Néstor Ortigoza: “Que quede claro, yo no me vengo a retirar a Estudiantes”
En exclusiva con Puntal Verano, el refuerzo más importante del Celeste se refirió a sus objetivos en el León. Dijo sentirse muy cómodo en la ciudad e hizo un recorrido por toda su carrera, desde el potrero hasta Dubai
“Quiero dejarle claro a la gente de Estudiantes que yo no vengo a retirarme , ni vengo a pasear acá”. Así de claro fue Néstor Ortigoza ayer, en una entrevista exclusiva con Puntal Verano, desde la cancha de básquet del León. El último refuerzo del Celeste habló de todo. Tinelli, Lammens, Borghi, sus inicios y hasta Caruso Lombardi fueron nombrados en una charla sin desperdicios.
-¿Cómo han sido estos primeros días suyos en la ciudad? Generó mucho revuelo su presencia por estos lados. ¿Cómo ha sido su primera percepción?
-La verdad es que fueron días movidos, porque me tuve que mudar de Buenos Aires para acá. Estoy muy contento. No me esperaba tanto cariño. La verdad es que la gente en la calle me está haciendo sentir muy cómodo. Me han hecho sentir como si estuviera en mi casa y eso me pone muy feliz, tanto a mí como a mi familia. Mi nene, Federico, está muy contento y eso a uno le hace muy bien.
-No es fácil, es una decisión de vida. Implica trasladar a toda su familia con todo lo que eso implica, como por ejemplo el colegio…
-Sí. La verdad es que no soy de manejarme solo, siempre me manejo con mi señora y mis hijos; también están mis papás y mi hermano. Para uno es fundamental que ellos estén cómodos. Eso hace que uno pueda estar tranquilo de la cabeza.
-¿Con qué grupo de trabajo se encontró?
-Estoy sorprendido. Cuando el presidente fue a hablar conmigo, lo primero que le pregunté fue cómo estaba el grupo y la respuesta de él fue: “Con el grupo que tengo voy a la guerra”. La verdad, yo pensé que estaba exagerando para tratar de traerme. Pero la verdad es que no exageraba. Me encontré con un grupo espectacular, muy laburador. Un grupo que si hay que tirarse de cabeza, lo hace. Ninguno se come el cuento y están muy comprometidos con el desafío que tienen. Ya vienen hace varios años jugando juntos y están cumpliendo con los objetivos. Este de ahora es el objetivo mayor, que es terminar entre los cuatro primeros y pelear por el ascenso a primera. Creo yo que están muy enfocados y mentalizados. La verdad es que me pone muy contento y genera el desafío de subirse rápido a ese tren, porque si no quedás afuera.
-Uno rápidamente, por percepción, se da cuenta de que Río Cuarto es una realidad diferente, al menos en la forma de vida, de lo que vivió usted a lo largo de sus años. ¿Nota mucha diferencia en la forma de vida?
-Todavía no recorrí mucho, pero sí veo que es un lugar muy tranquilo, la gente es muy tranquila. Cuando salís en la camioneta no tenés embotellamientos. Todo está cerca y es muy cómodo. Cuando salís, la gente me hace sentir muy bien. Salí a caminar el otro día y nos hicieron sentir muy bien.
-Todos vieron ese vídeo jugando a las cabecitas en la pileta del club…
-Vine a la pileta con mi nene y nos pusimos a jugar con los chicos. La pasamos muy bien y había unos papás que filmaron. No pensé que eso iba a salir por todos lados.
-Hay una figura casi mitológica alrededor suyo respecto de jugar campeonatos de penales por dinero cuando estaba en las inferiores de Argentinos. De su tío, que fue el que le enseñó, ¿cuánto ganó su fútbol en el potrero?
-Yo creo que el potrero a mí me enseñó mucho. Pero creo que también la educación y la formación que te da un club, cómo te guía. Yo creo que desde las dos partes es bueno. Gracias a Dios pude tener las dos, la escuela del potrero y la del club, desde los 9 años. Eso me potenció para mi carrera.
-¿Cómo era esa historia en la que tiraba los botines a la casa de su abuela o de su tía, que eran un poco sus cómplices?
