“En Argentina, a los colombianos se les da siempre buen trato; yo los felicito”
Emblema, estandarte de su selección en los noventa, en diálogo exclusivo para Puntal desde Cali, el histórico Adolfo “Tren” Valencia se refiere al presente de sus compatriotas en nuestro país en vísperas de la Copa América
Pocos nombres quedarán tan identificados con una generación de jugadores que marcó el rumbo futbolístico de una nación como Adolfo “Tren” Valencia en Colombia. Pensar en él es trasladarse automáticamente al 5 de septimbre de 1993 con el famoso 0-5 de los cafeteros a la selección de Basile.
Delantero potente, goleador, rápido, condiciones todas que lo llevaron de manera inmediata al fútbol europeo para jugar en primer término con el Bayern Munich y luego en Atlético Madrid. En diálogo exclusivo con Puntal y en medio de la crisis por el coronavirus así se refiere en torno a la Copa América coorganizada por Argentina y Colombia.
-Siempre y cuando el coronavirus nos deje, se viene una Copa América organizada entre Argentina y Colombia, ¿qué expectativas tiene?
-Muy contentos, Colombia tiene un excelente grupo, una excelente selección. Si uno se pone a ver a cada jugador, en cada puesto. No sólo Queiroz (portugués, entrenador del seleccionado) tiene el once titular sino buenos reemplazos disponibles. Son 23 jugadores muy útiles. Esperemos que el Profe pueda poner lo mejor que tenga. De los primeros dos partidos estamos obligados como mínimo a sacar cuatro puntos.
-Históricamente, en Argentina a los colombianos les ha idos muy bien; de hecho Boca y River son un ejemplo de ello, ¿cómo ve ese presente?
-Lo bueno siempre es el trato que se les da a los muchachos allá; yo los felicito porque la mayoría siempre ha sido figura. Parte de ese éxito es que tienen entrenadores que les dan mucha confianza, como Villa en Boca ahora con Russo. El fútbol es eso y depende del rendimiento del cuerpo técnico que uno tenga, a él lo han dejado jugar. Muchas veces los que no rindieron tienen que ver con formas de entender el juego diferente, así siempre estará cohibido y no puede cumplir lo que el técnico le pide. Russo conoce muy bien el fútbol colombiano, dirigió a Millonarios, sabe las condiciones que tiene el jugador de acá y a partir de ahí, con la confianza que le han dado, le ha respondido al cien por ciento.
-¿Cuál piensa, Adolfo, que ha sido el legado del profesor Pekerman?
-El fue una persona que mostró seriedad en un buen plantel, eso era lo que faltaba. Él le dijo a la federación ‘ustedes quédense en su lado y yo en el mío’. Acá siempre se manejó ese respeto y eso es fundamental para que todo salga bien cuando hay un proyecto. La junta directiva creyó en él y así fue que puso todo en sus jugadores, llamó a los líderes, como Falcao, Ospina, y les planteó el compromiso que había, que tenían un país detrás de ellos. La ventaja hoy en día es que hay muchos jugadores en el exterior; con nosotros eso no pasaba y sirve mucho; en Europa se aprende y madura y vienen con otra mentalidad, eso para un grupo es muy bueno.
-¿Cómo fue haber saltado de Independiente Santa Fe al Bayern Munich?
-Ese fue mi trampolín. Cuando fui a Alemania le puse el valor y el empeño de llegar allá y querer aprender, para que cuando estuviese en mi país la gente viera qué era lo que había obtenido en el Bayern. Allí di gracias a Dios que el primer entrenador que tuve fue Enrich Ribbeck, que me dio mucha confianza, me dejaba jugar mi fútbol y creía mucho en mí. Después llegó Beckenbauer y las cosas fueron mejores; él me dijo “tú juegas como lo haces en tu Santa Fe, encara y haz la tuya”. Cuando tuve entrenadores que me dieron confianza, siempre fui grande, pero cuando das con esos técnicos que te cohíben, por esos tipos de tácticas y sistemas que plantean, que son horribles y sin esa libertad del jugador para que demuestre. A Boca, por ejemplo con Alfaro, lo veíamos que jugaba como atado, triste, aburrido, y con Russo se ve alegría, eso pasa mucho por la tarea del entrenador, de la confianza que les brinda a sus jugadores, yo pienso mucho eso.
-Menciona a Franz Beckenbauer; ¿cómo era el trato con una figura de su tamaño?
