En 1988, Holanda ganó la Copa de Europa. Mi hija tenía dos años y a los partidos se los podía ver por la señal de ATC, que, parece una antigüedad, era la TV Pública.
Y una tarde, cuando le preguntamos de qué cuadro era, contestó muy firme: “De Holanda”. Había muchos goles de Holanda. Y las figuras de Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten eran disfrutadas por el mundo. La volea de Van Basten en la final del 25 de junio para poner el definitivo dos a cero ante la Unión Soviética fue impresionante.
Marco Van Basten, de él se trata. Nació en Utrecht, donde creció y comenzó su carrera futbolística a los siete años. Utrecht es conocida por la torre de la catedral y los canales en el centro de la ciudad. Es considerado el segundo destino turístico más demandado de Holanda, después de Ámsterdam. Allí nació una “torre” futbolística, el 31 de octubre de 1964. Un delantero excepcional que empezó a jugar en su ciudad a los siete años y arribó al Ajax a los diecisiete. Su debut en el primer equipo fue el 3 de abril de 1982 ante el NEC. En ese partido marcó su primer gol, el único de una temporada en la que además ganó el título de liga con una diferencia de 5 puntos.
Marco Van Basten, “el cisne de Utrecht”, tenía pinta de un flaco de esos que están al costado del campito, con medias de hilo, reloj en la muñeca y pantalones largos, y los invitan a jugar. El tipo entra y hace tres goles. Y después, como en los cuentos de Alejandro Dolina o Eduardo Sacheri, no hay quién sepa su nombre o domicilio.
Con su primer club profesional, el Ajax, obtuvo 3 ligas holandesas, 3 copas y la Recopa de Europa, como títulos más significativos. Luego, con el Milan, se proclamó 2 veces campeón de la Copa de Europa, 2 veces campeón de la Supercopa de Europa, 2 de la Copa Intercontinental, varias veces campeón de liga y consiguió múltiples títulos individuales, entre ellos el Balón de Oro en tres ocasiones, siendo el futbolista que más veces lo ha obtenido en la historia, junto a Johan Cruyff y Michel Platini. En 1999 fue proclamado el segundo mejor futbolista holandés de todos los tiempos, detrás de Johan Cruyff. El tándem con Gullit y Rijkaard en el Milan marcó época, más con el Inter de los alemanes enfrente (Matthäus, Brehme y Klinsmann).
Con la selección de fútbol de Holanda disputó 58 partidos, en los cuales anotó 24 goles y ganó la Eurocopa 1988 ante la Unión Soviética (la de mi hija por ATC). En 2004 fue nombrado entrenador de la selección de su país, cargo en el que se mantuvo hasta junio de 2008, tras disputar la Copa Mundial de Fútbol de 2006 y la Eurocopa 2008.
Jugó, entre el Ajax y el Milan, 373 partidos y marcó 277 goles.
Las dos copas intercontinentales ganadas por el Milan en Tokio fueron ante Nacional de Colombia, de Maturana, uno a cero, en el 89, y frente a Olimpia de Paraguay, de Luis Cubilla, tres a cero, en el 90, ambas con Arrigo Sacchi de técnico. En su infancia sufrió la separación de sus padres, además de una larga enfermedad que padeció su madre. Es hermano de Joop Van Basten, también jugador. Se casó el 21 de junio de 1993 en un castillo, en las afueras de Utrecht. Fue padre de tres hijos. Actualmente vive en Badhoevedorp, a 15 minutos de Amsterdam, y eventualmente se traslada a Mónaco, donde también posee una casa.
En 1995 anunció en una rueda de prensa que se retiraba del fútbol. Después de cuatro operaciones quirúrgicas y dos años sin jugar un partido, dijo que no volvería a jugar porque el dolor era insoportable y era imposible entrenar. Más de 60.000 espectadores llenaron el estadio de San Siro para ver su despedida, el 18 de agosto de 1995.
El doctor suizo que lo trató, Rene Marti, dijo a una revista holandesa: "Marco siempre ha jugado al fútbol como una bailarina, como un Nureyev, con un cuerpo colosal pero con un tobillo que no puede con la presión".
Además de la selección de Holanda, dirigió al Ajax, al Heerenveen y al AZ Alkmaar.
Quedó en cancha, como recuerdo amargo, el de la final de la Champions de 1993, cuando el Milan cayó ante el Olympique de Marsella, en Munich, uno a cero, con gol de Basile Boli.
Dicen que Van Basten apresuró su regreso, lo que le costó el comienzo del final de su carrera. Aseguran que el técnico Fabio Capello no se atrevió a no ponerlo.
Lo cambió faltando cuatro minutos para que entrara Stefano Eranio. Nada pudo hacer el equipo italiano ante el poderío de los franceses dirigidos por el belga Goethals.