-Mis abuelos me llevaban a todos lados. Yo agarraba los botines y me iba con ellos. El que no me dejaba jugar en el potrero era mi papá, porque decía que me podía lastimar. Entonces yo ataba los botines y los tiraba en la casa de mi abuela.
-Hay una de cuando su tío Manuel le decía: “Jugá de cuatro así no recibís patadas y las pegás vos. Recibí al delantero de frente”…
-Sabés bien la historia. Él siempre me estaba viendo. Yo jugaba en el medio generalmente y él me decía eso.
-¿Cuántos años tenía?
-Unos 15 años…
-¿Y se enfrentaba con tipos de 35 o 40?
-La edad era libre. Yo era más chico, pero igual me pegaban.
-¿De dónde viene el vínculo con Paraguay?
-La familia de mi papá son todos paraguayos y la de mi mamá es de acá, de Argentina.
-Recuerdo que Maradona lo llama para la selección en diciembre de 2008, pero el amistoso se suspende por el triangular en el que Boca termina siendo campeón ante Tigre y San Lorenzo. Ahí es cuando aparece Paraguay. ¿Es así la historia?
-Sí. La citación se suspende por esa final y al poco tiempo me llamó Martino y me decidí por Paraguay. Era muy importante para mí en ese momento, porque era cumplirle un sueño a mi papá. El siempre siguió yendo a Paraguay y era un sueño para ambos.
-Una historia hermosa esa, porque creo que ha sido la mejor selección paraguaya de todos los tiempos, con lo que fue ese Mundial de Sudáfrica 2010, llegando a los cuartos de final, en esa serie durísima con España en la que quedaron afuera. ¿Qué le quedó de esa época? Pienso por ejemplo de en la historia de Salvador Cabañas.
-Yo jugué un solo partido con Cabañas, que fue en Venezuela, cuando debuté. Era un animal como jugaba. Una historia muy triste fue, porque era un jugadorazo. La verdad es que esa selección fue muy buena. Los grandes grupos hacen historia y ese fue el caso. Después del Mundial jugamos la final de la Copa América que perdemos con Uruguay. A mí, que venía desde afuera, nacionalizado y todo, recuerdo que me recibieron de la mejor manera. Tuve mucha suerte.
-Uno piensa en los nombres de esa selección y el desafío que implicaba entrar en ese vestuario y ganarse un lugar…
-Son unos fenómenos. Yo creo que los que tienen más trayectoria siempre suelen ser los más humildes. Porque ellos a mí me hicieron sentir espectacular y nunca estuve incómodo. Al contrario, por ahí a la prensa no le gustaban los nacionalizados y ellos me defendían y respaldaban. Para mí eso fue fundamental. Todavía hoy me hablo con ellos. Hace poco me tocó estar con Roque Santa Cruz en Olimpia y hablábamos de eso. El fue uno de los compañeros que tuve que me enseñó mucho desde lo humano.
-Hoy le toca estar acá, ha hecho una carrera extraordinaria, pero hubo un momento en Argentinos en el que la cosa no iba bien y tuvo que esperar para tener una oportunidad en primera. ¿Cuánto sirve ese ejemplo para los chicos sobre que nunca hay que bajar los brazos?
-Mi sueño era jugar en primera. Además, no lo podía defraudar a mi papá. Yo me había puesto una mochila enorme. El me seguía a todos lados. Yo jugaba en Argentinos y me tenía que ir a jugar a Córdoba o Rosario. Entonces, él se tomaba el micro después de estar todo el día trabajando y me iba a ver. Yo no estaba en primera, estaba en quinta. No lo podía defraudar. Pero hubo un momento en el que le dije ‘papá, yo no quiero jugar más’, y él me dijo que no aflojara. Después están los peores, esos que te preguntan a cada rato: ¿Cuándo vas a debutar vos? Y un día mi papá se levantó de la mesa y dijo en vos alta: “No les des bola a estos”, en voz bien alta, para que escucharan.
-Le pido que me cuente un poco de Caruso Lombardi.
