River, un gremio; Boca, un ahorrista
El Millonario va con la obligación de revertir el 0-1 de la ida y el Xeneize con la tranquilidad del 2-0
Mientras el fútbol argentino contiene en su médula la discusión instalada por el oficialismo de hacer de los clubes sociedades anónimas y se intenta, además, modificar en sustancia la ley 27.211 de formación deportiva, que en la Justicia tuvo sus dos primeros casos de aplicación en defensa de los clubes pequeños, formadores de futbolistas, lo que no les ha gustado a los poderosos; transcurre la Superliga con Racing arriba y se polariza la opinión de los habitantes del país futbolero, que, en su mayoría (lo son), tienen entre ceja y ceja lo que puede ocurrir entre hoy y mañana en Brasil.
River quedó mal parado y Boca bien. Entre los cuatro semifinalistas de la Copa hubo cuestiones que marcaron el rumbo la semana pasada.
La cabeza de Michel en un partido parejo en el Monumental, sin el River que nos tiene acostumbrados Gallardo a presentar, al menos en los últimos meses. Poco River. Y no tanto Gremio, que termina agigantando su imagen a partir de la victoria, que puede ser determinante para que el actual campeón vuelva a jugar la final de la Libertadores.
Gremio jugará con algunos de los que no estuvieron en Núñez y sin Kannemann, suspendido, lo que no parece un dato menor. Y no es que el exjugador de San Lorenzo sea Beckenbauer o algo parecido, pero desde lo anímico y estructural, es uno de los pilares defensivos del Tricolor.
Es hoy, tanto como el martes pasado, sencillo, elucubrar posibilidades. Se cae inmediatamente en la paridad de fuerzas. Gremio no superó a River en el juego. Lo neutralizó, eso sí y metió un gol. Ahora es el turno del Millonario de cambiar la ecuación. De darla vuelta. Y eso sólo lo logrará ganando, algo no fácil de lograr en tierra gaúcha.
De última es un desafío interesante que servirá para ratificar que River viene caminando sobre rivales argentinos (Racing, Independiente, el mismo Boca) y se le hace cuesta arriba jugar con conjuntos de otro país.
Quedó dicho aquí la semana pasada, que por esta misma instancia, el año pasado, River trastabilló mal ante Lanús, algo que fue "salvado" por la obtención de la Copa Argentina frente a los tucumanos y la victoria de principio de este año en Mendoza, por la Supercopa Argentina ante Boca. Eso puso de pie a River y lo mandó hacia una serie de resultados, cortada la semana anterior contra Colón en el ámbito local y Gremio, luego.
Los tantos de Darío Benedetto, impensados a la altura de un cotejo mediocre y anodino, pusieron a Boca en un sitio de privilegio, esperando el cotejo de mañana en San Pablo ante el Palmeiras. Hay algo real: los de Scolari casi ni inquietaron a los xeneizes en la ida y la victoria de Boca quedó plenamente justificada. El o los goles pudieron haber llegado antes. Los golpes de nocaut del Pipa sirvieron para ganar por esa vía un encuentro sin demasiadas emociones. Digamos que Benedetto volvió en el momento justo. Un gran delantero, que en medio de un grupo de muy buenos jugadores de ofensiva (Ábila, Tévez, Pavón, Espinoza, Zárate y Villa) es el que tiene el arco entre ceja y ceja. Se lo comparaba, luego del cotejo del miércoles, con Palermo; y la similitud, si es que existe, es esa. La de pensar siempre en la red rival, esté en la posición en que esté, cerca o lejos del arco contrario.
Dos goles. Eso es lo que tendrá que hacer Palmeiras para empardar la serie.
Boca (con todo el gol que lleva adentro del plantel), casi siempre, uno hace. Y en ese caso, los paulistas deberán convertir cuatro.
Esto es, si Boca hace las cosas medianamente bien, será uno de los finalistas, salvo error u omisión de su sistema defensivo.
El fútbol argentino anda por caminos similares al país todo. Internamente hay temas a los cuales es necesario hacerles una barricada para que no triunfen aquellos que desean cambiar el rumbo de la historia social de los clubes. Por fuera, que ganen Boca, River o el que sea es lo que le interesa al hincha. Porque a los temas, Derecho de Formación y Sociedades Anónimas, los medios hegemónicos no los tratan demasiado. Son cómplices de la "embestida" por conveniencia o intereses. O simplemente porque no existe el compromiso de pelear por aquellos que están en desventaja a pesar de ser la base de una pirámide en cuya punta viven muy pocos.
