Estudiantes volvió a remontar un resultado y se prende en la pelea
El Celeste derrotó 2 a 1 a Ferro en el Candini y es el único escolta de su zona. El Verdolaga empezó ganando antes de los diez minutos, pero el León lo dio vuelta en el complemento con goles de Martínez Schmidt y Cabrera
Estudiantes volvió a dar una muestra de que en este certamen de la Primera Nacional los encuentros en el Candini serán una mixtura de emociones. Ayer el Celeste remontó en el resultado, tal como lo había hecho ante Independiente Rivadavia, y derrotó 2 a 1 a Ferro.
El Verdolaga empezó ganando con gol de Lucas Pugh. El Celeste lo dio vuelta con tantos de Emanuel Martínez Schmidt y Alejandro Cabrera.
Para el Celeste, el partido comenzó oscuro como si fuera un cuento de Joseph Conrad y terminó con una sonrisa como las que aparecen al final de los de Eduardo Sacheri.
Estudiantes se fue perdiendo al descanso por dos motivos. El primero fue que Ferro no le perdonó un grosero error y el segundo fue que el equipo de Vázquez no encontró los caminos para molestar si quiera un poco al arquero del visitante.
El tanto del Verdolaga llegó después del clásico error entre el arquero y el central ante un envío frontal. Vester cubrió la pelota creyendo que Peralta salía, el arquero dudó en hacerlo, el central se descuidó y Pugh aprovechó para definir con un toque sutil para marcar el 1 a 0.
El gol de Ferro a los siete minutos del primer tiempo fue un golpazo para un Estudiantes que había arrancado el partido de manera interesante. Hasta el error defensivo que permitió la apertura del marcador del visitante, el Celeste mostró una buena circulación del balón, con Cuello y Cabrera turnándose para ir a buscar el balón a los pies de los centrales.
Todo eso cambió con el gol de Pugh. El Celeste pasó de buscar espacios por abajo a recurrir a los pelotazos largos de Martínez Schmitdt para los delanteros del León, que peleaban como podían contra las torres del fondo de Ferro.
Los de Vázquez eligieron atacar por el sector derecho, pero el dúo Cainelli-Benavídez estuvo muy impreciso. Por izquierda, el local generó poco y nada. El DT probó cambiando de posición a Hesar y Pérez, pero nada varió.
Ferro se acomodó muy bien después gol. Los tres mediocampistas del Verdolaga se agruparon en el medio, cerraron espacios y se adueñaron de esa zona. Los dos delanteros externos se hicieron carrileros y persiguieron a los laterales del León, neutralizándolos.
En el comienzo del segundo tiempo, Vázquez hizo que Estudiantes cambiara a “modo Atlanta”. Bottino ingresó por Pérez y el Celeste quedó parado con el 4-5-1 del día del triunfo en Villa Crespo. Con Hesar y Cainelli más adelantados, con Cuello como enganche.
El Celeste arrancó el complemento jugando bien adentro del territorio verdolaga. Pero, a diferencia de lo ocurrido contra Independiente Rivadavia, el dominio se fue apagando de a poco. No fue abrumador en cuanto a las llegadas. La más clara de Estudiantes en ese tramo la tuvo Hesar. Pero el Turco le erró al arco estando a centímetros. Sepúlveda cabeceó de pique al suelo y el ex-Tiro remató por sobre el travesaño ingresando por el segundo palo. Quiso romper el arco y terminó marrando una chance muy clara.
Cuando había pasado la media hora y la cosa se tornaba compleja, apareció Martínez Schmidt para ser uno de esos héroes inesperados que aparecen en los escritos de Sacheri. El Central se adelantó por la derecha y sacó un zapatazo al estilo de David Luiz que se clavó en el ángulo izquierdo de un Bailo que quedó desparramado sin poder hacer nada.
Para decorar la historia apareció Alejandro Cabrera. La jugada fue una suerte de resumen del partido y su vaivén de emociones. Bottino perdió la pelota en el medio, lo que generó un contraataque peligroso para el Celeste. Cuando parecía que Ferro podía llegar al segundo, Martínez Schmidt los hizo respirar a todos con un gran quite. De allí salió la contra que terminó con Sepúlveda asistiendo magistralmente al Colo, que definió perfecto ante la salida del arquero contra el palo derecho.
El estallido del Candini fue similar al de la central eléctrica cercana a O’Connor, el pueblo de la novela “La Noche de la Usina” (“La odisea de los giles”, en su versión cinematográfica) y Cabrera fue una suerte de Fermín Perlassi, el volante central, personaje principal de la historia.
Después llegó el turno de que Peralta se redimiera. El Chupa se lució tapando una pelota con el pie en el último minuto que le dio suspenso y mayor valor al triunfo conseguido ayer por el Celeste.
El epílogo de la historia fue el de la satisfacción de los hinchas y el festejo de los jugadores. Estudiantes volvió a remontar un resultado para estirar el invicto de local (llegó 33 partidos). Es el único escolta de su homónimo de Caseros, que ayer derrotó a Deportivo Morón y tiene puntaje ideal.
