"¡Un golcito, por amor de Dios!". Cuando este imaginario pedido de una limosna que implica un grito, un desahogo, una alegría, en medio de un partido de fútbol se da a manera de ruego, de cántico, de desesperación de los hinchas, es una circunstancia normal en cualquier lugar del mundo. Pero cuando, como en este par de casos que analizaremos dentro de la Superliga Argentina, lo que se solicita es casi una rareza, un producto casi imposible de conseguir, la cuestión puede ser entre curiosa y dramática para el equipo que no puede meterla. Y no lo hace nunca, o casi.
El sábado que viene, en el Estadio Julio César Villagra, en Córdoba, se medirán dos verdaderos "secos". Belgrano recibirá a San Lorenzo. Será con la sensación de que hacer un gol tiene algo de milagroso, al menos, para ellos en este 2019.
La situación de sequía de piratas y cuervos es casi igual, sólo que en el caso del Celeste de Alberdi le toca en instancias clave para permanecer en Primera.
Lo de San Lorenzo tiene aire, tiempo, aunque estos descuidos de una temporada serán los que mirando hacia atrás, dentro de unos meses, pondrán al Ciclón en etapas ya vividas, y terminadas, con infierno una y con alivio otras.
Vamos a lo cercano. Belgrano empató en Tucumán 0 a 0 ante San Martín luego de 90 y pico de minutos en los que tuvo todo para ganar. Situaciones de sobra ante un rival minimizado, respecto de aquel Santo que derrotó a Racing o a Atlético en el clásico y dio pelea en varias canchas. Con la presunción de alguna interna entre hinchas, jugadores y el cuerpo técnico de Walter Coyette. Belgrano les pegó a los palos varias veces y, en otras, entre buenas respuestas del arquero Carranza y algunas inexactitudes en la definición el encuentro se le fue al cero, hasta con algún momento de incertidumbre cerca del arco de Rigamonti.
Fue óptima la prestación del colombiano Cuero, llegado para hacer dupla con Matías Suárez. Y la idea era muy buena. Pero Matías se fue a River cinco días antes del reinicio de la Superliga y dejó al Pirata con un garfio fallado en el brazo del gol y hasta una pata de palo desvencijada. Era Cuero para Suárez y a la inversa.
Ya allí, Belgrano quedó flameando en el ring. La llegada de Diego Mendoza (el ex-Huracán) no deja de ser importante, pero la sensación es de hueco ofensivo.
De todas maneras, fue Mendoza el actor principal de la ofensiva pirata en Tucumán.
Sequeira, Lugo, Brunetta y compañía no dan la talla de volantes que lleguen seguido con gol. Cuando pasa, es una situación esporádica. Tanto que, en los cotejos anteriores ante Argentinos Juniors y Boca, el que llegó al gol fue Lértora (habitualmente retrasado), erró en el último minuto ante el Bicho y le convirtió al Xeneize.
Hace mucho tiempo que Belgrano no cuenta con un ariete de esos que meten miedo. La figura del Luifa Artime emerge como la más fuerte en tiempos contemporáneos, si es que todavía lo son. Mamelli, Guerini, Cos, Reinaldi, Blazón, Spallina, el Chiche Sosa entre otros, remiten a goleadores implacables que además contaban con el abastecimiento de jugadores como Laciar, Monserrat, Villarreal y compañía en la mitad y "punteros" de la talla del Bocado Quiroga, el Rodi Rodríguez o la Milonga Heredia.
Entre tantos nombres, ascensos, descensos, provinciales, regionales, nacionales y torneos de Primera, parece mentira que la B no tenga quién la meta. Entre tanto jugador que uno imagina se probará en sus inferiores todos los años, en conjuntos de reserva que dan pelea hace tiempo, a pesar de ello, la pólvora está muy mojada. Y la situación no admite tirar con cebitas. Para ganar hay que hacer goles. Producto ausente en Alberdi.
San Lorenzo es el otro caso de carencias ofensivas (por cierto, les pasa a otros más).