-A nosotros nos ponía a jugar como él jugaba al fútbol. Era un central que salía jugando desde su defensa hasta la mitad, era atrevido y nadie le decía nada. A mí me pasaba lo mismo; en el área me movía por todo el frente de ataque, incluso cuando tenía que volantear lo hacía. Tenía dominio de balón, velocidad, y al mismo tiempo mucha potencia; entonces cuando un técnico ve todo eso tiene que saber cómo aprovecharlo para que sea en beneficio del equipo. Con todos los que me dejaron jugar fui grande, hice goles y me fue muy bien.
-Si de algo los argentinos futboleros no nos vamos a olvidar es del famoso 0-5 en cancha de River, donde usted convirtió el último. ¿A la distancia, qué recuerda?
-Esa era una generación en la que la mayoría de nosotros tenía muy buenas condiciones. Cada quien sabía qué iba a hacer, que teníamos que recuperar para dársela al Pibe Valderrama, a Freddy Rincón, a Faustino Asprilla, a Víctor Hugo Aristizábal o Leonel Álvarez. Teníamos muchos jugadores con grandes condiciones futbolísticas, era un grupo muy competitivo, con un entrenador (Francisco Maturana) que nos dejaba jugar, y no me refiero a que seamos desordenados o que hagamos lo que se nos de la gana sino con la responsabilidad que eso merece.
-Llegó el Mundial con gran expectativa y allí todo se derrumbó (sin clasificar) y con el asesinato de Andrés Escobar incluido.
-De Andrés Escobar tenemos recuerdos muy bonitos, incluso ahora estamos pensando en hacerle un homenaje a él en todas las ciudades de Colombia para que la gente lo recuerde. Era un líder para nosotros, ya hay una empresa que quiere hacer los partidos para homenajearlo, en Bogotá, Barranquilla, Medellín, Cali, entre otras. Es lo que él se merece, una persona noble, muy sencilla y un trato que teníamos con él en la selección muy tranquilo, era muy querido. Esté donde esté, la gente no se va a olvidar.
-Lo último, ¿de esa generación quién fue el mejor?
-El jugador referente siempre fue el Pibe Valderrama; él mostró donde íbamos, al público era la figura que le fascinaba, eso lo tenemos que reconocer. Pero él también sabía que a su alrededor había muchos con buenas condiciones. Siempre que jugué al lado de él me sentí contento, él juega al futbol para que el equipo gane, eso es lo que necesitan los técnicos y los jugadores.
Javier Albarracín
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Delantero potente, goleador, rápido, condiciones todas que lo llevaron de manera inmediata al fútbol europeo para jugar en primer término con el Bayern Munich y luego en Atlético Madrid. En diálogo exclusivo con Puntal y en medio de la crisis por el coronavirus así se refiere en torno a la Copa América coorganizada por Argentina y Colombia.
-Siempre y cuando el coronavirus nos deje, se viene una Copa América organizada entre Argentina y Colombia, ¿qué expectativas tiene?
-Muy contentos, Colombia tiene un excelente grupo, una excelente selección. Si uno se pone a ver a cada jugador, en cada puesto. No sólo Queiroz (portugués, entrenador del seleccionado) tiene el once titular sino buenos reemplazos disponibles. Son 23 jugadores muy útiles. Esperemos que el Profe pueda poner lo mejor que tenga. De los primeros dos partidos estamos obligados como mínimo a sacar cuatro puntos.
-Históricamente, en Argentina a los colombianos les ha idos muy bien; de hecho Boca y River son un ejemplo de ello, ¿cómo ve ese presente?
-Lo bueno siempre es el trato que se les da a los muchachos allá; yo los felicito porque la mayoría siempre ha sido figura. Parte de ese éxito es que tienen entrenadores que les dan mucha confianza, como Villa en Boca ahora con Russo. El fútbol es eso y depende del rendimiento del cuerpo técnico que uno tenga, a él lo han dejado jugar. Muchas veces los que no rindieron tienen que ver con formas de entender el juego diferente, así siempre estará cohibido y no puede cumplir lo que el técnico le pide. Russo conoce muy bien el fútbol colombiano, dirigió a Millonarios, sabe las condiciones que tiene el jugador de acá y a partir de ahí, con la confianza que le han dado, le ha respondido al cien por ciento.
-¿Cuál piensa, Adolfo, que ha sido el legado del profesor Pekerman?
