Rapsodia Bohemia, la obertura del concierto
Por Agustín Hurtado
En tiempos en que Freddy Mercury y Queen han vuelto a las marquesinas, debido al estreno de la película Rapsodia Bohemia, Boca y River le hicieron honor a la icónica canción de la banda inglesa, que le da nombre al film. Es que el encuentro de ida de la final de la Copa Libertadores tuvo todas las sensaciones que transmite el hit de más de seis minutos.
En parte, River y Boca fueron las dos caras de Queen. El Millonario es la banda. El Xeneize es Freddie Mercury.
River es un equipo que tiene un libreto y lo sostiene. Funciona sin fisuras con una base bien marcada. Por un lado, el seguro triángulo Armani - Pinola -Maidana suena con el ritmo marcado de la batería de Roger Taylor y el bajo de John Deacon. El medio campo, con Gonzalo Martínez como insignia, es la guitarra llena de colores de Brian May. El Millonario arranca desde su sólida estructura y despliega sus alas para atacar.
Así lo hizo en el primer tiempo del encuentro de ayer, en el que fue superior a Boca. Pero, pese a ello se fue perdiendo y eso pasó porque el Xeneize tiene a sus “frontman”. Esas figuras individuales al estilo Freddie Mercury, que son capaces de inventar goles donde no aparecen, que brillan con luz propia. Eso son Ábila y Benedetto.
Como la canción, el encuentro tuvo problemas para estrenarse. La lluvia obligó a esperarlo un día más. Cuando por fin vio la luz, empezó con una introducción armónica, con River poniéndole su estilo. La salida de Pavón fue la señal para que ingresara a escena la “sección operística”. En el final del primer tiempo comenzó un subibaja de emociones que se trasladó hasta el segundo gol de River e incluyó los momentos de tensión. Después, volvió a sonar el piano de Mercury y el encuentro fue cayendo en ritmo.
El juego se fue perdiendo como la voz del nacido en Zanzíbar en el tema y dejó a todos al borde del asiento con la sensación de haber sido víctimas de un huracán emocional.
La obertura de Boca y River dejó todo, valga la redundancia, abierto. Al no valer doble el gol de visitante, el encuentro de ayer no definió nada. Todo se cerrará en el Monumental. Eso sí, las emociones vividas no se las olvidará nadie.
Agustín Hurtado
En parte, River y Boca fueron las dos caras de Queen. El Millonario es la banda. El Xeneize es Freddie Mercury.
River es un equipo que tiene un libreto y lo sostiene. Funciona sin fisuras con una base bien marcada. Por un lado, el seguro triángulo Armani - Pinola -Maidana suena con el ritmo marcado de la batería de Roger Taylor y el bajo de John Deacon. El medio campo, con Gonzalo Martínez como insignia, es la guitarra llena de colores de Brian May. El Millonario arranca desde su sólida estructura y despliega sus alas para atacar.
Así lo hizo en el primer tiempo del encuentro de ayer, en el que fue superior a Boca. Pero, pese a ello se fue perdiendo y eso pasó porque el Xeneize tiene a sus “frontman”. Esas figuras individuales al estilo Freddie Mercury, que son capaces de inventar goles donde no aparecen, que brillan con luz propia. Eso son Ábila y Benedetto.
Como la canción, el encuentro tuvo problemas para estrenarse. La lluvia obligó a esperarlo un día más. Cuando por fin vio la luz, empezó con una introducción armónica, con River poniéndole su estilo. La salida de Pavón fue la señal para que ingresara a escena la “sección operística”. En el final del primer tiempo comenzó un subibaja de emociones que se trasladó hasta el segundo gol de River e incluyó los momentos de tensión. Después, volvió a sonar el piano de Mercury y el encuentro fue cayendo en ritmo.
El juego se fue perdiendo como la voz del nacido en Zanzíbar en el tema y dejó a todos al borde del asiento con la sensación de haber sido víctimas de un huracán emocional.
La obertura de Boca y River dejó todo, valga la redundancia, abierto. Al no valer doble el gol de visitante, el encuentro de ayer no definió nada. Todo se cerrará en el Monumental. Eso sí, las emociones vividas no se las olvidará nadie.
Agustín Hurtado