, te la quitan y ya no llegás.
Y estoy seguro de que muy poquito de eso le ha pasado a Guiñazú. A los 40 jugó como un pibe, no dejó de hacer el péndulo en la mitad, ni de animar a compañeros, achicar a rivales y hablarles a los árbitros. Es decir, se fue, simplemente eso.
En poco más de tres años, el Cholo se convirtió en ídolo de un cuadro con referentes fuertes en su historia. Es verdad que estos tiempos contienen amores efímeros.
De aquellos nombres como la "Wanora" Romero, del "Daniel" Willington, de la "Rana" Valencia, del "Hacha Ludueña, entre otros, fueron pasando, luego, jugadores queridos que por una u otra causa, están el corazón del hincha de Talleres. Oste, Zelaya, Garay, Maidana y hasta Klusener. En Pablo Guiñazú parecieron unirse el hoy y el "para siempre".
Seguro algo le dolió un poco más, algo lo cansó distinto, algún ruido le hizo el reloj de su campaña espectacular. Pero no mucho. Uno está seguro, aunque parezca increíble, de que de haberlo deseado, Guiñazú podía jugar un poco más. En Talleres o en otro club de menores exigencias.
El Cholo decidió a los 40, lo que muchos, apenas pasados los 30.
Si de alguno de nosotros se tratara, diríamos: "Bueno, juego más tranquilo, no corro tanto, no me enojo tanto, ya estoy grande". Eso en las canchas barriales y amateurs.
El Cholo jugaría hasta los 50, pero sólo como lo hizo hasta ayer.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Llevado esto a la decisión de Pablo Guiñazú, que fue noticia después de la derrota de Talleres ante Palestino, la cuestión mezcla nostalgia, envidia, admiración y la sensación de entenderlo, desde el llano de nuestra canchita de cada sábado, pensando lo que él debió sentir, a pesar de ser un profesional que vivió del fútbol.
Esa es la única y no menor diferencia del Cholo con algunos de nosotros. Guiñazú vivió del fútbol, los comunes vivimos con el fútbol.
En el inicio de los 90, su representante, un personaje del fútbol local, que estuvo cerca de los poderes afistas, en los años que siguieron, me paró en plena Plaza Roca, para hablarme del gran jugador que hacía palotes en Acción Juvenil de General Deheza.
El apellido Guiñazú entró en mi vida periodística, y como me ocurre con cada jugador que tiene que ver con nuestra Liga, el seguimiento de sus actuaciones pasó a ser curiosidad e interés por que le fuera realmente bien. Como a tantos de por acá.
¡Y vaya si le fue bien! Con decir que jugó 828 partidos entre clubes y la selección estaría todo dicho. Pero no. A todo eso lo jugó bien, muy bien. Fue caudillo, rueda de auxilio, protagonista y lo hizo con camisetas muy pesadas, en entidades con prosapia, con escudos importantes.
Guiñazú fue figura de casi niño en el Aurinegro dehecino: "A los 14 años llegué a la Primera. Me hizo debutar 'el Cacho" Fiandino, un fenómeno. Jugaba tipo enganche y tuve la suerte de hacer varios goles en la Primera de la Liga de Río Cuarto", declaró Guiñazú en su momento.
No caeré en un resumen estadístico de la vida con la redonda del Cholo. Debutar tan chico en Ñuls, en un clásico ante Central, reemplazando a Damián Manso, por decisión de un ilustre como Mario Zanabria que era el técnico, en noviembre de 1996, fue el inicio profesional.
Newell´s, Perugia de Italia, Independiente, el Saturn de Rusia, Libertad de Paraguay, Inter de Porto Alegre, Vasco Da Gama y Talleres.
Ganó 8 títulos con Inter, y uno con Independiente, Libertad, Vasco Da Gama y Talleres, este en la B Nacional con su recordado y decisivo gol ante All Boys.
Su historia con la selección, con la que tuvo su primera oportunidad en Toulon en 1998. Pekerman que no lo había llamado para torneos juveniles, lo llevó a es certamen, y fue figura, junto a Riquelme, Cambiasso, Samuel, Scaloni y Romeo, entre otros. Y el Cholito jugó con la 10, Román con la 8. Más adelante sería convocado por Bielsa, el propio Pekerman y Sabella. Para muchos, estuvo ahí de llegar a Rusia 2018. Hace poco contó: "Bielsa es el mejor técnico que tuve", aceptó. "Es el mejor de todos. El que lo tuvo, lo sabe, y el que no, mejorará. Un jugador de seis puntos pasa a ser uno de ocho.".
En medio de todo lo que ocurrió la semana pasada, de sus palabras, en la vieja tribuna de Barrio Jardín, de los comentarios periodísticos que llenaron minutos y páginas, con números abrumadores, trato de quedarme en la piel de jugador del Cholo.
De sentir dolores que eran lindos y ahora no se pasan tan fácil, de no tener tantas ganas de entrenar (no hay muchos jugadores que las tengan siempre), de verse superado por rivales que con sólo ser más jóvenes y rápidos te pasan, te la quitan y ya no llegás.
Y estoy seguro de que muy poquito de eso le ha pasado a Guiñazú. A los 40 jugó como un pibe, no dejó de hacer el péndulo en la mitad, ni de animar a compañeros, achicar a rivales y hablarles a los árbitros. Es decir, se fue, simplemente eso.
En poco más de tres años, el Cholo se convirtió en ídolo de un cuadro con referentes fuertes en su historia. Es verdad que estos tiempos contienen amores efímeros.
De aquellos nombres como la "Wanora" Romero, del "Daniel" Willington, de la "Rana" Valencia, del "Hacha Ludueña, entre otros, fueron pasando, luego, jugadores queridos que por una u otra causa, están el corazón del hincha de Talleres. Oste, Zelaya, Garay, Maidana y hasta Klusener. En Pablo Guiñazú parecieron unirse el hoy y el "para siempre".
Seguro algo le dolió un poco más, algo lo cansó distinto, algún ruido le hizo el reloj de su campaña espectacular. Pero no mucho. Uno está seguro, aunque parezca increíble, de que de haberlo deseado, Guiñazú podía jugar un poco más. En Talleres o en otro club de menores exigencias.
El Cholo decidió a los 40, lo que muchos, apenas pasados los 30.
Si de alguno de nosotros se tratara, diríamos: "Bueno, juego más tranquilo, no corro tanto, no me enojo tanto, ya estoy grande". Eso en las canchas barriales y amateurs.
El Cholo jugaría hasta los 50, pero sólo como lo hizo hasta ayer.
Osvaldo Alfredo Wehbe

