El doctor Lanari, su exitoso pasado como arquero y su presente como médico
Historia plagada de éxito la del doctor Alejandro Lanari.
Apellido sinónimo del arco de las décadas del 80 y 90 en el fútbol argentino. Desde el ascenso con Sportivo Italiano a Primera dirigido por Ramón Cabrero postergando a Huracán, pasando por el último título de Central en 1987, hasta la Copa América 1991, en la que fue parte del plantel y jugó un partido (el triunfo 3 a 2 frente a Perú), y el ascenso recordado con Argentinos en 1997 de la mano de Chiche Sosa en Salta frente a Gimnasia y Tiro.
Esa es una faceta, la otra su rol de médico en la actualidad y por eso el comienzo de la charla es coronavirus mediante y cómo lo vive como profesional de la salud
“Lo vivo con la preocupación propia de los trabajadores de salud porque estamos en una situación en la cual tratamos de pelear contra un virus que desconocemos, que no sabemos bien cómo va a proceder, ni tenemos la información suficiente, si es por vía aérea o contacto el contagio. Estamos trabajando sobre una enfermedad que recién acaba de aparecer y genera incertidumbre en cuanto a lo que va a venir, con la energía y las pilas puestas para poder estar al pie del cañón si nos necesitan.
-Imagino que en su especialidad de medicina del deporte y nutrición está con los consultorios parados y sin recibir pacientes.
-Sí claro, mi especialidad está absolutamente parada. Yo trabajo mucho en el área de nutrición y lo que estamos haciendo con mis pacientes, que la mayoría es diabética e hipertensa, y como son de alto riesgo, los tenemos haciendo ejercicios desde su casa y cuidándose desde su hogar, eso es todo lo que podemos hacer.
-¿Cómo es su historia con la medicina? ¿Se recibió siendo futbolista de Sportivo Italiano?
-Me recibí estando en Rosario Central. Realicé gran parte de la carrera de médico jugando en Italiano, era en Buenos Aires y entrenaba y me iba a la facultad, en ese momento no tuve demasiados problemas. Después cuando me fui a Rosario me quedaba una parte de la carrera que eran como 12 materias y tuve que darlas libres. En esa etapa si uno quería cambiarse de facultad faltando el 25 por ciento de la carrera no podías hacerlo. Por eso las tuve que rendir libre estudiando en Rosario y rindiendo en Buenos Aires. Después a la especialidad la hice en México mientras era jugador de Pumas de la UNAM, eso lo hice más tranquilo.
-Fueron años muy prolíficos para usted no sólo con los estudios, sino también en el deporte, asciende en el 86 con Sportivo Italiano y al año siguiente es campeón con Central.
-Hoy visto a la distancia, uno dice que fue muy vertiginoso. Además nació mi hija faltando diez días para que Italiano salga campeón. Me acuerdo que estaba concentrado con el club. Termina el campeonato, somos campeones y me compra Rosario Central y me mudo para allá con mi esposa y una beba recién nacida. En el medio de mi permanencia en Rosario nace mi segundo hijo. Cuando él tenía un año me compran de México y ahí llega el tercero. Estuve casi cuatro años en Pumas y a los dos meses del nacimiento nos rescinden el contrato a todos los argentinos que estábamos allá y otra vez mudanza para Buenos Aires. Viéndolo así uno dice qué locura, pero cuando estás subido en el barco no te das cuenta.
-En Sp. Italiano lo dirigía Ramón Cabrero, ¿cómo era él como entrenador?
-Tuve la suerte en mi carrera de tener grandes técnicos. Uno de los más importantes fue Ramón, no sólo en lo que fue el fútbol, porque yo disfrutaba del fútbol que pregonaba, sino también porque contempló mi estado de estudiante, él llegó a cambiar alguna práctica porque yo tenía un examen. Tengo un gran recuerdo de él.
-Más allá de lo futbolístico, ¿hay algún paralelismo entre Don Ángel Tulio Zoff y Cabrero?
-Tenían una visión de fútbol muy parecida. Con los dos yo presencié el parar una práctica porque se estaba jugando mal, no porque se ganaba o perdía, sino diciendo si nosotros jugamos así la gente no viene más a vernos. Pedía que seamos distintos de lo que se veía habitualmente, decían que hay que jugar al fútbol. Tenían un gran respeto por el fútbol bien jugado, por eso digo que me gustaba la esencia que tenían. Después tuve otros entrenadores que lo único que les importaba era ganar, de cualquier manera, era poner la pelota en el área y hacer un gol como sea. Ese es otro estilo de fútbol.
-Parece mentira pero a casi 33 años, es usted el último arquero de Central campeón del fútbol argentino, ¿qué recuerda de ese equipo?
-Era un equipo que tuvo la virtud de Don Ángel de formarlo y de tener el ojo para decir quién tenía que estar. Además recién constituido después del ascenso, muchos se fueron, hubo un recambio, Don Angel lo arma y somos campeones. Hubo mucho de virtud de él y del destino.
-Estuvo en la selección en la Copa América 1991, fue campeón, ¿veía en Simeone un técnico en potencia a pesar de su juventud?
-Se veía un jugador de gran personalidad, era bastante joven y con mucho carácter. Resultó ser un jugador que estuvo tantos años en Europa y forjó una mentalidad como técnico realmente importante. Creo que no se podría suponer cuando lo conocí que iba a ser lo que es hoy, pero sí se notaba que era una personalidad importante.
-Ya en el final de su carrera hay un ascenso con Argentinos en 1997 y un breve paso por Boca.
-Por eso me siento un agradecido de la vida, no sólo por la familia que me ha dado, sino que en el fútbol tuve la suerte de haber formado grandes equipos y estar con gente de mucho valor futbolístico. Me tocó cerrar mi carrera de casi 20 años con ese ascenso de Argentinos y seis meses en los que estuve en Boca, que si bien no jugué (llegó de suplente por una lesión de Abbondanzieri) fue un poco la frutilla del postre. Terminar en Boca y conocer ese mundo.
-Por último, está en ese selecto grupo de los que le han atajado un penal a Maradona (fue el 19 de agosto de 1987 en un amistoso en Nápoles entre Nápoli y Central)
-Es uno de los grandes gustos que me pude dar en la vida. Haber jugado contra Diego, en San Paolo. Íbamos ganando uno a cero (gol de Blabis) y cuando faltaban dos minutos, le atajé un penal, era el sueño del pibe.
Javier Albarracín. Redacción Puntal