Por el club de Boedo la política del club, respecto del fútbol, pareció cambiar de manera drástica. De un equipo austero, dirigido por el Pampa Biaggio, que logró sin mucho juego la clasificación a la Copa que está por comenzar en la zona de grupos y que peleó de a ratos las dos últimas Superligas, que se mancó en la parte final del 2018 al quedar fuera de la Sudamericana y que comenzó a perder terreno en lo local, se pasó al extremo de la llegada del empresario dueño de casi todo lo que pasa en el fútbol argentino: Christian Bragarnik y su técnico fetiche: Jorge Almirón.
Y con ellos, la salida de varios jugadores y la llegada de un colectivo con otros, todos de la troupe de los nombrados. Pero, entre lo que pasó con el Pampa y lo que ocurre ahora, la ausencia de gol es notable. Y el juego no mejora.
No estoy seguro de que los que llegaron sean mejores que Berterame (hoy en Patronato), Merlini (en Defensa), Conechny (en EE.UU.), Moyano (Argentinos Juniors) y alguno más. Es verdad que dicen los que siguen a San Lorenzo de cerca que ellos tuvieron sus oportunidades y no las aprovecharon. Habrá que saber cuántas fueron esas chances.
Es verdad, también, que a la par de la salida intempestiva de esos jóvenes San Lorenzo fue dándoles salida a símbolos de la era moderna como Ortigoza, Mercier, Caruso, Buffarini y las anteriores a la obtención de la Libertadores de Piatti y Correa, por ejemplo. Si hasta la vuelta al fútbol de Montillo, en Tigre, les da nostalgias a los cuervos, que observan que en cancha no tienen uno de esos.
Por estos días sigue siendo Blandi el nombre del posible gol. Si hasta ese grito ante Ñuls del sábado pasado tuvo vicios que el árbitro ignoró favoreciendo que se termine la virginidad de gritos en el 2019 para los de Almirón. Y ahí anda Gaich. Un portento físico, un interesante delantero con mucho gol que, dada la política del club y su empresario dominante, no sabremos si durará en San Lorenzo mucho tiempo antes de entrar en la ronda comercial que trajo a Boedo (o al Bajo Flores) a Rentería, Torres, Fértoli como nuevos extremos y una bolsa de jugadores de mitad para atrás.
La camiseta que usaron Pontoni, Sanfilippo, Fischer, Scotta, Ayala, Perazzo, Rinaldi, Acosta, Romeo y otros no tiene quién le rinda tributo. Al menos eso es lo que se ve.
Y, como en el caso de Belgrano, goles son amores.
Piratas y cuervos andan mendigando eso. No hay gritos, no hay emociones fuertes.
Y en este juego, sin goles, va a ser difícil. Ahora, Belgrano; en unos meses, San Lorenzo.
Osvaldo Alfredo Wehbe
La situación de sequía de piratas y cuervos es casi igual, sólo que en el caso del Celeste de Alberdi le toca en instancias clave para permanecer en Primera.
Lo de San Lorenzo tiene aire, tiempo, aunque estos descuidos de una temporada serán los que mirando hacia atrás, dentro de unos meses, pondrán al Ciclón en etapas ya vividas, y terminadas, con infierno una y con alivio otras.
Vamos a lo cercano. Belgrano empató en Tucumán 0 a 0 ante San Martín luego de 90 y pico de minutos en los que tuvo todo para ganar. Situaciones de sobra ante un rival minimizado, respecto de aquel Santo que derrotó a Racing o a Atlético en el clásico y dio pelea en varias canchas. Con la presunción de alguna interna entre hinchas, jugadores y el cuerpo técnico de Walter Coyette. Belgrano les pegó a los palos varias veces y, en otras, entre buenas respuestas del arquero Carranza y algunas inexactitudes en la definición el encuentro se le fue al cero, hasta con algún momento de incertidumbre cerca del arco de Rigamonti.
Fue óptima la prestación del colombiano Cuero, llegado para hacer dupla con Matías Suárez. Y la idea era muy buena. Pero Matías se fue a River cinco días antes del reinicio de la Superliga y dejó al Pirata con un garfio fallado en el brazo del gol y hasta una pata de palo desvencijada. Era Cuero para Suárez y a la inversa.
Ya allí, Belgrano quedó flameando en el ring. La llegada de Diego Mendoza (el ex-Huracán) no deja de ser importante, pero la sensación es de hueco ofensivo.
De todas maneras, fue Mendoza el actor principal de la ofensiva pirata en Tucumán.
