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La fantástica Champions League

Cuando el año marca abril, de un tiempo a esta parte, la máxima competencia de Europa ocupa un lugar especial en el ánimo del apasionado al fútbol
 
Es el 9 de abril la fecha en la que comenzarán a jugarse los cuartos de final de la Champions. No hay manera de escaparle a la seducción que, desde hace años, arrasa con los futboleros que aman al campeonato más importante de clubes del mundo.

Hay seguidores de la redonda en todas las jurisdicciones. Desde las más humildes y cercanas, a esas que llegaron hace tiempo, para quedarse, en la ola de la globalización mundial de las imágenes y noticias.

Entonces, están aquellos que se preparan cada fecha para ver a su cuadrito del alma, del barrio o de la ciudad con la unción y la devoción que sólo ellos pueden tener.

Bolsa de mandarinas, choripán del carrito amigo, la tribuna de madera y la liga que alberga a sus colores de siempre. Y así, en escalera ascendente, pasando por los provinciales, federales, ascensos de AFA y Superliga, el adorador del fútbol argentino puede ubicarse en distintos grupos, y hasta, pertenecer a dos o tres.



Se puede seguir cada fecha a Alberdi en la Liga, a Estudiantes en el Federal, a Instituto en la B Nacional y a Independiente en Primera, por ejemplo. Y a todos, por la radio o la tele, se les brinda una dedicación, que si no es bien administrada, termina por inmovilizar a una persona, de tanto fútbol que hay.

Con la llegada de la televisión, se acercó la realidad de un partido, que otrora imaginábamos a través de relatos radiales y certificábamos con el diario del otro día. A todo eso, y más allá de la voracidad empresarial que maneja al fútbol afista por TV, que hace que sea más difícil ver Argentinos Juniors-Belgrano que Juventus-Barcelona; se le fue sumando la posibilidad (bolsillo mediante) de tener en el comedor de la casa al Bayern Munich en la Bundesliga o al Arsenal en la Premier, como si nada.

Y cuando el año marca abril, de un tiempo a esta parte, la Champions ocupa un lugar especial en el ánimo del apasionado al fútbol.

Es que, salvo raras excepciones, si bien cada uno tiene afecto por un equipo o por un jugador de los que definen el máximo torneo, es una competencia que se disfruta, no se sufre.

Uno se sienta, prende la tele y apenas aparecen las imágenes del estadio que sea, la prolijidad, el horario respetado a rajatabla, el himno de la Champions y los mejores jugadores del mundo en cancha son la sensación de ver el verdadero Mundial de Clubes, que se convierte en realidad.

Los equipos que quedaron para pelear un lugar en el Metropolitano de Madrid, el 1° de junio, son conjuntos con escudo muy fuerte.

Tottenham versus Manchester City, choque bien inglés. Pochettino versus Guardiola. Gazzaniga, Foyth y Lamela contra Otamendi y Agüero. Eso, para ponerlo en argentino, al partido.

Favoritismo del conjunto de Pep Guardiola, pero la incomodidad de enfrentar a un "conocido de siempre". Y el desafío sensacional para Pochettino de dar el golpe. Los Spurs, en los que brillaron décadas atrás Ardiles y Villa, pueden hacerlo. Aunque el City es uno de los dos candidatos de fierro a estar en la cancha del Atlético Madrid en junio.

El ganador del ida y vuelta entre los dos conjuntos ingleses deberá medirse contra el que resulte vencedor de la serie Ajax-Juventus.

Magallán y Tagliafico contra Dybala. Todos los "tulipanes" contra Cristiano Ronaldo, que está en estado de gracia por primera vez desde su llegada a Turín. El Ajax, aquella bella aparición del fútbol de los setenta, encabezada por Johan Cruyff, está de moda en estos días, a partir del "batacazo" de golear al campeón, Real Madrid, y sacarlo del torneo, motivando un cisma importante en la "casa blanca". La Juventus le dio vuelta el partido al Atlético del "Cholo" Simeone y parece querer situarse en donde el escudo lo indica. Pero es Cristiano Ronaldo, el revulsivo, a no dudarlo.

Entre estos cuatro, emerge el Manchester City de Guardiola en las apuestas.

Del otro lado, todo es tan fantástico como esto. Es que parece de fantasía, de Play Station, cada encuentro de la Champions.

Liverpool y Porto. Los del alemán Jurgen Klopp son los más lindos para ver, si uno es neutral. Para adelante y con Salah y Mané para meter lo que Shaqiri y Firmino le lleven. Sin argentinos, claro. Con la mejor hinchada de Europa, dicen. Tampoco el Porto tiene jugadores nuestros. El conjunto en el que brillaron alguna vez Ibarra y Lucho González, entre otros, tiene una fuerte localía en el Estadio do Dragäo y allí definirá la serie. Casillas en el arco y muchos brasileños conforman el equipo de Sergio Conceiçäo, un exvolante del Porto y la Lazio, con apenas 44 años.

Cierran el cuadro de cuartos el Barcelona de Messi y el Manchester United. Los ingleses sacaron de manera épica al PSG de Francia, conjunto de esternón fresco, si los hay. Sergio Romero y Marcos Rojo integran el plantel que dirige el noruego Solskjaer. Enfrente el Barcelona, del cual no hay mucho para decir. Es junto al City el candidato a llegar a Madrid el 1° de junio. Suárez, Messi y Dembélé. Vidal , Rakitic y Coutinho, Piqué y Jordi Alba, Ter Stegen tapando todo el arco.

Se sueña con dos finales en el mundo del fútbol. La del Barza contra Guardiola y su City, o bien contra la Juventus de Cristiano Ronaldo.

Los demás no se bajarán de la pelea hasta que termine cada cotejo.

Apasionante. La Champions nos brinda desde hace tiempo la sensación de fútbol ideal, casi perfecto, de opulencia y organización.

Es probable que para muchos, no se compare con el partido nuestro de cada día, el que tiene sabor a choripanes, a polvo levantado en un borbollón de jugadores, en arbitrajes sospechados, en ilusiones de estar más cerca y hasta en las mentes de los grandes de la Argentina, de ganar la Superliga o la Libertadores. Todo eso es hermoso.

La Champions es fantástica. Nada menos que eso.



Osvaldo Alfredo Wehbe