Hoy River, mañana Boca. Hoy Gremio, mañana Palmeiras. River tendrá que ser un gremio unido para darlo vuelta y Boca un ahorrista calculador para conservar lo ganado.
Para saber, como decíamos hace una semana, cuál será el humor de una mitad, de la otra, o de todos.
Osvaldo Alfredo Wehbe
River quedó mal parado y Boca bien. Entre los cuatro semifinalistas de la Copa hubo cuestiones que marcaron el rumbo la semana pasada.
La cabeza de Michel en un partido parejo en el Monumental, sin el River que nos tiene acostumbrados Gallardo a presentar, al menos en los últimos meses. Poco River. Y no tanto Gremio, que termina agigantando su imagen a partir de la victoria, que puede ser determinante para que el actual campeón vuelva a jugar la final de la Libertadores.
Gremio jugará con algunos de los que no estuvieron en Núñez y sin Kannemann, suspendido, lo que no parece un dato menor. Y no es que el exjugador de San Lorenzo sea Beckenbauer o algo parecido, pero desde lo anímico y estructural, es uno de los pilares defensivos del Tricolor.
Es hoy, tanto como el martes pasado, sencillo, elucubrar posibilidades. Se cae inmediatamente en la paridad de fuerzas. Gremio no superó a River en el juego. Lo neutralizó, eso sí y metió un gol. Ahora es el turno del Millonario de cambiar la ecuación. De darla vuelta. Y eso sólo lo logrará ganando, algo no fácil de lograr en tierra gaúcha.
De última es un desafío interesante que servirá para ratificar que River viene caminando sobre rivales argentinos (Racing, Independiente, el mismo Boca) y se le hace cuesta arriba jugar con conjuntos de otro país.
Quedó dicho aquí la semana pasada, que por esta misma instancia, el año pasado, River trastabilló mal ante Lanús, algo que fue "salvado" por la obtención de la Copa Argentina frente a los tucumanos y la victoria de principio de este año en Mendoza, por la Supercopa Argentina ante Boca. Eso puso de pie a River y lo mandó hacia una serie de resultados, cortada la semana anterior contra Colón en el ámbito local y Gremio, luego.
Los tantos de Darío Benedetto, impensados a la altura de un cotejo mediocre y anodino, pusieron a Boca en un sitio de privilegio, esperando el cotejo de mañana en San Pablo ante el Palmeiras. Hay algo real: los de Scolari casi ni inquietaron a los xeneizes en la ida y la victoria de Boca quedó plenamente justificada. El o los goles pudieron haber llegado antes. Los golpes de nocaut del Pipa sirvieron para ganar por esa vía un encuentro sin demasiadas emociones. Digamos que Benedetto volvió en el momento justo. Un gran delantero, que en medio de un grupo de muy buenos jugadores de ofensiva (Ábila, Tévez, Pavón, Espinoza, Zárate y Villa) es el que tiene el arco entre ceja y ceja. Se lo comparaba, luego del cotejo del miércoles, con Palermo; y la similitud, si es que existe, es esa. La de pensar siempre en la red rival, esté en la posición en que esté, cerca o lejos del arco contrario.
Dos goles. Eso es lo que tendrá que hacer Palmeiras para empardar la serie.
Boca (con todo el gol que lleva adentro del plantel), casi siempre, uno hace. Y en ese caso, los paulistas deberán convertir cuatro.
Esto es, si Boca hace las cosas medianamente bien, será uno de los finalistas, salvo error u omisión de su sistema defensivo.
El fútbol argentino anda por caminos similares al país todo. Internamente hay temas a los cuales es necesario hacerles una barricada para que no triunfen aquellos que desean cambiar el rumbo de la historia social de los clubes. Por fuera, que ganen Boca, River o el que sea es lo que le interesa al hincha. Porque a los temas, Derecho de Formación y Sociedades Anónimas, los medios hegemónicos no los tratan demasiado. Son cómplices de la "embestida" por conveniencia o intereses. O simplemente porque no existe el compromiso de pelear por aquellos que están en desventaja a pesar de ser la base de una pirámide en cuya punta viven muy pocos.
Hoy River, mañana Boca. Hoy Gremio, mañana Palmeiras. River tendrá que ser un gremio unido para darlo vuelta y Boca un ahorrista calculador para conservar lo ganado.
Para saber, como decíamos hace una semana, cuál será el humor de una mitad, de la otra, o de todos.
Osvaldo Alfredo Wehbe