Sequeira, Lugo, Brunetta y compañía no dan la talla de volantes que lleguen seguido con gol. Cuando pasa, es una situación esporádica. Tanto que, en los cotejos anteriores ante Argentinos Juniors y Boca, el que llegó al gol fue Lértora (habitualmente retrasado), erró en el último minuto ante el Bicho y le convirtió al Xeneize.
Hace mucho tiempo que Belgrano no cuenta con un ariete de esos que meten miedo. La figura del Luifa Artime emerge como la más fuerte en tiempos contemporáneos, si es que todavía lo son. Mamelli, Guerini, Cos, Reinaldi, Blazón, Spallina, el Chiche Sosa entre otros, remiten a goleadores implacables que además contaban con el abastecimiento de jugadores como Laciar, Monserrat, Villarreal y compañía en la mitad y "punteros" de la talla del Bocado Quiroga, el Rodi Rodríguez o la Milonga Heredia.
Entre tantos nombres, ascensos, descensos, provinciales, regionales, nacionales y torneos de Primera, parece mentira que la B no tenga quién la meta. Entre tanto jugador que uno imagina se probará en sus inferiores todos los años, en conjuntos de reserva que dan pelea hace tiempo, a pesar de ello, la pólvora está muy mojada. Y la situación no admite tirar con cebitas. Para ganar hay que hacer goles. Producto ausente en Alberdi.
San Lorenzo es el otro caso de carencias ofensivas (por cierto, les pasa a otros más).
Por el club de Boedo la política del club, respecto del fútbol, pareció cambiar de manera drástica. De un equipo austero, dirigido por el Pampa Biaggio, que logró sin mucho juego la clasificación a la Copa que está por comenzar en la zona de grupos y que peleó de a ratos las dos últimas Superligas, que se mancó en la parte final del 2018 al quedar fuera de la Sudamericana y que comenzó a perder terreno en lo local, se pasó al extremo de la llegada del empresario dueño de casi todo lo que pasa en el fútbol argentino: Christian Bragarnik y su técnico fetiche: Jorge Almirón.
Y con ellos, la salida de varios jugadores y la llegada de un colectivo con otros, todos de la troupe de los nombrados. Pero, entre lo que pasó con el Pampa y lo que ocurre ahora, la ausencia de gol es notable. Y el juego no mejora.
No estoy seguro de que los que llegaron sean mejores que Berterame (hoy en Patronato), Merlini (en Defensa), Conechny (en EE.UU.), Moyano (Argentinos Juniors) y alguno más. Es verdad que dicen los que siguen a San Lorenzo de cerca que ellos tuvieron sus oportunidades y no las aprovecharon. Habrá que saber cuántas fueron esas chances.
Es verdad, también, que a la par de la salida intempestiva de esos jóvenes San Lorenzo fue dándoles salida a símbolos de la era moderna como Ortigoza, Mercier, Caruso, Buffarini y las anteriores a la obtención de la Libertadores de Piatti y Correa, por ejemplo. Si hasta la vuelta al fútbol de Montillo, en Tigre, les da nostalgias a los cuervos, que observan que en cancha no tienen uno de esos.
Por estos días sigue siendo Blandi el nombre del posible gol. Si hasta ese grito ante Ñuls del sábado pasado tuvo vicios que el árbitro ignoró favoreciendo que se termine la virginidad de gritos en el 2019 para los de Almirón. Y ahí anda Gaich. Un portento físico, un interesante delantero con mucho gol que, dada la política del club y su empresario dominante, no sabremos si durará en San Lorenzo mucho tiempo antes de entrar en la ronda comercial que trajo a Boedo (o al Bajo Flores) a Rentería, Torres, Fértoli como nuevos extremos y una bolsa de jugadores de mitad para atrás.
La camiseta que usaron Pontoni, Sanfilippo, Fischer, Scotta, Ayala, Perazzo, Rinaldi, Acosta, Romeo y otros no tiene quién le rinda tributo. Al menos eso es lo que se ve.
Y, como en el caso de Belgrano, goles son amores.
Piratas y cuervos andan mendigando eso. No hay gritos, no hay emociones fuertes.
Y en este juego, sin goles, va a ser difícil. Ahora, Belgrano; en unos meses, San Lorenzo.
Osvaldo Alfredo Wehbe

