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¡Que Mendoza los vea jugar!

Chocan mañana mano a mano por primera vez desde 1976
 
¿Llevo lo de siempre, lo de cada viaje, para relatar un partido los fines de semana y otros días de casi toda una vida? ¿O agrego máscara de oxígeno, escudo protector, coraza, chaleco antibalas y pasaporte sellado, con visa, para ver esta final, también?

Boca y River van a jugar mañana la final de la Supercopa Argentina.

Un invento más para entregarle a los hinchas un cachito de adrenalina y, por supuesto, más dinero a la televisión.

Esa adrenalina, en este tipo de encuentros sueltos y sin demasiada tradición, tiene que ver directamente con los rivales que se enfrentan.

Boca y River jugaron cuatro de las cinco Supercopas anteriores, que nacieron en 2012. Y las perdieron todas.

Boca ante Arsenal por penales en el 2012, en Catamarca y con goleada incluida, 0-4 frente a San Lorenzo, en Córdoba en el 2015.

Por su parte, River perdió en San Juan en el 2015 ante Huracán, uno a cero, y en la última, contra Lanús, 0-3 en La Plata.

La única vez que estos conjuntos no jugaron este trofeo fue en el 2013, cuando Vélez le ganó a Arsenal, en San Luis, uno a cero.

Es decir, salvo, por el resultado, la caída de Boca ante San Lorenzo o por lo categórico también de la derrota de River ante Lanús, la cuestión llega hasta unos días después. Y hubiese ocurrido igual si la ganaban. No da para más.

Pero resulta que River ganó la Copa Argentina y Boca esperaba rival. Y como no ocurrió jamás, salvo en el Nacional 76, los equipos del metegol de la Argentina jugarán un mano a mano, que tiene una importancia mayor que varios de los choques veraniegos por ellos protagonizados en Mar del Plata y en otros lugares del país, como en Mendoza, justamente.

Y desde que se supo, el día, la cancha, la hora y demás, el morbo mediático no ha hecho más que regar la pasión lógica que tiene ver frente a frente a millonarios y xeneizes, en cualquier momento de la vida.

Si hubiera que "vender" el partido, desde lo periodístico, sin amarillismos y mensajes para hinchas que quieren escuchar o leer lo que quieren, sería el "boletín" algo complicado de hacer.

Es fácil decir Boca viene puntero cómodo en la Superliga y River es un desastre desde hace unos cuantos meses. Y es verdad, por cierto.

La situación extraña es la calidad de "intruso" del Millonario en estos tiempos del fútbol nacional. Con un poderío en plantilla, importante desde lo cualitativo, como en cantidad, los de Gallardo no responden. Están tildados. En “mute”. En algo así como "detenga la acción" en los viejos y muy añejos capítulos de Dick Tracy, detective que peleaba contra el mal.

Boca no es una máquina. No juega mejor que muchos de la Superliga. Talleres, Independiente o Racing, por nombrar algunos, practican mejor fútbol. Los de Godoy Cruz, sin bucear mucho, son más ordenados que los de Guillermo. Sin embargo, el colchón de puntos logrado en la primera etapa de la Superliga, el año pasado, más algunos resultados ceñidos, fortuitos y hasta discutidos arbitralmente lo hacen casi inalcanzable en el torneo y gran candidato para el derbi de mañana.

Es más, Boca, con su poderío, a pesar de varios lesionados, queda sumergido en la discusión mediática y tribunera respecto a su influencia en los escritorios, sólo porque en la cancha no cierra lo que debería: resultados holgados o al menos indiscutibles. Boca, decididamente, está jugando feo.

Pero no como River. El Millonario juega peor que feo. Lo hace muy mal. Inconexo. Si hasta parecieran sus muchachos no haber ganado jamás algo, y vaya si lo han hecho muchos de ellos, con la camiseta de la banda roja.

En Boca, a pesar de no tener un buen andar, las individualidades, le aparecen de a ratos, al menos. River no logra últimamente ni eso y salvo algo de Scocco, meses atrás; el conjunto de Núñez muestra maniquíes con apellidos de Fernández, Martínez, Pérez, Rojas, Pinola, Maidana y siguen las firmas.

Se jugará mañana un partido. Apenas eso. Es verdad que son River y Boca. Que hay en juego una copa. Que el que pierda (fundamentalmente River) no saldrá indemne de ello, pero no va más allá que eso.

El estadio mendocino es precioso, de los más lindos del país. Ha cobijado a muchos clásicos entre bosteros y gallinas en verano, y los hinchas entraron y salieron en el Parque General San Martín, juntos, caminando simplemente en veredas opuestas o grupos separados.

La intromisión que llegará desde Buenos Aires, vía ruta 7, es la que pone en riesgo lo que debiera ser una fiesta.

Los "barras", la Doce, los Borrachos del Tablón, los propietarios de los estacionamientos, viajes, entradas, estupefacientes y afines decidirán si se apropian una vez más de la alegría del pueblo futbolero.

Hubo reuniones y pedidos, no para organizar la fiesta, sí, para tratar de suspenderla por el "alto riesgo".

Ojalá el triunfo sea del fútbol. Gane quien gane. A este desvencijado fútbol argentino, le hace falta una satisfacción fuera de la cancha, tal vez más que en el verde césped.

Duda uno antes de partir sobre qué llevar en el bolsito de cada fecha.

Es que si bien se va en búsqueda de goles y emociones, la incapacidad de todos los que arman la mesa del fútbol, de todas las patas, capaz, arruine esto tan lindo que es nombrar juntos y por un trofeo a Boca y River.



Osvaldo Alfredo Wehbe