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Los rusos se atreven a soñar en su Mundial

En las calles de Moscú, más de 100.000 personas celebraron la victoria de su equipo ante el todopoderoso seleccionado español
 
Y pensar que hace dos semanas nadie creía en este milagro. Desde Kaliningrado hasta Vladivostok, donde la noche ya estaba muy avanzada cuando Rusia derrotaba a España por penales (4-3 tras 1-1), Rusia sigue festejando su histórica clasificación para cuartos de final de su Mundial.

En las calles de Moscú, más de 100.000 personas celebraron la victoria de los rusos liderados por el portero Igor Akinfeev, nuevo héroe nacional después de desviar los disparos de los españoles Koke y Aspas, tras 120 minutos de juego tenso, para darle el pase a cuartos a su equipo.

Hasta el amanecer, las bocinas se hicieron escuchar en el "Cinturón de los Jardines", el enorme dispositivo de cuatro carriles de ida y otros cuatro de vuelta que rodea la capital rusa.

Mientras, en los alrededores de la Plaza Roja y en la famosa calle Nikolskaya, sitio de reunión de los hinchas desde el comienzo de la Copa del Mundo, fueron invadidos por una multitud raramente vista según la memoria de los moscovitas consultados.

El entusiasmo que se ha apoderado de los rusos está a la altura de las dudas que mantenían antes de la Copa del Mundo.  "¡Es fantástico! ¡Increíble! ¡Somos campeones! Confiamos en que derrotaremos a Brasil en la final ahora", aseguró Anna Glazkova, una moscovita de 27 años, tras el partido.

Desde bares en la capital rusa hasta el estadio Luzhniki, un rugido de placer se desató luego del último disparo al portero del CSKA Moscú, amado en su país, a pesar de que muchos se burlan porque posee el triste récord de 43 partidos consecutivos en Copas de Europa en los que al menos ha encajado un tanto.

"No hay nada que ocultar, estábamos esperando los penales", confió Igor Akinfeev después del partido, en el que se ganó el disfraz de héroe. Hombre simple, había revelado en una entrevista antes del Mundial que su sueño cuando cuelgue los guantes es "comprar una casa en un pueblo y tener una cabra".

Difícil que tenga esa tranquilidad añorada, con Croacia en el horizonte.   No fue sólo en Moscú que se festejó la primera clasificación a cuartos de final de Copa del Mundo para la Rusia postsoviética.

Miles de personas salieron a las calles de San Petersburgo, la segunda ciudad más grande de Rusia, donde los gritos de alegría incluso invadieron el solemne Teatro Mariinsky en el intermedio de un ballet de Chaikovski, "La Bella Durmiente", cuando Rusia logró su calificación.

Cuando eran las ocho de la noche en San Petersburgo y Moscú, ya eran las dos de la mañana en Blagoveshchensk, en el Lejano Oriente ruso, aunque eso no impidió que muchos hinchas rusos salieran a las calles a cantar "Kalinka", canción tradicional rusa que se ha convertido en una especie de himno no oficial de la Copa del Mundo.