-Un personaje, Caruso. Cada uno tiene su manera de ser. Eso no quiere decir que uno sea malo o bueno, tiene su personalidad. Caruso es así, lo tomás o lo dejás.
-Futbolísticamente parece un tipo muy rico, en cuanto a su capacidad de adaptarse a lo que tiene…
-Es un tipo que sabe mucho, Caruso. Por eso le ha ido muy bien en los equipos que estuvo.
-¿Cómo fue ese Argentinos Juniors campeón?
-Fue un equipazo. Teníamos referentes como Calderón, como Federico Domínguez… Lo teníamos a Raymonda, que era un fenómeno. Nos tocó un grupo de gente grande que tiraba para adelante. En ese momento el capitán era Matías Caruzzo y yo el subcapitán. Entonces llegó Calderón y nosotros le quisimos dar la cinta. La respuesta de él y la de Fede Domínguez también fue: “Ustedes son los capitanes y nosotros les vamos a ayudar”. El técnico era el Bichi Borghi.
-¿Qué es Borghi?
-Un crack. No hay otra definición. No sólo del fútbol sino de la vida. El me acomodó mucho en esa etapa. Yo venía del potrero y no es lo mismo. Vos en primera división tenés que saber comportarte y él me enseñó mucho en ese sentido.
-¿Cómo fue el cambio al pasar a San Lorenzo?
-Fue bravo porque no podía salir ni a la esquina a comprar un coca. San Lorenzo estaba peleando por no descender. La gente de San Lorenzo te puteaba y los rivales te gastaban. Yo sentí mucho ese cambio. Después llegó la gloria.
-En el medio está Dubai…
-Sí, claro. A mí me hizo crecer muchísimo, porque estuve solo. Federico era chico..., una tarde lo tuvimos que llevar al médico y era muy difícil hacerse explicar y por eso tomamos la decisión de que yo me quedara solo allá y la verdad me hizo crecer mucho.
-¿Y la vuelta a San Lorenzo?
-Fue con Pizzi primero, que ahí ganamos el campeonato, y después llega Bauza y ganamos la Copa.
-¿Qué son Tinelli y Lammens?
-Tinelli, el número “1”. Cosa que se propone, la logra. Se propuso levantar a San Lorenzo y lo levantó. Lammens es una persona muy inteligente, que todos pensaban que iba a ser una figurita a la que iban a manejar y está lejos de ser eso.
Javier Alabarracín
Comentá esta nota
Comentá esta nota
-¿Cómo han sido estos primeros días suyos en la ciudad? Generó mucho revuelo su presencia por estos lados. ¿Cómo ha sido su primera percepción?
-La verdad es que fueron días movidos, porque me tuve que mudar de Buenos Aires para acá. Estoy muy contento. No me esperaba tanto cariño. La verdad es que la gente en la calle me está haciendo sentir muy cómodo. Me han hecho sentir como si estuviera en mi casa y eso me pone muy feliz, tanto a mí como a mi familia. Mi nene, Federico, está muy contento y eso a uno le hace muy bien.
-No es fácil, es una decisión de vida. Implica trasladar a toda su familia con todo lo que eso implica, como por ejemplo el colegio…
-Sí. La verdad es que no soy de manejarme solo, siempre me manejo con mi señora y mis hijos; también están mis papás y mi hermano. Para uno es fundamental que ellos estén cómodos. Eso hace que uno pueda estar tranquilo de la cabeza.
-¿Con qué grupo de trabajo se encontró?
-Estoy sorprendido. Cuando el presidente fue a hablar conmigo, lo primero que le pregunté fue cómo estaba el grupo y la respuesta de él fue: “Con el grupo que tengo voy a la guerra”. La verdad, yo pensé que estaba exagerando para tratar de traerme. Pero la verdad es que no exageraba. Me encontré con un grupo espectacular, muy laburador. Un grupo que si hay que tirarse de cabeza, lo hace. Ninguno se come el cuento y están muy comprometidos con el desafío que tienen. Ya vienen hace varios años jugando juntos y están cumpliendo con los objetivos. Este de ahora es el objetivo mayor, que es terminar entre los cuatro primeros y pelear por el ascenso a primera. Creo yo que están muy enfocados y mentalizados. La verdad es que me pone muy contento y genera el desafío de subirse rápido a ese tren, porque si no quedás afuera.
