“No se improvisa sobre la nada”, le dijo Alejandro Dolina a Jorge Guinzburg en un reportaje hablando sobre la capacidad del Negro para hablar frente al micrófono. “El músico no improvisa sobre el aire, lo hace sobre lo que sabe, lo que estudió y lo que aprendió. En definitiva, su formación”, explica el locutor.
En el fútbol pasa más o menos lo mismo. El jugador no improvisa por obra divina, sino porque posee el talento y ha desarrollado aptitudes para hacerlo.
Cuando se dice que en la selección argentina todo es improvisado, se es optimista, porque se cree que hay alguna base sobre la cual llevar a cabo esa acción.
La selección tiene un técnico interino al que se le pidió que improvisara hasta conseguir alguien de más renombre que agarrara “la papá caliente”. Scaloni, sin experiencia como DT, hace lo que puede esbozando una partitura que ni él tiene clara.
Los jugadores intentan llevar adelante el recital y en muchos momentos tienen que improvisar. Es allí cuando aparecen los problemas y se ven los errores cometidos en el esquema de formación de jugadores. El abandono de las selecciones juveniles que se produjo después de la salida de José Pekerman se hace notar.
Como no hay laterales derechos confiables, Casco debe improvisar en ese puesto. Como no hay volantes de recuperación, Pereyra tiene que hacer relevos para los cuales no está preparado. De todo eso se aprovechó Paraguay para convertir su gol.
Pero la falta de formación va más allá de este hecho puntual. Aparece cada vez que alguno de los jugadores no se anima a encarar o tomar decisiones con el balón (el único que lo hace es Messi).
La actitud no tiene nada que ver con las ganas o el factor “H”. La actitud es esa capacidad de responder en los momentos claves, de saber qué hacer, de no verse sobrepasado por la presión. Para desarrollar todas esas cuestiones, el jugador debe tener los conocimientos necesarios para leer el juego.
No sólo es una cuestión de experiencia, sino de confianza en uno mismo, de confianza en lo que se sabe y de confianza en la estructura que lo sostiene.
Esos jugadores con actitud, formados y con capacidad de decisión son los que maquillaron en los últimos tiempos el descalabro que era la AFA. En todo caso, tenían con que improvisar ante el cambalache generalizado. Cuando se fueron agotando, ya no hubo con que tapar esa falta de organización.
Argentina hoy no tiene estructura. La AFA ya no es capaz de formar jugadores completos y encima, los tira a la cancha con un DT inexperto, sin demasiados pergaminos y sin apoyo institucional.
Sería un golpe muy duro quedar afuera en la primera rueda de una Copa América, por no ganarle a Qatar. Pero si así sucede no será una sorpresa para nadie, es el precio que hay que pagar, no sólo por improvisar, sino por creer que había una base sobre la cual improvisar.
Agustín Hurtado
Cuando se dice que en la selección argentina todo es improvisado, se es optimista, porque se cree que hay alguna base sobre la cual llevar a cabo esa acción.
La selección tiene un técnico interino al que se le pidió que improvisara hasta conseguir alguien de más renombre que agarrara “la papá caliente”. Scaloni, sin experiencia como DT, hace lo que puede esbozando una partitura que ni él tiene clara.
Los jugadores intentan llevar adelante el recital y en muchos momentos tienen que improvisar. Es allí cuando aparecen los problemas y se ven los errores cometidos en el esquema de formación de jugadores. El abandono de las selecciones juveniles que se produjo después de la salida de José Pekerman se hace notar.
Como no hay laterales derechos confiables, Casco debe improvisar en ese puesto. Como no hay volantes de recuperación, Pereyra tiene que hacer relevos para los cuales no está preparado. De todo eso se aprovechó Paraguay para convertir su gol.
Pero la falta de formación va más allá de este hecho puntual. Aparece cada vez que alguno de los jugadores no se anima a encarar o tomar decisiones con el balón (el único que lo hace es Messi).
La actitud no tiene nada que ver con las ganas o el factor “H”. La actitud es esa capacidad de responder en los momentos claves, de saber qué hacer, de no verse sobrepasado por la presión. Para desarrollar todas esas cuestiones, el jugador debe tener los conocimientos necesarios para leer el juego.
No sólo es una cuestión de experiencia, sino de confianza en uno mismo, de confianza en lo que se sabe y de confianza en la estructura que lo sostiene.
Esos jugadores con actitud, formados y con capacidad de decisión son los que maquillaron en los últimos tiempos el descalabro que era la AFA. En todo caso, tenían con que improvisar ante el cambalache generalizado. Cuando se fueron agotando, ya no hubo con que tapar esa falta de organización.
Argentina hoy no tiene estructura. La AFA ya no es capaz de formar jugadores completos y encima, los tira a la cancha con un DT inexperto, sin demasiados pergaminos y sin apoyo institucional.
Sería un golpe muy duro quedar afuera en la primera rueda de una Copa América, por no ganarle a Qatar. Pero si así sucede no será una sorpresa para nadie, es el precio que hay que pagar, no sólo por improvisar, sino por creer que había una base sobre la cual improvisar.
Agustín Hurtado

