¡Piratas a la vista!
El 19 de marzo Belgrano, uno de los grandes de Córdoba y del interior del país, cumplirá 114 años de historia
El sonido era el mismo. El retumbar de los bombos, las palmas acompañando y el cántico al viento. Algún grito pelado, suelto, a veces desencajado y otras, desubicado.
Se marcaba, de todas maneras, un cierto toque de humor, que caracteriza al hombre de estas tierras.
El sonido era el mismo. Primero lo percibí una mañana, cuando en una de mis visitas a mis hermanos que estudiaban en Córdoba, una manifestación estudiantil y obrera avanzaba sobre la avenida Colón reclamando una de las tantas cosas que el pueblo pedía por entonces. Tiempos del “Cordobazo”, de gremialistas de verdad, bien comprometidos; de estudiantes pegados a causas justas y nacionales, que en muchos casos, terminaron devorados por aquellos que los mandaron a una pelea inútil, la de las armas, y no la del pensamiento y la palabra.
Sonaban los bombos y los cánticos, y el grueso de la columna, con banderas y pasacalles, con letreros y caras limpias, pasaba frente a mis ojos.
Eso fue un viernes. Quedé impresionado. Para mis doce años, era algo extraordinario. El pueblo en las calles. Me quedó grabado en imagen y sonido por mucho tiempo. Pasaron años hasta que volvió a suceder. Y sucedió un domingo. El sonido era el mismo.
Los bombos, cerca del mediodía, retumbaban en las paredes de la vieja casa de la calle Santa Rosa, dos cuadras más allá del Hospital de Clínicas, célebre por ser, entre otras cosas, uno de los paisajes del Cordobazo. Escenografía de la aparición televisiva desde Córdoba de Don Sergio Villarroel informando de la pueblada.
No había manifestación ese domingo. Jugaba Belgrano por el Nacional. Ese Belgrano que está por cumplir 114 años. Un 19 de marzo de 1905, bajo la sombra de un árbol de algarrobo en barrio Alberdi, se realizó la asamblea que dio vida al Club Atlético Belgrano. Cabe destacar la edad del primer presidente de la institución quien tenía tan solo 14 años: Arturo Orgaz. Al poco tiempo el progreso urbano e inmobiliario los obligó a abandonar la "canchita del cañaveral" y se instalaron en un terreno cedido por el señor Ramón Moreno. En ese predio, tiempo después (en la década del veinte), se construiría el estadio de Belgrano, más conocido como el "Gigante de Alberdi", hoy "Julio César Villagra".
A fines de los sesenta, la máxima aspiración provinciana era entrar, después de ganar el torneo local y un durísimo regional, en los nacionales organizados por AFA, que permitieron que el otro país, la Argentina secreta, participara del fútbol de Buenos Aires, que nunca dejó de ser la “gran cabeza” de todo esto.
En el primer nacional (el del 67) no hubo equipos de Córdoba. Chaco For Ever le había ganado la final a Racing de Nueva Italia en el regional y lo mandó a jugar un campeonato que se llamó Promocional, que era una B del Nacional.
En el 68, Belgrano lo logró. Entró al Nacional. Y toda esa mezcla de fútbol y choripanes, de estudiantes y doctores, de guardapolvos y flores, todo eso que representa Alberdi -su barrio, las peñas, los cantores enamorados, los poetas del vino y los “piratas”- dio un paso nacional.
Se desprendió por un rato de los clásicos lugareños ante Talleres e Instituto y fue en búsqueda de las canchas que veíamos en El Gráfico, en la Goles, que escuchábamos por Fioravanti y que imaginábamos a la distancia.
El debut en los nacionales fue de local, en Alberdi, ante Lanús. El Lanús de los “albañiles”, Acosta y Silva, con Minitti y De Mario en las puntas.
Mucha gente quedó fuera, no consiguió lugar. Se vendieron 13.500 entradas y empataron cero a cero, con arbitraje de Arturo Ithurralde. Los celestes formaron con Piedra; Bracamonte, López, Cuellar y Garay; Ceballe, Syeyyguil y Altamirano; Cornejo, Mamelli y Dalombo.
En su partido de la cuarta fecha, en la Bombonera, ante Boca, debutó en el segundo tiempo, un rubio de Villa María, que sería bandera por muchos años, en la falange “pirata”: José Omar Reinaldi. En el final del cotejo, metió el único gol de su equipo que perdió tres a uno. Con 13 puntos, Belgrano fue el mejor equipo de tierra adentro en ese Nacional que ganó Vélez, en triangular final ante River y Racing.