-Uno rápidamente, por percepción, se da cuenta de que Río Cuarto es una realidad diferente, al menos en la forma de vida, de lo que vivió usted a lo largo de sus años. ¿Nota mucha diferencia en la forma de vida?
-Todavía no recorrí mucho, pero sí veo que es un lugar muy tranquilo, la gente es muy tranquila. Cuando salís en la camioneta no tenés embotellamientos. Todo está cerca y es muy cómodo. Cuando salís, la gente me hace sentir muy bien. Salí a caminar el otro día y nos hicieron sentir muy bien.
-Todos vieron ese vídeo jugando a las cabecitas en la pileta del club…
-Vine a la pileta con mi nene y nos pusimos a jugar con los chicos. La pasamos muy bien y había unos papás que filmaron. No pensé que eso iba a salir por todos lados.
-Hay una figura casi mitológica alrededor suyo respecto de jugar campeonatos de penales por dinero cuando estaba en las inferiores de Argentinos. De su tío, que fue el que le enseñó, ¿cuánto ganó su fútbol en el potrero?
-Yo creo que el potrero a mí me enseñó mucho. Pero creo que también la educación y la formación que te da un club, cómo te guía. Yo creo que desde las dos partes es bueno. Gracias a Dios pude tener las dos, la escuela del potrero y la del club, desde los 9 años. Eso me potenció para mi carrera.
-¿Cómo era esa historia en la que tiraba los botines a la casa de su abuela o de su tía, que eran un poco sus cómplices?
-Mis abuelos me llevaban a todos lados. Yo agarraba los botines y me iba con ellos. El que no me dejaba jugar en el potrero era mi papá, porque decía que me podía lastimar. Entonces yo ataba los botines y los tiraba en la casa de mi abuela.
-Hay una de cuando su tío Manuel le decía: “Jugá de cuatro así no recibís patadas y las pegás vos. Recibí al delantero de frente”…
-Sabés bien la historia. Él siempre me estaba viendo. Yo jugaba en el medio generalmente y él me decía eso.
-¿Cuántos años tenía?
-Unos 15 años…
-¿Y se enfrentaba con tipos de 35 o 40?
-La edad era libre. Yo era más chico, pero igual me pegaban.
-¿De dónde viene el vínculo con Paraguay?
-La familia de mi papá son todos paraguayos y la de mi mamá es de acá, de Argentina.
-Recuerdo que Maradona lo llama para la selección en diciembre de 2008, pero el amistoso se suspende por el triangular en el que Boca termina siendo campeón ante Tigre y San Lorenzo. Ahí es cuando aparece Paraguay. ¿Es así la historia?
-Sí. La citación se suspende por esa final y al poco tiempo me llamó Martino y me decidí por Paraguay. Era muy importante para mí en ese momento, porque era cumplirle un sueño a mi papá. El siempre siguió yendo a Paraguay y era un sueño para ambos.
-Una historia hermosa esa, porque creo que ha sido la mejor selección paraguaya de todos los tiempos, con lo que fue ese Mundial de Sudáfrica 2010, llegando a los cuartos de final, en esa serie durísima con España en la que quedaron afuera. ¿Qué le quedó de esa época? Pienso por ejemplo de en la historia de Salvador Cabañas.
-Yo jugué un solo partido con Cabañas, que fue en Venezuela, cuando debuté. Era un animal como jugaba. Una historia muy triste fue, porque era un jugadorazo. La verdad es que esa selección fue muy buena. Los grandes grupos hacen historia y ese fue el caso. Después del Mundial jugamos la final de la Copa América que perdemos con Uruguay. A mí, que venía desde afuera, nacionalizado y todo, recuerdo que me recibieron de la mejor manera. Tuve mucha suerte.
