La fiesta de Blas
La entrega y el factor “H” llevaron a Giunta a ser uno de los mediocampistas más emblemáticos de la historia de Boca. Además, jugó en San Lorenzo, Platense y en la selección
“¡Cómo corre ese pibe!”. Comentario de arranque de un par de habitantes de la tribuna o del alambre del Estadio Juan Antonio Arias, la cancha de Liniers. La cuna futbolera de Blas Armando Giunta.
“¡Las ganas que pone ese chico!”, agregado de otra jornada en el mismo lugar. Y el de siempre: “¡Tiene unos huevos!”. Y ahí, a partir de un día imaginario, sin que él se enterara, el temperamento, el poner lo que hay que poner, empezó a vivir en la piel y el alma de un volante que terminó por ponerse toda la Bombonera al hombro y recibir el: “¡Giunta…Giunta… Giunta… huevo… huevo… huevo!” cada vez que pisaba esa cancha tan especial.
Blas nació el 6 de septiembre de 1963 y después de sus primeros pasos en Liniers llegó a San Lorenzo, en el que iniciaría una vida en el fútbol muy interesante que lo llevó algún tiempo a Cipoletti para un torneo regional y que a su vuelta le fue permitiendo asomar las narices en un equipo que parecía venir del infierno.
San Lorenzo había jugado el ascenso en 1982 y con el Bambino Veira arrancó el Metropolitano del 83. Un plantel riquísimo de mitad para arriba y con varias dudas en defensa. Terminó segundo, detrás del campeón, Independiente, y en ese Ciclón de partidos increíbles, de muchos goles en ambos arcos, Blas apareció en Primera. Una melena rubia que destacaba del resto y la valentía a disposición del equipo.
En esas primeras fechas del larguísimo Metropolitano, Veira no le encontraba la vuelta al cuadro. Entonces probaba. Ponía y sacaba.
El 3 de agosto de 1983, por la fecha doce, San Lorenzo fue local en cancha de Vélez frente a Argentinos Juniors, el club que lo había mandado al descenso dos años atrás.
Con gol del Toti Iglesias, los de Boedo ganaron uno a cero formando con Cousillas; Schamberger, Verdecchia, Nelson Pumpido y Alfredo Videla; Coudannes, Insúa y Jorge Rinaldi; Iglesias, Husillos y Rubens Navarro. Ese día entraron Estévez y Giunta, que reemplazó al Toti. El técnico del Bicho era Labruna y el árbitro fue Jorge Vigliano.
En 1985 el club decidió que Giunta fuese a Platense. O tal vez lo decidió él mismo para hacer experiencia. Para jugar, en definitiva. Y llegó al Calamar de Rodolfo Motta. En la primera fecha del Nacional de ese año, el 17 de febrero, el Marrón jugó en Tandil frente a Ramón Santamarina, equipo que dirigía Daniel Romeo. Platense perdió dos a uno y alineó a Biasutto; Viscovich, Sánchez Sotelo, Scigliano y Ávalos; Giunta, Ricardo Roldán y Romero; Vega, Nannini y Alfaro Moreno.
Cuando volvió a San Lorenzo, en el 87, comenzó a verse lo mejor de Blas. Afianzado en la mitad de la cancha, fue hasta el 89 un pilar de los conjuntos azulgranas que ganaron algunas liguillas pre-Libertadores.
El enorme desafío estaba llegando. En el campeonato 89/90 llegó a la Boca y la simbiosis fue inmediata. Al Xeneize lo dirigía Carlos Aimar y en un partido por la cuarta fecha, jugado el 3 de septiembre del 89, a pocos días de cumplir 26 años, entró a la cancha de Boca para empatar con Vélez uno a uno. El equipo fue con Navarro Montoya; Stafuzza, Simón, Marchesini y Cucciuffo; Giunta, Marangoni y Ponce; el Coya Gutiérrez, Perazzo y Barberón. Al gol lo hizo Gutiérrez y al de Vélez, Osvaldo Coloccini.