La cuestión es que el flaco, que en mi imaginación espera con pantalones largos y reloj su posibilidad de entrar un rato al partido de la canchita del barrio, fue un extraordinario goleador. Y está cumpliendo años. Seguro apaga las velitas con una volea como aquella del 88 que vimos por ATC.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Marco Van Basten, de él se trata. Nació en Utrecht, donde creció y comenzó su carrera futbolística a los siete años. Utrecht es conocida por la torre de la catedral y los canales en el centro de la ciudad. Es considerado el segundo destino turístico más demandado de Holanda, después de Ámsterdam. Allí nació una “torre” futbolística, el 31 de octubre de 1964. Un delantero excepcional que empezó a jugar en su ciudad a los siete años y arribó al Ajax a los diecisiete. Su debut en el primer equipo fue el 3 de abril de 1982 ante el NEC. En ese partido marcó su primer gol, el único de una temporada en la que además ganó el título de liga con una diferencia de 5 puntos.
Marco Van Basten, “el cisne de Utrecht”, tenía pinta de un flaco de esos que están al costado del campito, con medias de hilo, reloj en la muñeca y pantalones largos, y los invitan a jugar. El tipo entra y hace tres goles. Y después, como en los cuentos de Alejandro Dolina o Eduardo Sacheri, no hay quién sepa su nombre o domicilio.
Con su primer club profesional, el Ajax, obtuvo 3 ligas holandesas, 3 copas y la Recopa de Europa, como títulos más significativos. Luego, con el Milan, se proclamó 2 veces campeón de la Copa de Europa, 2 veces campeón de la Supercopa de Europa, 2 de la Copa Intercontinental, varias veces campeón de liga y consiguió múltiples títulos individuales, entre ellos el Balón de Oro en tres ocasiones, siendo el futbolista que más veces lo ha obtenido en la historia, junto a Johan Cruyff y Michel Platini. En 1999 fue proclamado el segundo mejor futbolista holandés de todos los tiempos, detrás de Johan Cruyff. El tándem con Gullit y Rijkaard en el Milan marcó época, más con el Inter de los alemanes enfrente (Matthäus, Brehme y Klinsmann).
Con la selección de fútbol de Holanda disputó 58 partidos, en los cuales anotó 24 goles y ganó la Eurocopa 1988 ante la Unión Soviética (la de mi hija por ATC). En 2004 fue nombrado entrenador de la selección de su país, cargo en el que se mantuvo hasta junio de 2008, tras disputar la Copa Mundial de Fútbol de 2006 y la Eurocopa 2008.
Jugó, entre el Ajax y el Milan, 373 partidos y marcó 277 goles.
Las dos copas intercontinentales ganadas por el Milan en Tokio fueron ante Nacional de Colombia, de Maturana, uno a cero, en el 89, y frente a Olimpia de Paraguay, de Luis Cubilla, tres a cero, en el 90, ambas con Arrigo Sacchi de técnico. En su infancia sufrió la separación de sus padres, además de una larga enfermedad que padeció su madre. Es hermano de Joop Van Basten, también jugador. Se casó el 21 de junio de 1993 en un castillo, en las afueras de Utrecht. Fue padre de tres hijos. Actualmente vive en Badhoevedorp, a 15 minutos de Amsterdam, y eventualmente se traslada a Mónaco, donde también posee una casa.
En 1995 anunció en una rueda de prensa que se retiraba del fútbol. Después de cuatro operaciones quirúrgicas y dos años sin jugar un partido, dijo que no volvería a jugar porque el dolor era insoportable y era imposible entrenar. Más de 60.000 espectadores llenaron el estadio de San Siro para ver su despedida, el 18 de agosto de 1995.
El doctor suizo que lo trató, Rene Marti, dijo a una revista holandesa: "Marco siempre ha jugado al fútbol como una bailarina, como un Nureyev, con un cuerpo colosal pero con un tobillo que no puede con la presión".
Además de la selección de Holanda, dirigió al Ajax, al Heerenveen y al AZ Alkmaar.
Quedó en cancha, como recuerdo amargo, el de la final de la Champions de 1993, cuando el Milan cayó ante el Olympique de Marsella, en Munich, uno a cero, con gol de Basile Boli.
Dicen que Van Basten apresuró su regreso, lo que le costó el comienzo del final de su carrera. Aseguran que el técnico Fabio Capello no se atrevió a no ponerlo.
Lo cambió faltando cuatro minutos para que entrara Stefano Eranio. Nada pudo hacer el equipo italiano ante el poderío de los franceses dirigidos por el belga Goethals.
La cuestión es que el flaco, que en mi imaginación espera con pantalones largos y reloj su posibilidad de entrar un rato al partido de la canchita del barrio, fue un extraordinario goleador. Y está cumpliendo años. Seguro apaga las velitas con una volea como aquella del 88 que vimos por ATC.
Osvaldo Alfredo Wehbe