-Uno piensa en los nombres de esa selección y el desafío que implicaba entrar en ese vestuario y ganarse un lugar…
-Son unos fenómenos. Yo creo que los que tienen más trayectoria siempre suelen ser los más humildes. Porque ellos a mí me hicieron sentir espectacular y nunca estuve incómodo. Al contrario, por ahí a la prensa no le gustaban los nacionalizados y ellos me defendían y respaldaban. Para mí eso fue fundamental. Todavía hoy me hablo con ellos. Hace poco me tocó estar con Roque Santa Cruz en Olimpia y hablábamos de eso. El fue uno de los compañeros que tuve que me enseñó mucho desde lo humano.
-Hoy le toca estar acá, ha hecho una carrera extraordinaria, pero hubo un momento en Argentinos en el que la cosa no iba bien y tuvo que esperar para tener una oportunidad en primera. ¿Cuánto sirve ese ejemplo para los chicos sobre que nunca hay que bajar los brazos?
-Mi sueño era jugar en primera. Además, no lo podía defraudar a mi papá. Yo me había puesto una mochila enorme. El me seguía a todos lados. Yo jugaba en Argentinos y me tenía que ir a jugar a Córdoba o Rosario. Entonces, él se tomaba el micro después de estar todo el día trabajando y me iba a ver. Yo no estaba en primera, estaba en quinta. No lo podía defraudar. Pero hubo un momento en el que le dije ‘papá, yo no quiero jugar más’, y él me dijo que no aflojara. Después están los peores, esos que te preguntan a cada rato: ¿Cuándo vas a debutar vos? Y un día mi papá se levantó de la mesa y dijo en vos alta: “No les des bola a estos”, en voz bien alta, para que escucharan.
-Le pido que me cuente un poco de Caruso Lombardi.
-Un personaje, Caruso. Cada uno tiene su manera de ser. Eso no quiere decir que uno sea malo o bueno, tiene su personalidad. Caruso es así, lo tomás o lo dejás.
-Futbolísticamente parece un tipo muy rico, en cuanto a su capacidad de adaptarse a lo que tiene…
-Es un tipo que sabe mucho, Caruso. Por eso le ha ido muy bien en los equipos que estuvo.
-¿Cómo fue ese Argentinos Juniors campeón?
-Fue un equipazo. Teníamos referentes como Calderón, como Federico Domínguez… Lo teníamos a Raymonda, que era un fenómeno. Nos tocó un grupo de gente grande que tiraba para adelante. En ese momento el capitán era Matías Caruzzo y yo el subcapitán. Entonces llegó Calderón y nosotros le quisimos dar la cinta. La respuesta de él y la de Fede Domínguez también fue: “Ustedes son los capitanes y nosotros les vamos a ayudar”. El técnico era el Bichi Borghi.
-¿Qué es Borghi?
-Un crack. No hay otra definición. No sólo del fútbol sino de la vida. El me acomodó mucho en esa etapa. Yo venía del potrero y no es lo mismo. Vos en primera división tenés que saber comportarte y él me enseñó mucho en ese sentido.
-¿Cómo fue el cambio al pasar a San Lorenzo?
-Fue bravo porque no podía salir ni a la esquina a comprar un coca. San Lorenzo estaba peleando por no descender. La gente de San Lorenzo te puteaba y los rivales te gastaban. Yo sentí mucho ese cambio. Después llegó la gloria.
-En el medio está Dubai…
-Sí, claro. A mí me hizo crecer muchísimo, porque estuve solo. Federico era chico..., una tarde lo tuvimos que llevar al médico y era muy difícil hacerse explicar y por eso tomamos la decisión de que yo me quedara solo allá y la verdad me hizo crecer mucho.
-¿Y la vuelta a San Lorenzo?
-Fue con Pizzi primero, que ahí ganamos el campeonato, y después llega Bauza y ganamos la Copa.
-¿Qué son Tinelli y Lammens?
-Tinelli, el número “1”. Cosa que se propone, la logra. Se propuso levantar a San Lorenzo y lo levantó. Lammens es una persona muy inteligente, que todos pensaban que iba a ser una figurita a la que iban a manejar y está lejos de ser eso.
Javier Alabarracín
Noticias Relacionadas