Ganó la Supercopa pateando el último penal ante el Rojo y luego el título del Clasura 92, cuando Boca esperaba desde 11 años atrás. Y mientras el “Giunta… Giunta… Giunta…” seguía bajando de las tribunas, el profesor Jorge Habberger le comunicó que no lo tenía en sus planes. El grito de la tribuna se hizo cada vez más fuerte y apasionado en defensa del jugador que tanto se brindaba en el verde césped.
Giunta también jugó en la selección. Fueron 7 partidos en el 91. Lo hizo en los Juegos Odesur en Chile 86, primero, y el preolímpico del 88, luego. Formó parte, en lo que se refiere a partidos oficiales, en el plantel que ganó la Copa América en Chile 91. Debutó en un gran cotejo amistoso ante Brasil el 27 de marzo del 91, en un empate 3 a 3 en Vélez ante 41 mil personas. El equipo del Coco fue con Goycochea; Craviotto (Unali), Gamboa, Ruggeri y Altamirano; Darío Franco, Miguel Ludueña (Giunta) y Latorre; Claudio García, Bisconti (Vázquez) y Ferreyra (Boldrini). Ferreyra, Franco y Bisconti, los goles albicelestes.
El fútbol lo llevó luego al exterior, México y España para ser precisos. Terminó su carrera como futbolista en Defensores de Belgrano en el 99.
Debutó como técnico en Estudiantes de Caseros y luego pasó a ser entrenador de Almirante Brown, en el que estuvo ocho años dirigiendo y en los cuales consiguió dos ascensos al Torneo Nacional B. Por eso es muy querido por la hinchada de
La Fragata.
En noviembre de 2013 comenzó a dirigir a Quilmes en reemplazo de Nelson Vivas. Duró sólo tres meses en el club, ya que tras la derrota ante Godoy Cruz de visitante en el Torneo Final 2014 la dirigencia decidió destituirlo por cosechar magros resultados.
En estos tiempos de cumpleaños, el grito estentóreo se suma al saludo de los hinchas de fútbol en tributo al esfuerzo, al temperamento y a la garra para un jugador símbolo de todo eso.
A la fiesta de Blas se va cantando, se llevan bebidas y tortas, pero uno va sabiendo que a las ganas (el factor “H”) lo seguirá poniendo él.
Osvaldo Alfredo Wehbe
“¡Las ganas que pone ese chico!”, agregado de otra jornada en el mismo lugar. Y el de siempre: “¡Tiene unos huevos!”. Y ahí, a partir de un día imaginario, sin que él se enterara, el temperamento, el poner lo que hay que poner, empezó a vivir en la piel y el alma de un volante que terminó por ponerse toda la Bombonera al hombro y recibir el: “¡Giunta…Giunta… Giunta… huevo… huevo… huevo!” cada vez que pisaba esa cancha tan especial.
Blas nació el 6 de septiembre de 1963 y después de sus primeros pasos en Liniers llegó a San Lorenzo, en el que iniciaría una vida en el fútbol muy interesante que lo llevó algún tiempo a Cipoletti para un torneo regional y que a su vuelta le fue permitiendo asomar las narices en un equipo que parecía venir del infierno.
San Lorenzo había jugado el ascenso en 1982 y con el Bambino Veira arrancó el Metropolitano del 83. Un plantel riquísimo de mitad para arriba y con varias dudas en defensa. Terminó segundo, detrás del campeón, Independiente, y en ese Ciclón de partidos increíbles, de muchos goles en ambos arcos, Blas apareció en Primera. Una melena rubia que destacaba del resto y la valentía a disposición del equipo.
En esas primeras fechas del larguísimo Metropolitano, Veira no le encontraba la vuelta al cuadro. Entonces probaba. Ponía y sacaba.
El 3 de agosto de 1983, por la fecha doce, San Lorenzo fue local en cancha de Vélez frente a Argentinos Juniors, el club que lo había mandado al descenso dos años atrás.
