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¡Lo atajó Pardiez!

El arquero de Argentinos Juniors contuvo por primera vez un penal en el profesionalismo el 4 de junio de 1931. Fue la primera de tantas historias, como los de Goycoechea en el 90 y el  “Hoy te convertís en héroe” de 2014
 
Si bien casi todas las mañanas de los sábados íbamos a la canchita del barrio a jugar mucho fútbol y esa costumbre de ir temprano pareciera hoy, cosa rara, uno de los buenos momentos, antes de los partidos, mientras se armaban los equipos, eran los campeonatos de penales. Largas tenidas que a veces eran reemplazadas por la “cabecita”. Y en el momento de los penales, atajarlos era una emoción particular, un hecho trascendente y heroico.

Los relatos que llegaban en la gran dicción y voz del “maestro” Fioravanti nos parecían una película de ficción, si el portero había doblegado la intención del pateador desde los doce pasos.

Como será que si hacemos un juego con nuestros lectores de Puntal, seguramente en cada casa, en la oficina, en el colegio, en el vehículo en el cual viajaba en ese momento, todos tendrán en la memoria un penal en el barrio, en un intercolegial o en la cancha profesional que sea. Lo habrán atajado o errado o simplemente lo habrán gozado o sufrido como hinchas.

El 4 de junio de 1931, en la segunda fecha del primer torneo profesional de AFA, fue atajado por primera vez un penal en la historia del fútbol rentado.

Jugaban Argentinos Juniors e Independiente y a los 4 minutos, el jugador Vichera de Argentinos, tocó el balón con la mano, dentro de su área. Ejecutó la pena máxima Manuel Seoane y atajó Luis Pardiez, arquero del “Bicho”. Fue la primera contención de un penal, que se recuerde, en el profesionalismo.

Los protagonistas del partido que quedó en la historia fueron estos: por Argentinos Juniors, Pardiez; Di Paola y Giachetti; Méndez, Vichera y Lobianco; Ruffo, Tarrío, Gatti, Meraldi y Rodríguez. Independiente con Sangiovanni; Cherro y Chiarella; Bartolomedi, Gros y Echeverría; Facio, Sastre, Ravaschino, Seoane y Constante. Los dos goles del cotejo, fueron en el primer tiempo. Ravaschino para los de Avellaneda y Gatti para los de La Paternal. Uno a uno.

Es ocioso mencionar, que la atajada del señor Luis Pardiez, inició una larga serie de hazañas, que en cada tiempo, motivaron podios y laureles, para aquellos que colocados frente a un pelotón de fusilamiento, pudieron neutralizar la acción del penal.

Atajar un penal es una proeza. Por donde se lo mire. Aún con el paso del tiempo. Atajárselo a ejecutores como Bernabé Ferreyra, Rafael Albrecht o el Chivo Pavoni, ya era colosal, fantástico e increíble. Esos son algunos nombres de los infalibles que no marcaron en contadas ocasiones, habiendo rematado cientos de veces, tiros desde los once metros.

El penal de Roma a Delem en el 62, es emblemático en todo sentido. Por el significado en el resultado del partido y del torneo, por el adelantamiento del arquero y por la cruz, con la cual cargó para siempre, el exquisito jugador de River.

Con el paso de los años, fue Gigliotti, delantero xeneize, quién quedó marcado por el penal que le atajó Barovero, del millonario. Y así, tantos ejemplos, en competencias regionales o nacionales, en Copas continentales o mundiales.

El grito de la tribuna  que alienta al que atajó, es tan sonoro como un gol. Gatti a Vanderley en la primera Copa que ganó Boca. Carlos Gay ante el San Pablo, para que Independiente la gane en 1974, remate de Ze Carlos, en Chile.

El “Pato” Fillol a Deyna, en el 78 y ni hablar del “Vasco” Goicochea en Italia 90.

Ya Amadeo Carrizo, había paralizado al estadio Pacaembú en la Copa de Naciones en el 64, frente a Brasil.

Y en los mundiales, todo un tema electrizante. Los del alemán Schumacher en España 82 y México 86, ante Francia y México respectivamente; Iker Casillas en Corea-Japón atajando dos ante Irlanda y ese penal clave en el 2010 frente a Paraguay, a Tacuara Cardozo.  Louis van Gaal sorprendió a todos en los cuartos de final del Mundial de Brasil 2014 cuando, en el último minuto del tiempo suplementario, mandó a la cancha al arquero Tim Krul en lugar de Cillessen. El movimiento del técnico de la Selección holandesa estaba bien calculado: Krul contuvo los tiros de Bryan Ruiz y Michael Umaña y Holanda venció 4 a 3 a Costa Rica y avanzó a semifinales, donde cayó en la definición desde el punto del penal ante Argentina. Eso sí, frente a la albiceleste el entrenador holandés no repitió el movimiento y fue Cillessen quien no logró contener ningún disparo desde los 12 pasos. “Hoy te convertís en héroe”, le dijo Javier Mascherano a Sergio Romero antes de esa definición por penales de semis del Mundial de Brasil y Chiquito cumplió: fue la figura de la Selección argentina tras contener los tiros de Ron Vlaar y Wesley Sneijder para que derrotemos 4 a 2 a Holanda y lleguemos a la final.

Y se recordarán penales en finales intercontinentales. Córdoba y Abbondanzieri en Boca, Jorge Seré para Nacional en 1988 ante el PSV de Holanda, son algunos ejemplos. Los últimos de Armani contra el Cruzeiro, en la Libertadores, con imagen reciente.

La lista de definiciones sería interminable. Hoy, entre los tiempos de arqueros muy adelantados a la hora de atajar y la llegada del VAR, la cosa fluctúa entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo mejor y lo peor.

La cuestión es manifestar aquí, esa sensación increíble que se debe sentir en todo el cuerpo y el alma, cuando la pelota choca contra una de tus manos o pies y evita un gol de penal. Atajarlo, nada menos.

Acto heroico que tuvo su inicio, al menos en AFA, en 1931, cuando un tal Pardiez de Argentinos Juniors le atajó el penal a Seoane de Independiente. Y el primer grito de júbilo de un “no-gol” habrá explotado entre los hinchas del “bicho”.

Y así, con los años, tengan o no una silla, los arqueros que atajan penales, son una maravilla.



Osvaldo Alfredo Wehbe