Mucha agua pasó por el Suquía desde 1905. Muchos goles se gritaron en la tribuna que da a la cervecería, que sigue siendo esa, aunque los tiempos económicos se hayan llevado la fábrica al tacho. En esa tribuna, y en momentos en que la violencia era apenas una anécdota de alguna pedrea o insultos y piñas mano a mano, los “piratas” llegaban sobre la hora cantando con la música de la marcha peronista, un cántico que se hizo carne en la piel de Belgrano: “Viejo y glorioso Belgrano, de corazón sin igual…”.
Y pasó uno de los mejores Belgrano de la historia, el del 71, con Heredia, Cos y el Bocado Quiroga, adelante, con Miguel Laciar o Reinaldi de abastecedores. Y fueron pasando jugadores. Varios de acá. Sisalli, el Payo Aimar, Mansilla, Arias, Rodolfo Rodríguez, Guendulain, Andrés Aimar, Labarre y Mugnaini, entre otros.
Y después de años de ostracismo en los regionales, mientras los otros cordobeses jugaban en AFA por la famosa 1309, llegó el regional del 86 y la final ante Olimpo que lo puso en los torneos mayores. Y ascensos y descensos. Y grandes finales contra Banfield y hasta con Talleres. Y cientos de jugadores. Desde José LuisVillarreal, Martelotto y Juan José López, hasta el Chupete Guerini y el Diablo Monserrat. Arbarello, el Chiche Sosa y su bandera más grande: el Luifa Artime. Y los tiempos recientes del Ruso Zielinski con Olave, con Farré, con el Picante Pereyra y el Mudo Vázquez. Y la promoción histórica ante River.
Belgrano en momentos duros y difíciles. No serán ni los primeros ni los últimos. Si, en definitiva, han sido 114 años de luchas. 27 títulos locales y varios regionales.
Siendo una barricada permanente para defender al fútbol y al orgullo de tierra adentro.
Con el mismo sonido de toda la vida. El de los bombos que retumbaban en las paredes del barrio Alberdi. El que servía de música a los reclamos populares. Y de última, Belgrano ha sido siempre un reclamo popular, una bandera de lucha, una forma rebelde de mojarles la oreja a los poderosos. “¡Piratas a la vista!". Por 114 años más de resistencia.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Se marcaba, de todas maneras, un cierto toque de humor, que caracteriza al hombre de estas tierras.
El sonido era el mismo. Primero lo percibí una mañana, cuando en una de mis visitas a mis hermanos que estudiaban en Córdoba, una manifestación estudiantil y obrera avanzaba sobre la avenida Colón reclamando una de las tantas cosas que el pueblo pedía por entonces. Tiempos del “Cordobazo”, de gremialistas de verdad, bien comprometidos; de estudiantes pegados a causas justas y nacionales, que en muchos casos, terminaron devorados por aquellos que los mandaron a una pelea inútil, la de las armas, y no la del pensamiento y la palabra.
Sonaban los bombos y los cánticos, y el grueso de la columna, con banderas y pasacalles, con letreros y caras limpias, pasaba frente a mis ojos.
Eso fue un viernes. Quedé impresionado. Para mis doce años, era algo extraordinario. El pueblo en las calles. Me quedó grabado en imagen y sonido por mucho tiempo. Pasaron años hasta que volvió a suceder. Y sucedió un domingo. El sonido era el mismo.
Los bombos, cerca del mediodía, retumbaban en las paredes de la vieja casa de la calle Santa Rosa, dos cuadras más allá del Hospital de Clínicas, célebre por ser, entre otras cosas, uno de los paisajes del Cordobazo. Escenografía de la aparición televisiva desde Córdoba de Don Sergio Villarroel informando de la pueblada.
No había manifestación ese domingo. Jugaba Belgrano por el Nacional. Ese Belgrano que está por cumplir 114 años. Un 19 de marzo de 1905, bajo la sombra de un árbol de algarrobo en barrio Alberdi, se realizó la asamblea que dio vida al Club Atlético Belgrano. Cabe destacar la edad del primer presidente de la institución quien tenía tan solo 14 años: Arturo Orgaz. Al poco tiempo el progreso urbano e inmobiliario los obligó a abandonar la "canchita del cañaveral" y se instalaron en un terreno cedido por el señor Ramón Moreno. En ese predio, tiempo después (en la década del veinte), se construiría el estadio de Belgrano, más conocido como el "Gigante de Alberdi", hoy "Julio César Villagra".
