Por fin terminó el partido ante España y el reloj marca que quedan 78 días y 17 horas para que comience a rodar la pelota en Rusia.
Seguramente, la sensación de muchos con esa cuenta regresiva, que comenzó en la Plaza Roja de Moscú cuando restaban 100 amaneceres para el inicio de la competencia más apasionante del mundo, es ahora muy diferente.
El gran momento de Messi en el Barcelona, el presente de Higuaín en la Juventus, los goles del Kun Agüero en el Manchester City, Di María recuperando su nivel en el PSG y ese exitismo propio del futbolero nacional hacían que miráramos ese reloj cada cinco minutos soñando con descontarle al calendario días enteros para que llegue el Mundial, no uno más, el último de la Pulga en plenitud.
“Es ahora o nunca”, dijo horas atrás el rosarino, justo después de la victoria ante Italia (un triunfo mucho más simbólico por la historia de la camiseta que se tenía enfrente que en realidad por el nivel de una selección deprimida que verá la Copa del Mundo por televisión). Esa declaración nuevamente encendió nuestro fanatismo desmedido. “Messi está enchufado, ahora no se nos escapa” podía escuchar uno en cualquier charla futbolística.
Pero llegaron los 90 minutos de Madrid, el 6 a 1 en contra y un baile que quedará en la historia más allá que se haya tratado de un amistoso.
Y con la bipolaridad sanguínea que nos caracteriza, la euforia y la certeza de que estábamos para levantar la copa y festejar tomando vodka, cantando “Rusia, decime que se siente” al frente del Palacio del Kremlin, se nos desvanecieron a medida que veíamos a Rojo y compañía tratar de cortar algún avance de los españoles.
Ya no queremos que el reloj se acelere, 78 días y 17 horas es muy poco para encontrar el equipo.
Argentina jugó un partido para el olvido, tuvo un par de chances para anotar cuando el partido comenzaba y aún había paridades, pero después fue superado por un rival que juega prácticamente de memoria, que aprovechó cada situación que tuvo para hilvanar una de esas goleadas muy difíciles de repetir.
Ese es el análisis que debemos realizar, sabiendo que faltaba el ancho de espadas, Agüero, Di María...
Hoy todos hablarán de la defensa, del nivel del Mascherano, de los defectos de Sampaoli (y su poder de lobby) y pasaremos de ser candidatos a la gloria a un número puesto para irnos en la primera ronda.
Tranquilos, hoy faltan 77 días y mucho trabajo por realizar. Por una vez en la vida tenemos que dejar de vivir al ritmo de los resultados pasando del blanco al negro sin ningún matiz de gris intermedio.
¿Argentina puede salir campeón de mundo? Claro, tiene al mejor jugador del planeta y a algunos de los futbolistas más cotizados, pero quedó claro que deberá corregir muchas cosas para poder llegar a serlo.
El partido de ayer fue una buena muestra para saber dónde estamos parados, que seguramente es un lugar intermedio entre el exitismo desmedido luego del partido ante Italia y este panorama apocalíptico que se instaló en todos después de la histórica goleada en contra.
Tristán Amado
El gran momento de Messi en el Barcelona, el presente de Higuaín en la Juventus, los goles del Kun Agüero en el Manchester City, Di María recuperando su nivel en el PSG y ese exitismo propio del futbolero nacional hacían que miráramos ese reloj cada cinco minutos soñando con descontarle al calendario días enteros para que llegue el Mundial, no uno más, el último de la Pulga en plenitud.
“Es ahora o nunca”, dijo horas atrás el rosarino, justo después de la victoria ante Italia (un triunfo mucho más simbólico por la historia de la camiseta que se tenía enfrente que en realidad por el nivel de una selección deprimida que verá la Copa del Mundo por televisión). Esa declaración nuevamente encendió nuestro fanatismo desmedido. “Messi está enchufado, ahora no se nos escapa” podía escuchar uno en cualquier charla futbolística.
Pero llegaron los 90 minutos de Madrid, el 6 a 1 en contra y un baile que quedará en la historia más allá que se haya tratado de un amistoso.
Y con la bipolaridad sanguínea que nos caracteriza, la euforia y la certeza de que estábamos para levantar la copa y festejar tomando vodka, cantando “Rusia, decime que se siente” al frente del Palacio del Kremlin, se nos desvanecieron a medida que veíamos a Rojo y compañía tratar de cortar algún avance de los españoles.
Ya no queremos que el reloj se acelere, 78 días y 17 horas es muy poco para encontrar el equipo.
Argentina jugó un partido para el olvido, tuvo un par de chances para anotar cuando el partido comenzaba y aún había paridades, pero después fue superado por un rival que juega prácticamente de memoria, que aprovechó cada situación que tuvo para hilvanar una de esas goleadas muy difíciles de repetir.
Ese es el análisis que debemos realizar, sabiendo que faltaba el ancho de espadas, Agüero, Di María...
Hoy todos hablarán de la defensa, del nivel del Mascherano, de los defectos de Sampaoli (y su poder de lobby) y pasaremos de ser candidatos a la gloria a un número puesto para irnos en la primera ronda.
Tranquilos, hoy faltan 77 días y mucho trabajo por realizar. Por una vez en la vida tenemos que dejar de vivir al ritmo de los resultados pasando del blanco al negro sin ningún matiz de gris intermedio.
¿Argentina puede salir campeón de mundo? Claro, tiene al mejor jugador del planeta y a algunos de los futbolistas más cotizados, pero quedó claro que deberá corregir muchas cosas para poder llegar a serlo.
El partido de ayer fue una buena muestra para saber dónde estamos parados, que seguramente es un lugar intermedio entre el exitismo desmedido luego del partido ante Italia y este panorama apocalíptico que se instaló en todos después de la histórica goleada en contra.
Tristán Amado