Con gol del Toti Iglesias, los de Boedo ganaron uno a cero formando con Cousillas; Schamberger, Verdecchia, Nelson Pumpido y Alfredo Videla; Coudannes, Insúa y Jorge Rinaldi; Iglesias, Husillos y Rubens Navarro. Ese día entraron Estévez y Giunta, que reemplazó al Toti. El técnico del Bicho era Labruna y el árbitro fue Jorge Vigliano.
En 1985 el club decidió que Giunta fuese a Platense. O tal vez lo decidió él mismo para hacer experiencia. Para jugar, en definitiva. Y llegó al Calamar de Rodolfo Motta. En la primera fecha del Nacional de ese año, el 17 de febrero, el Marrón jugó en Tandil frente a Ramón Santamarina, equipo que dirigía Daniel Romeo. Platense perdió dos a uno y alineó a Biasutto; Viscovich, Sánchez Sotelo, Scigliano y Ávalos; Giunta, Ricardo Roldán y Romero; Vega, Nannini y Alfaro Moreno.
Cuando volvió a San Lorenzo, en el 87, comenzó a verse lo mejor de Blas. Afianzado en la mitad de la cancha, fue hasta el 89 un pilar de los conjuntos azulgranas que ganaron algunas liguillas pre-Libertadores.
El enorme desafío estaba llegando. En el campeonato 89/90 llegó a la Boca y la simbiosis fue inmediata. Al Xeneize lo dirigía Carlos Aimar y en un partido por la cuarta fecha, jugado el 3 de septiembre del 89, a pocos días de cumplir 26 años, entró a la cancha de Boca para empatar con Vélez uno a uno. El equipo fue con Navarro Montoya; Stafuzza, Simón, Marchesini y Cucciuffo; Giunta, Marangoni y Ponce; el Coya Gutiérrez, Perazzo y Barberón. Al gol lo hizo Gutiérrez y al de Vélez, Osvaldo Coloccini.
Ganó la Supercopa pateando el último penal ante el Rojo y luego el título del Clasura 92, cuando Boca esperaba desde 11 años atrás. Y mientras el “Giunta… Giunta… Giunta…” seguía bajando de las tribunas, el profesor Jorge Habberger le comunicó que no lo tenía en sus planes. El grito de la tribuna se hizo cada vez más fuerte y apasionado en defensa del jugador que tanto se brindaba en el verde césped.
Giunta también jugó en la selección. Fueron 7 partidos en el 91. Lo hizo en los Juegos Odesur en Chile 86, primero, y el preolímpico del 88, luego. Formó parte, en lo que se refiere a partidos oficiales, en el plantel que ganó la Copa América en Chile 91. Debutó en un gran cotejo amistoso ante Brasil el 27 de marzo del 91, en un empate 3 a 3 en Vélez ante 41 mil personas. El equipo del Coco fue con Goycochea; Craviotto (Unali), Gamboa, Ruggeri y Altamirano; Darío Franco, Miguel Ludueña (Giunta) y Latorre; Claudio García, Bisconti (Vázquez) y Ferreyra (Boldrini). Ferreyra, Franco y Bisconti, los goles albicelestes.
El fútbol lo llevó luego al exterior, México y España para ser precisos. Terminó su carrera como futbolista en Defensores de Belgrano en el 99.
Debutó como técnico en Estudiantes de Caseros y luego pasó a ser entrenador de Almirante Brown, en el que estuvo ocho años dirigiendo y en los cuales consiguió dos ascensos al Torneo Nacional B. Por eso es muy querido por la hinchada de
La Fragata.
En noviembre de 2013 comenzó a dirigir a Quilmes en reemplazo de Nelson Vivas. Duró sólo tres meses en el club, ya que tras la derrota ante Godoy Cruz de visitante en el Torneo Final 2014 la dirigencia decidió destituirlo por cosechar magros resultados.
En estos tiempos de cumpleaños, el grito estentóreo se suma al saludo de los hinchas de fútbol en tributo al esfuerzo, al temperamento y a la garra para un jugador símbolo de todo eso.
A la fiesta de Blas se va cantando, se llevan bebidas y tortas, pero uno va sabiendo que a las ganas (el factor “H”) lo seguirá poniendo él.
Osvaldo Alfredo Wehbe