A fines de los sesenta, la máxima aspiración provinciana era entrar, después de ganar el torneo local y un durísimo regional, en los nacionales organizados por AFA, que permitieron que el otro país, la Argentina secreta, participara del fútbol de Buenos Aires, que nunca dejó de ser la “gran cabeza” de todo esto.
En el primer nacional (el del 67) no hubo equipos de Córdoba. Chaco For Ever le había ganado la final a Racing de Nueva Italia en el regional y lo mandó a jugar un campeonato que se llamó Promocional, que era una B del Nacional.
En el 68, Belgrano lo logró. Entró al Nacional. Y toda esa mezcla de fútbol y choripanes, de estudiantes y doctores, de guardapolvos y flores, todo eso que representa Alberdi -su barrio, las peñas, los cantores enamorados, los poetas del vino y los “piratas”- dio un paso nacional.
Se desprendió por un rato de los clásicos lugareños ante Talleres e Instituto y fue en búsqueda de las canchas que veíamos en El Gráfico, en la Goles, que escuchábamos por Fioravanti y que imaginábamos a la distancia.
El debut en los nacionales fue de local, en Alberdi, ante Lanús. El Lanús de los “albañiles”, Acosta y Silva, con Minitti y De Mario en las puntas.
Mucha gente quedó fuera, no consiguió lugar. Se vendieron 13.500 entradas y empataron cero a cero, con arbitraje de Arturo Ithurralde. Los celestes formaron con Piedra; Bracamonte, López, Cuellar y Garay; Ceballe, Syeyyguil y Altamirano; Cornejo, Mamelli y Dalombo.
En su partido de la cuarta fecha, en la Bombonera, ante Boca, debutó en el segundo tiempo, un rubio de Villa María, que sería bandera por muchos años, en la falange “pirata”: José Omar Reinaldi. En el final del cotejo, metió el único gol de su equipo que perdió tres a uno. Con 13 puntos, Belgrano fue el mejor equipo de tierra adentro en ese Nacional que ganó Vélez, en triangular final ante River y Racing.
Mucha agua pasó por el Suquía desde 1905. Muchos goles se gritaron en la tribuna que da a la cervecería, que sigue siendo esa, aunque los tiempos económicos se hayan llevado la fábrica al tacho. En esa tribuna, y en momentos en que la violencia era apenas una anécdota de alguna pedrea o insultos y piñas mano a mano, los “piratas” llegaban sobre la hora cantando con la música de la marcha peronista, un cántico que se hizo carne en la piel de Belgrano: “Viejo y glorioso Belgrano, de corazón sin igual…”.
Y pasó uno de los mejores Belgrano de la historia, el del 71, con Heredia, Cos y el Bocado Quiroga, adelante, con Miguel Laciar o Reinaldi de abastecedores. Y fueron pasando jugadores. Varios de acá. Sisalli, el Payo Aimar, Mansilla, Arias, Rodolfo Rodríguez, Guendulain, Andrés Aimar, Labarre y Mugnaini, entre otros.
Y después de años de ostracismo en los regionales, mientras los otros cordobeses jugaban en AFA por la famosa 1309, llegó el regional del 86 y la final ante Olimpo que lo puso en los torneos mayores. Y ascensos y descensos. Y grandes finales contra Banfield y hasta con Talleres. Y cientos de jugadores. Desde José LuisVillarreal, Martelotto y Juan José López, hasta el Chupete Guerini y el Diablo Monserrat. Arbarello, el Chiche Sosa y su bandera más grande: el Luifa Artime. Y los tiempos recientes del Ruso Zielinski con Olave, con Farré, con el Picante Pereyra y el Mudo Vázquez. Y la promoción histórica ante River.
Belgrano en momentos duros y difíciles. No serán ni los primeros ni los últimos. Si, en definitiva, han sido 114 años de luchas. 27 títulos locales y varios regionales.
Siendo una barricada permanente para defender al fútbol y al orgullo de tierra adentro.
Con el mismo sonido de toda la vida. El de los bombos que retumbaban en las paredes del barrio Alberdi. El que servía de música a los reclamos populares. Y de última, Belgrano ha sido siempre un reclamo popular, una bandera de lucha, una forma rebelde de mojarles la oreja a los poderosos. “¡Piratas a la vista!". Por 114 años más de resistencia.
Osvaldo Alfredo Wehbe