Estudiantes y Ferro volverán a verse las caras, como en aquella primera vez en los Nacionales
El León y el Verde se enfrentaron en 1983, en el debut de local del León en la división mayor
Estudiantes y Argentina comparten un sentimiento muy especial por el año 1983. Es que en el mismo momento en el que el país se preparaba para la vuelta de la democracia, el Celeste conseguía su primer ascenso al fútbol grande y disputaba su primer Nacional.
Justamente en ese primer Nacional se dieron los dos duelos con Ferro. El primero de ellos fue el 27 de marzo de 1983 en el mismo escenario en el que volverán a enfrentarse mañana.
El año comenzó con todo para el Celeste. La plaza para el Nacional la consiguió en febrero al vencer a Belgrano en el Chateau. El 13 de marzo debutó ante Talleres con una derrota por 5 a 1 y en la segunda fecha de la zona F cayó 2 a 1 ante Temperley.
El encuentro contra Ferro marcaría la primera vez de Estudiantes como local en un certamen de este tipo. Con el estadio repleto, Estudiantes comenzó ganando con un gol de Jorge Tevez a los 31 minutos del primer tiempo. Después igualaría Héctor Cuper, de penal, para el definitivo 1 a 1. No era un equipo ese al que enfrentó a Estudiantes el “Ferro de Griguol”. Ese que salió campeón en 82 y repetiría en el 84. Juan Rocchia, Cuper, Gerónimo Cacho Saccardi, Oscar Garré y el Beto Márcico eran algunos de los nombres que tenía ese equipo que marcaría a fuego los primeros años de esa década, junto con Estudiantes de La Plata e Independiente.
En medio de la ebullición que vivía el pueblo del Celeste, en el país pasaban cosas. La dictadura militar se despedía en decadencia. El gobierno a cargo de Reynaldo Bignone había convocado a elecciones para octubre. Eso sí, tendría tiempo en abril de dictar la ley de autoamnistía, con la cual intentaba borrar las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura.
El plan neoliberal implantado por el gobierno de facto desde 1976 había mostrado sus consecuencias con un cóctel de inflación, desempleo y recesión. Como un recurso para resistir la suba de precios, el peso argentino reemplazaría al peso ley.
Mientras el cascarón oscuro de la dictadura se iba rompiendo, aparecían los primeros rayos de luz de lo que se conocería como la “primavera democrática”. Joan Manuel Serrat y Alfredo Zitarrosa volvieron al país después de muchos años. Julio Cortázar regresó de su exilio y pasó por Buenos Aires, poco tiempo antes de su fallecimiento en 1984.
Impulsado por los nuevos aires que se respiraban, el rock nacional vivía una fiesta en la que todos estaban invitados. Luis Alberto Spinetta en su fase Jade invitaba a un paseo por el “Bajo Belgrano”, Miguel Mateos avisaba que en la cocina hacían falta “Huevos”, Virus pedía salir del “Agujero Interior” y los Abuelos de la Nada ofrecían “Vasos y besos” para todos.
El anfitrión de todo ese jolgorio sería Charly Carcía, que en diciembre presentó en el Luna Park (uno de sus mejores discos, sino el mejor) “Clics Modernos”, una pieza que demostró la capacidad que tiene el hombre del bigote para captar la esencia de cada época.
El 30 de octubre, mientras Sumo editaba “Corpiños en la madrugada”, el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín, ganaba las elecciones presidenciales. Asumiría el 10 de diciembre de ese año. En la ciudad, Miguel Ángel Abella derrotaba a Esteban Llamosas e iniciaba una saga que tendría al radicalismo en la intendencia durante más de 15 años.
Volviendo al deporte, mientras Estudiantes disputaba su primer Nacional, en el fútbol argentino también soplaban vientos de cambios. Después de la mala actuación en el Mundial de 1982 Julio Humberto Grondona (que visitó Río Cuarto ese año, invitado por Antonio Candini) decidió que el reemplazante de César Menotti en el banco de la selección fuera Carlos Bilardo. El Doctor venía de ser campeón con Estudiantes de La Plata y comenzaría ante Chile su camino hacia la consagración de 1986.
El punto obtenido ante Ferro fue el único que sumó el León en ese Nacional. Después de quedar eliminado, el conjunto de la avenida España comenzaría a desandar la ruta que lo llevaría a un nuevo Nacional en 1984, pero esa es otra historia.