-El fue una persona que mostró seriedad en un buen plantel, eso era lo que faltaba. Él le dijo a la federación ‘ustedes quédense en su lado y yo en el mío’. Acá siempre se manejó ese respeto y eso es fundamental para que todo salga bien cuando hay un proyecto. La junta directiva creyó en él y así fue que puso todo en sus jugadores, llamó a los líderes, como Falcao, Ospina, y les planteó el compromiso que había, que tenían un país detrás de ellos. La ventaja hoy en día es que hay muchos jugadores en el exterior; con nosotros eso no pasaba y sirve mucho; en Europa se aprende y madura y vienen con otra mentalidad, eso para un grupo es muy bueno.
-¿Cómo fue haber saltado de Independiente Santa Fe al Bayern Munich?
-Ese fue mi trampolín. Cuando fui a Alemania le puse el valor y el empeño de llegar allá y querer aprender, para que cuando estuviese en mi país la gente viera qué era lo que había obtenido en el Bayern. Allí di gracias a Dios que el primer entrenador que tuve fue Enrich Ribbeck, que me dio mucha confianza, me dejaba jugar mi fútbol y creía mucho en mí. Después llegó Beckenbauer y las cosas fueron mejores; él me dijo “tú juegas como lo haces en tu Santa Fe, encara y haz la tuya”. Cuando tuve entrenadores que me dieron confianza, siempre fui grande, pero cuando das con esos técnicos que te cohíben, por esos tipos de tácticas y sistemas que plantean, que son horribles y sin esa libertad del jugador para que demuestre. A Boca, por ejemplo con Alfaro, lo veíamos que jugaba como atado, triste, aburrido, y con Russo se ve alegría, eso pasa mucho por la tarea del entrenador, de la confianza que les brinda a sus jugadores, yo pienso mucho eso.
-Menciona a Franz Beckenbauer; ¿cómo era el trato con una figura de su tamaño?
-A nosotros nos ponía a jugar como él jugaba al fútbol. Era un central que salía jugando desde su defensa hasta la mitad, era atrevido y nadie le decía nada. A mí me pasaba lo mismo; en el área me movía por todo el frente de ataque, incluso cuando tenía que volantear lo hacía. Tenía dominio de balón, velocidad, y al mismo tiempo mucha potencia; entonces cuando un técnico ve todo eso tiene que saber cómo aprovecharlo para que sea en beneficio del equipo. Con todos los que me dejaron jugar fui grande, hice goles y me fue muy bien.
-Si de algo los argentinos futboleros no nos vamos a olvidar es del famoso 0-5 en cancha de River, donde usted convirtió el último. ¿A la distancia, qué recuerda?
-Esa era una generación en la que la mayoría de nosotros tenía muy buenas condiciones. Cada quien sabía qué iba a hacer, que teníamos que recuperar para dársela al Pibe Valderrama, a Freddy Rincón, a Faustino Asprilla, a Víctor Hugo Aristizábal o Leonel Álvarez. Teníamos muchos jugadores con grandes condiciones futbolísticas, era un grupo muy competitivo, con un entrenador (Francisco Maturana) que nos dejaba jugar, y no me refiero a que seamos desordenados o que hagamos lo que se nos de la gana sino con la responsabilidad que eso merece.
-Llegó el Mundial con gran expectativa y allí todo se derrumbó (sin clasificar) y con el asesinato de Andrés Escobar incluido.
-De Andrés Escobar tenemos recuerdos muy bonitos, incluso ahora estamos pensando en hacerle un homenaje a él en todas las ciudades de Colombia para que la gente lo recuerde. Era un líder para nosotros, ya hay una empresa que quiere hacer los partidos para homenajearlo, en Bogotá, Barranquilla, Medellín, Cali, entre otras. Es lo que él se merece, una persona noble, muy sencilla y un trato que teníamos con él en la selección muy tranquilo, era muy querido. Esté donde esté, la gente no se va a olvidar.
-Lo último, ¿de esa generación quién fue el mejor?
-El jugador referente siempre fue el Pibe Valderrama; él mostró donde íbamos, al público era la figura que le fascinaba, eso lo tenemos que reconocer. Pero él también sabía que a su alrededor había muchos con buenas condiciones. Siempre que jugué al lado de él me sentí contento, él juega al futbol para que el equipo gane, eso es lo que necesitan los técnicos y los jugadores.
Javier Albarracín
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