El ninguneo como fórmula
Mal juego en la Primera División y una reestructuración en el horizonte
Ningunear. Verbo que ronda en la Argentina desde mucho tiempo atrás. Se ningunea a la gente. Se menosprecia al ciudadano. Y el fútbol, como siempre, es un buen reflejo de ello.
Del juego no hay mucho para decir, en el marco de una “Superliga” de flojos espectáculos, entre los que están incluidos los partidos del holgado puntero Boca, que practica un fútbol mínimo, lo que le alcanza para mantener la diferencia sobre el resto, que en la plantilla tienen bastante menos que el conjunto de los mellizos.
Las razones para que Boca no juegue bien pueden ser varias. La más preocupante (si el fútbol debiera preocuparse) es que uno, desde el arranque del torneo en el semestre pasado, no sabe muy bien a qué juega Boca.
Sí, hay que decir que no es lo mismo jugar sin Gago, Pablo Pérez y Benedetto que con ellos en cancha. A pesar de que todos los demás muchachos del Xeneize serían muy titulares en todos los demás equipos, salvo alguno. Y la otra, finalmente, es que dentro de la cancha, Boca se da cuenta de que con ese mínimo imponible le sobra o al menos llega a los tres puntos, sin demasiado sacrificio.
Del juego se puede hablar bien de la mitad para arriba de Racing, del intento muy interesante de Independiente (que mañana va por la Recopa a Porto Alegre). Y después fluctuaciones. De Talleres, de Estudiantes, de Central. San Lorenzo es un caso aparte. Parecido a Boca, pero con menos resto. Esto es, ha jugado casi todo el torneo de una manera poco satisfactoria, y así y todo, gana más de lo que debiera. Mejor en la tabla que en la cancha, dirían los viejos cronistas.
Del público, los sonidos en algunas canchas insultando al Presidente de la Nación serían analizables, si de una protesta social se tratara, de una rebeldía política o de una barricada al capitalismo. Pero no. A Macri se lo insulta porque es de Boca. Presidente del club muchos años (factor que lo catapultó a la Casa Rosada), amigo de Tapia y Angelici (gente de Boca también), con reuniones permanentes para pensar en un fútbol de sociedades anónimas entre otras cosas (tienen como bandera a Tevez que no sabe de qué se trata); el mandatario la deja picando para que los hinchas de “los otros” vean fantasmas por todos lados y en cada arbitraje erróneo (el de Baliño, en River-Godoy Cruz, por ejemplo) levanten improperios hacia la cúpula política, algo que tal vez no harían para pedir por salud o educación. De la dirigencia, el ninguneo. Ahora sí, el ninguneo sin máscaras. La desconsideración para realizar la reestructuración del fútbol sin consultas y en detrimento de muchos clubes de tierra adentro, que están participando en el Federal C o por jugar el B. La “necesidad” del Puerto de armar la B nacional en zonas del interior y metropolitana, para que unos vayan caminando hasta la cancha, ya cambiados, y otros viajen miles de kilómetros y con mucha menos ayuda.
Estoy totalmente de acuerdo en eso de “engrandecer” nuevamente las Ligas (la nuestra es de las mejores del país). De hacer que lo que se juega en los federales de menos categoría, se lleve al seno de cada lugar, para desde allí, arribar al Federal A y demás.
Pero es indispensable indemnizar a los que ya están haciendo el esfuerzo y jugando, o por jugar. Darles alguna prioridad en lo que viene. No de un plumazo, mandarlos hacia las Ligas, con lo que les costó llegar a esos escalones de arriba, aunque no tengan tanto glamour.
Pero es el ninguneo. Así es la manera en la cual desde siempre, el fútbol y el país todo, se han movido a nivel geopolítico. Aquellos primeros Nacionales, que parecían ser una limosna, que recibimos muy entusiasmados, por poder jugar contra “ellos” por los puntos, fue eso.
Una limosna, como cada cosa que nos fueron dando.
Curiosamente, en este bosquejo de reestructuración, quedará muy bien parado Estudiantes de Río Cuarto, que se lo gana en la cancha y en la institución, y si consigue un par de victorias más, no sólo tendrá un lugar en el Pentagonal final sino que estará parado en el grupo que llenará el cupo de equipos “chacareros” para la B Nacional.