Ahora, tendrá una semana larga para recuper el físico y trabajar pensando en lo que será una nueva presentación de local, ante Mitre de Santiago el próximo domingo.
Agustín Hurtado
El Verdolaga empezó ganando con gol de Lucas Pugh. El Celeste lo dio vuelta con tantos de Emanuel Martínez Schmidt y Alejandro Cabrera.
Para el Celeste, el partido comenzó oscuro como si fuera un cuento de Joseph Conrad y terminó con una sonrisa como las que aparecen al final de los de Eduardo Sacheri.
Estudiantes se fue perdiendo al descanso por dos motivos. El primero fue que Ferro no le perdonó un grosero error y el segundo fue que el equipo de Vázquez no encontró los caminos para molestar si quiera un poco al arquero del visitante.
El tanto del Verdolaga llegó después del clásico error entre el arquero y el central ante un envío frontal. Vester cubrió la pelota creyendo que Peralta salía, el arquero dudó en hacerlo, el central se descuidó y Pugh aprovechó para definir con un toque sutil para marcar el 1 a 0.
El gol de Ferro a los siete minutos del primer tiempo fue un golpazo para un Estudiantes que había arrancado el partido de manera interesante. Hasta el error defensivo que permitió la apertura del marcador del visitante, el Celeste mostró una buena circulación del balón, con Cuello y Cabrera turnándose para ir a buscar el balón a los pies de los centrales.
Todo eso cambió con el gol de Pugh. El Celeste pasó de buscar espacios por abajo a recurrir a los pelotazos largos de Martínez Schmitdt para los delanteros del León, que peleaban como podían contra las torres del fondo de Ferro.
Los de Vázquez eligieron atacar por el sector derecho, pero el dúo Cainelli-Benavídez estuvo muy impreciso. Por izquierda, el local generó poco y nada. El DT probó cambiando de posición a Hesar y Pérez, pero nada varió.
Ferro se acomodó muy bien después gol. Los tres mediocampistas del Verdolaga se agruparon en el medio, cerraron espacios y se adueñaron de esa zona. Los dos delanteros externos se hicieron carrileros y persiguieron a los laterales del León, neutralizándolos.
En el comienzo del segundo tiempo, Vázquez hizo que Estudiantes cambiara a “modo Atlanta”. Bottino ingresó por Pérez y el Celeste quedó parado con el 4-5-1 del día del triunfo en Villa Crespo. Con Hesar y Cainelli más adelantados, con Cuello como enganche.
El Celeste arrancó el complemento jugando bien adentro del territorio verdolaga. Pero, a diferencia de lo ocurrido contra Independiente Rivadavia, el dominio se fue apagando de a poco. No fue abrumador en cuanto a las llegadas. La más clara de Estudiantes en ese tramo la tuvo Hesar. Pero el Turco le erró al arco estando a centímetros. Sepúlveda cabeceó de pique al suelo y el ex-Tiro remató por sobre el travesaño ingresando por el segundo palo. Quiso romper el arco y terminó marrando una chance muy clara.
Cuando había pasado la media hora y la cosa se tornaba compleja, apareció Martínez Schmidt para ser uno de esos héroes inesperados que aparecen en los escritos de Sacheri. El Central se adelantó por la derecha y sacó un zapatazo al estilo de David Luiz que se clavó en el ángulo izquierdo de un Bailo que quedó desparramado sin poder hacer nada.
Para decorar la historia apareció Alejandro Cabrera. La jugada fue una suerte de resumen del partido y su vaivén de emociones. Bottino perdió la pelota en el medio, lo que generó un contraataque peligroso para el Celeste. Cuando parecía que Ferro podía llegar al segundo, Martínez Schmidt los hizo respirar a todos con un gran quite. De allí salió la contra que terminó con Sepúlveda asistiendo magistralmente al Colo, que definió perfecto ante la salida del arquero contra el palo derecho.
El estallido del Candini fue similar al de la central eléctrica cercana a O’Connor, el pueblo de la novela “La Noche de la Usina” (“La odisea de los giles”, en su versión cinematográfica) y Cabrera fue una suerte de Fermín Perlassi, el volante central, personaje principal de la historia.
Después llegó el turno de que Peralta se redimiera. El Chupa se lució tapando una pelota con el pie en el último minuto que le dio suspenso y mayor valor al triunfo conseguido ayer por el Celeste.
El epílogo de la historia fue el de la satisfacción de los hinchas y el festejo de los jugadores. Estudiantes volvió a remontar un resultado para estirar el invicto de local (llegó 33 partidos). Es el único escolta de su homónimo de Caseros, que ayer derrotó a Deportivo Morón y tiene puntaje ideal.
Ahora, tendrá una semana larga para recuper el físico y trabajar pensando en lo que será una nueva presentación de local, ante Mitre de Santiago el próximo domingo.
Agustín Hurtado