Mañana cuando el Celeste y el Verdolaga salten al campo de juego del Candini, sobrevolarán los ecos de aquel emblemático 1983. Eso sí, se escribirán nuevas historias, por que como cantaba en esos tiempos Charly García: “Y aunque cambiemos de lugar las banderas, siempre es como la primera vez”.
Agustín Hurtado
Justamente en ese primer Nacional se dieron los dos duelos con Ferro. El primero de ellos fue el 27 de marzo de 1983 en el mismo escenario en el que volverán a enfrentarse mañana.
El año comenzó con todo para el Celeste. La plaza para el Nacional la consiguió en febrero al vencer a Belgrano en el Chateau. El 13 de marzo debutó ante Talleres con una derrota por 5 a 1 y en la segunda fecha de la zona F cayó 2 a 1 ante Temperley.
El encuentro contra Ferro marcaría la primera vez de Estudiantes como local en un certamen de este tipo. Con el estadio repleto, Estudiantes comenzó ganando con un gol de Jorge Tevez a los 31 minutos del primer tiempo. Después igualaría Héctor Cuper, de penal, para el definitivo 1 a 1. No era un equipo ese al que enfrentó a Estudiantes el “Ferro de Griguol”. Ese que salió campeón en 82 y repetiría en el 84. Juan Rocchia, Cuper, Gerónimo Cacho Saccardi, Oscar Garré y el Beto Márcico eran algunos de los nombres que tenía ese equipo que marcaría a fuego los primeros años de esa década, junto con Estudiantes de La Plata e Independiente.
En medio de la ebullición que vivía el pueblo del Celeste, en el país pasaban cosas. La dictadura militar se despedía en decadencia. El gobierno a cargo de Reynaldo Bignone había convocado a elecciones para octubre. Eso sí, tendría tiempo en abril de dictar la ley de autoamnistía, con la cual intentaba borrar las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura.
El plan neoliberal implantado por el gobierno de facto desde 1976 había mostrado sus consecuencias con un cóctel de inflación, desempleo y recesión. Como un recurso para resistir la suba de precios, el peso argentino reemplazaría al peso ley.
Mientras el cascarón oscuro de la dictadura se iba rompiendo, aparecían los primeros rayos de luz de lo que se conocería como la “primavera democrática”. Joan Manuel Serrat y Alfredo Zitarrosa volvieron al país después de muchos años. Julio Cortázar regresó de su exilio y pasó por Buenos Aires, poco tiempo antes de su fallecimiento en 1984.
Impulsado por los nuevos aires que se respiraban, el rock nacional vivía una fiesta en la que todos estaban invitados. Luis Alberto Spinetta en su fase Jade invitaba a un paseo por el “Bajo Belgrano”, Miguel Mateos avisaba que en la cocina hacían falta “Huevos”, Virus pedía salir del “Agujero Interior” y los Abuelos de la Nada ofrecían “Vasos y besos” para todos.
El anfitrión de todo ese jolgorio sería Charly Carcía, que en diciembre presentó en el Luna Park (uno de sus mejores discos, sino el mejor) “Clics Modernos”, una pieza que demostró la capacidad que tiene el hombre del bigote para captar la esencia de cada época.
El 30 de octubre, mientras Sumo editaba “Corpiños en la madrugada”, el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín, ganaba las elecciones presidenciales. Asumiría el 10 de diciembre de ese año. En la ciudad, Miguel Ángel Abella derrotaba a Esteban Llamosas e iniciaba una saga que tendría al radicalismo en la intendencia durante más de 15 años.
Volviendo al deporte, mientras Estudiantes disputaba su primer Nacional, en el fútbol argentino también soplaban vientos de cambios. Después de la mala actuación en el Mundial de 1982 Julio Humberto Grondona (que visitó Río Cuarto ese año, invitado por Antonio Candini) decidió que el reemplazante de César Menotti en el banco de la selección fuera Carlos Bilardo. El Doctor venía de ser campeón con Estudiantes de La Plata y comenzaría ante Chile su camino hacia la consagración de 1986.
El punto obtenido ante Ferro fue el único que sumó el León en ese Nacional. Después de quedar eliminado, el conjunto de la avenida España comenzaría a desandar la ruta que lo llevaría a un nuevo Nacional en 1984, pero esa es otra historia.
Mañana cuando el Celeste y el Verdolaga salten al campo de juego del Candini, sobrevolarán los ecos de aquel emblemático 1983. Eso sí, se escribirán nuevas historias, por que como cantaba en esos tiempos Charly García: “Y aunque cambiemos de lugar las banderas, siempre es como la primera vez”.
Agustín Hurtado