Entre ninguneos y flojos partidos, entre público poco rebelde de verdad y esfuerzos por ser, el fútbol y la sociedad siguen yendo de la mano.
Por un camino bastante reprochable, por cierto.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Del juego no hay mucho para decir, en el marco de una “Superliga” de flojos espectáculos, entre los que están incluidos los partidos del holgado puntero Boca, que practica un fútbol mínimo, lo que le alcanza para mantener la diferencia sobre el resto, que en la plantilla tienen bastante menos que el conjunto de los mellizos.
Las razones para que Boca no juegue bien pueden ser varias. La más preocupante (si el fútbol debiera preocuparse) es que uno, desde el arranque del torneo en el semestre pasado, no sabe muy bien a qué juega Boca.
Sí, hay que decir que no es lo mismo jugar sin Gago, Pablo Pérez y Benedetto que con ellos en cancha. A pesar de que todos los demás muchachos del Xeneize serían muy titulares en todos los demás equipos, salvo alguno. Y la otra, finalmente, es que dentro de la cancha, Boca se da cuenta de que con ese mínimo imponible le sobra o al menos llega a los tres puntos, sin demasiado sacrificio.
Del juego se puede hablar bien de la mitad para arriba de Racing, del intento muy interesante de Independiente (que mañana va por la Recopa a Porto Alegre). Y después fluctuaciones. De Talleres, de Estudiantes, de Central. San Lorenzo es un caso aparte. Parecido a Boca, pero con menos resto. Esto es, ha jugado casi todo el torneo de una manera poco satisfactoria, y así y todo, gana más de lo que debiera. Mejor en la tabla que en la cancha, dirían los viejos cronistas.
Del público, los sonidos en algunas canchas insultando al Presidente de la Nación serían analizables, si de una protesta social se tratara, de una rebeldía política o de una barricada al capitalismo. Pero no. A Macri se lo insulta porque es de Boca. Presidente del club muchos años (factor que lo catapultó a la Casa Rosada), amigo de Tapia y Angelici (gente de Boca también), con reuniones permanentes para pensar en un fútbol de sociedades anónimas entre otras cosas (tienen como bandera a Tevez que no sabe de qué se trata); el mandatario la deja picando para que los hinchas de “los otros” vean fantasmas por todos lados y en cada arbitraje erróneo (el de Baliño, en River-Godoy Cruz, por ejemplo) levanten improperios hacia la cúpula política, algo que tal vez no harían para pedir por salud o educación. De la dirigencia, el ninguneo. Ahora sí, el ninguneo sin máscaras. La desconsideración para realizar la reestructuración del fútbol sin consultas y en detrimento de muchos clubes de tierra adentro, que están participando en el Federal C o por jugar el B. La “necesidad” del Puerto de armar la B nacional en zonas del interior y metropolitana, para que unos vayan caminando hasta la cancha, ya cambiados, y otros viajen miles de kilómetros y con mucha menos ayuda.
Estoy totalmente de acuerdo en eso de “engrandecer” nuevamente las Ligas (la nuestra es de las mejores del país). De hacer que lo que se juega en los federales de menos categoría, se lleve al seno de cada lugar, para desde allí, arribar al Federal A y demás.
Pero es indispensable indemnizar a los que ya están haciendo el esfuerzo y jugando, o por jugar. Darles alguna prioridad en lo que viene. No de un plumazo, mandarlos hacia las Ligas, con lo que les costó llegar a esos escalones de arriba, aunque no tengan tanto glamour.
Pero es el ninguneo. Así es la manera en la cual desde siempre, el fútbol y el país todo, se han movido a nivel geopolítico. Aquellos primeros Nacionales, que parecían ser una limosna, que recibimos muy entusiasmados, por poder jugar contra “ellos” por los puntos, fue eso.
Una limosna, como cada cosa que nos fueron dando.
Curiosamente, en este bosquejo de reestructuración, quedará muy bien parado Estudiantes de Río Cuarto, que se lo gana en la cancha y en la institución, y si consigue un par de victorias más, no sólo tendrá un lugar en el Pentagonal final sino que estará parado en el grupo que llenará el cupo de equipos “chacareros” para la B Nacional.
Entre ninguneos y flojos partidos, entre público poco rebelde de verdad y esfuerzos por ser, el fútbol y la sociedad siguen yendo de la mano.
Por un camino bastante reprochable, por cierto.
Osvaldo Alfredo Wehbe