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La Ciudadela de los santos

San Martín de Tucumán regresó a la Primera División y la provincia ya palpita con un clásico bien grande
 
Es este un largo país, y en cada rincón, las pasiones deportivas emergen sin que en el “puerto” se enteren. Están en las canchitas de fútbol amateur y en todos los deportes, claro. Caras rojas de emoción, muecas de tristeza en derrota, gritos de diez, cien o miles. Clubes más organizados y equipos formados para la ocasión. La AFA llega con su brazo “administrador” a todo el país. Es la misma AFA, que desde siempre “mata” lo que supervisa, el fútbol chacarero, el de cada semana en la Ligas, el de los viejos “regionales” y los ahora federales. Siempre con el discurso de ser dadivosos con el “interior”.

Uno de los sitios en donde el fútbol late con más fuerza es San Miguel de Tucumán. La capital de esa pequeña provincia, de una belleza natural enorme y un fútbol que estalla en cada presentación de Atlético y de San Martín, del Santo o del Decano.

San Martín goleó a Sarmiento de Junín y volvió a Primera. Y desató un nudo que tenía en la garganta en los últimos meses, viendo al Decano jugar, ganar y participar en Copas, mientras ellos, los “cirujas”, que presumieron siempre de ser lo más, se encontraban separados del protagonismo y la euforia de la otra media ciudad de la Independencia.

“Hasta 1909 sólo habían en Tucumán clubes que agrupaban a la clase superior (con dinero y mayor cultura)”. Así comienza a contar la historia del club la página oficial de San Martín. Y agrega: “En la noche del 2 de noviembre de 1909 surgió en la esquina noroeste de la Plaza San Martín, el club que llevó ese nombre, con su bandera rojiblanca, colores que fueron inspirados en los gloriosos granaderos y que fue el club del pueblo”.

Su cancha llegó a la Ciudadela en 1932 y con ese nombre que se hizo grito sagrado, se llena de emoción la zona, cada vez que juega el Santo.

El 8 de septiembre de 1968, se inició el segundo Nacional de la historia. Y en él participó por primera vez en el fútbol grande el Santo tucumano. Fue de local y si uno se remonta a medio siglo atrás, se imagina a los changos metiéndose en la cancha, entre el humo de los choripanes y el olor a pan casero, en medio de eternos juegos de carnaval y la música folclórica, que ahora tiene en la cumbia y el cuarteto, una mezcla popular increíble.

Un paisaje donde por estas cuestiones argentinas, el fútbol saca un rato a la gente de tanta pobreza y olvido, de gobernantes propios primero y nacionales, en consecuencia directa, con los más variados colores políticos.

Esa tarde, San Martín recibió a Vélez, que lograría su primer título profesional en la historia real del fútbol organizado (mal, pero orgánico) en la Argentina. Ganó el Fortín 3 a 1, con dos de Carlos Bianchi y uno del Pulga Ríos. Segundo Rómulo Corvalán, el tanto ciruja.

El primer  San Martín fue con Nieva; Blasco y Salomón; Ferreyra, Corvalán y Arias; Sánchez, Meija, Luna (Akemeir), Guzmán y Toledo.

El Santo terminaría penúltimo en el torneo, superando sólo a Huracán de Bahía Blanca. Ganó dos cotejos. Uno de ellos a Boca en la Ciudadela, con gol de Ferreyra, en la tercera fecha y el otro a Independiente, dos a cero, también en su cancha, con tantos de Rey. Es decir, no hizo un buen torneo, pero metió dos golpes interesantes.

Para los riocuartenses, San Martín llegó a nuestra ciudad en el Nacional 85 para jugar contra Estudiantes. Por la ronda de ganadores, en la segunda fase, el 20 de marzo por la noche, en una Ciudadela que metía miedo, en un gran partido, los santos batieron al Celeste, cuatro a dos, con dos tantos del Coya Gutiérrez y de Román y Robles. Los tantos del León del Imperio los marcó Sergio Coleoni. En la revancha, con cientos de tucumanos en la tribuna que da a la avenida España, empataron cero a cero, con un flojo arbitraje de Juan Carlos Demaro.

San Martín quedaría eliminado luego por Argentinos Juniors (que fue el campeón) con goles de Castro y Ereros en un solo cotejo, en Córdoba.

San Martín jugó casi todos los nacionales y sus mejores participaciones fueron en el 82 y el 85. Quedará por siempre en la memoria ciruja la goleada a Boca en la Bombonera, el 20 de noviembre del 88 cuando lo derrotó seis a uno, con una inolvidable actuación de Antonio Vidal González.

San Martín ha vuelto a Primera. La Ciudadela se volvió loca de emoción.

El cuadro de Mercedes Sosa, Palito Ortega, el club que comandó durante muchos años el ingeniero Natalio Mirkin, está de fiesta.

Por sus filas pasaron grandes como el Coya Gutiérrez, Troitiño, Jorge López, Solbez, Chazarreta, Pitarch, Unali y Muggione, entre otros.

Con ese cántico que aturde en tono más provinciano que en las canchas porteñas: “¡Soy del Santo!” o el de guerra: “¡Ciudadeeelaaaa!”, los que se van a seguir escuchando pero nuevamente en Primera. Y con el clásico de siempre a la vista, contra el Decano, que marcó línea en los últimos tiempos.

Tucumán espera. Si hasta la Casita de la Independencia flamea con sus columnas difíciles de dibujar, a la espera del Santo y el Decano.

Felicidades San Martín de Tucumán. Una historia más. Un capítulo más de la vida de los clubes de la Argentina Secreta. A los que, estoy seguro, la AFA nunca representó con dedicación y esmero.

 

Osvaldo Alfredo Wehbe