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Por los siglos de los siglos

Boca y River definirán la Copa Libertadores. Algo que es probable vuelva a repetirse en años venideros. O tal vez nunca jamás
 
Esta nota, salvo mejor opinión de la lluvia y otras cuestiones ajenas al juego, será la última antes de la "marca" indeleble que quedará en Boca y en River, desde este sábado a la noche.

Final de la Copa Libertadores. Algo que es probable vuelva a repetirse en años venideros. O tal vez nunca jamás.

Si no pasó en años anteriores fue porque la Conmebol había decidido que los conjuntos de un mismo país debían cruzarse en semifinales para no llegar al partido decisivo con la misma bandera.

Esta vez será a todo o nada. Y una salvedad: Boca y River seguirán viviendo, existiendo y jugando, gane quien lo haga el sábado por la tarde.

Su historia no acabará ese día. Sí será un hito en medio de un hermoso cuento de fútbol que involucra a las dos expresiones más populares del país de la redonda, por estos lados.

Con una paridad llamativa en el encuentro de ida, bien jugado, con cuatro goles y sin demasiada pierna fuerte, xeneizes y millonarios afrontarán la final de una de las Copas más conversadas de los últimos tiempos.

Con la Conmebol en estado de sospecha y certeza sobre sus manejos paralelos a los de la Fifa, cada arbitraje, cada protesta, cada VAR se someten en estos tiempos a la "investigación" y a la "alcahuetería" de manera permanente; al juego de quién es más "vivo" o quién capaz de sacar ventaja en los escritorios a la par de la cancha.

Suspensiones, malas inclusiones, especulaciones varias, con VAR o sin él, idas y vueltas, desmentidas de cuajo en el cotejo de ida, con un buen comportamiento del público boquense y de los jugadores que colaboraron para que el arbitraje del chileno Tobar pase casi desapercibido.

Mirando hacia el Monumental, pensando en el sábado, será muy difícil que River y Boca se disfracen. Uno presume volverán a ser lo que vienen siendo. River, un conjunto armado tácticamente y un cachito más rápido en el medio respecto a su rival. Y Boca, que viene navegando por buenas aguas (dejó atrás a los brasileños sin discusión), ha mejorado en el funcionamiento, lo que, agregado a la potencia ofensiva que posee en sus individualidades, lo ponen en pie de igualdad con el que se sitúe adelante, tratando de romper el "maleficio" de Gallardo y los suyos de los últimos años.

Seduce el partido. Inspira a la adrenalina de los hinchas como ningún otro cotejo. Preocupa saber qué pasará en Núñez si el ganador es el visitante.

Satisface todas las expectativas de los "neutrales", que no serán tales, porque por una cuestión u otra, habrá siempre una inclinación hacia "bosteros" o "gallinas".

Alguna circunstancia puntual, como la diferencia de capacidad entre los arqueros, quedó más o menos resuelta con Rossi en buen nivel y la posibilidad de la vuelta de Andrada en Boca. Por otra parte, Armani ya demostró ser humano.

Las defensas dejan sus debilidades a flor de piel en las pelotas paradas y los laterales de ambos van mejor de lo que vuelven. Para Boca es una buena noticia la recuperación futbolística de Julio Buffarini y en River, que Casco se parezca un poco más al de Ñuls es interesante.

La trilogía Nández, Barrios y Pablo Pérez es de un nivel muy alto. Y si enfrente se paran Palacios, Enzo Pérez, Ponzio y Martínez, la lucha será fantástica. Sin Borré, suspendido, River pierde un valor en alza. Si Pavón no llega, Boca carecerá del último de los wines en plaza.

También fue el del domingo 11 una cierta reivindicación de Pratto para con los simpatizantes de River y la salida de Pavón pareció increíblemente acomodarle el cuadro al mellizo.

River contaría con Scocco. Boca tiene a Wanchope y a Benedetto, este último en estado de gracia. Los técnicos siguen con el rótulo, de "pareciera que Gallardo es más que el Mellizo", algo aceptado en parte en este mismo lugar, pero sujeto absolutamente al resultado. El Muñeco dejará de ser Napoleón de inmediato si su equipo cae el sábado y Guillermo volverá a ser el "niño mimado" de La Boca, si da la vuelta en el Monumental.

En fin, no hay algo de lo que aquí esté escrito que Usted no lo sepa o lo piense. Es el tema de la semana y salvando el Mundial, el más importante del año. El tema es que, sí o sí, el resultado del sábado habrá marcado a ambos. Por los siglos de los siglos. Amén.



Osvaldo Alfredo Wehbe