El reloj indicaba las 21.30 del miércoles 14 de noviembre de 2018. La cancha de Asociación Atlética Banda Borte era testigo de cómo un barrio, en el que se mezclaban los “viejos” con los “chicos”, comenzaba a palpitar un desenlace en esta hermosa pasión que despierta el fútbol.
No era ni Boca ni River. Eran Banda Norte y Belgrano de Coronel Moldes.
Torneo Clausura 2018 de Primera División A. No estaba en juego el primer lugar de la zona. Era el partido interzonal que podía definir el futuro de ambas instituciones en la Primera División A.
Desde que en 1995 el Verde del Parque Sarmiento regresó al fútbol competitivo de la Liga -lo dejó de hacer en 1985 y durante 10 años en el Parque Sarmiento no hubo esa pasión-, siempre había ido en ascenso.
En el 96 realizó el salto de la Primera C a la B. Dos años más tarde, el salto de la Primera B a la A y desde allí durante 20 años fue protagonista de los torneos superiores del fútbol regional.
Así es como se intenta entender por qué más de 600 personas se agolparon para ver a un equipo que en la temporada 2018 no las tuvo todas consigo.
Hasta que los planteles salieron al campo de juego -Banda Norte se demoró hasta casi las 22, Carlos Boccolini y sus colaboradores lo hicieron primero, después ingresó Belgrano de Moldes- los hinchas habían observado cómo la tercera división goleaba a los celestes moldenses por 5 a 0 y esperaban la definición con Juventud Unida de Río Cuarto.
Sangre y corazón verde
Desde que llegaron a Río Cuarto desde su San Francisco natal, los Aimar siempre tuvieron una clara identificación futbolística con Asociación Atlética Banda Norte.
Y desde hace un buen tiempo que no encontraba a los hermanos el Tito y el Payo compartiendo una noche de fútbol.
Sentados en el sector cercano a la cantina, recibiendo el cariño de todos quienes los reconocían, el Tito largó con las anécdotas, mientras el Payo era acompañado por el Negro Colautti hasta el vestuario de Banda Norte, a donde, por solicitud del técnico Carlos Oyola, Ricardo Tomás fue a saludar a los jugadores antes de la “final” y desearles éxito.
Las charlas en “El Empalme”, el equipo de fútbol del barrio, la cancha, don Aimar padre y cómo alentaba a sus hijos y las gastadas de sus compañeros para con el Tito hicieron más llevadera la espera, hasta que sonó el primer pitazo de Carlos Boccolini y la “caprichosa” comenzó a rodar en el campo de juego del Verde.
No apto para cardíacos
Desde la cabecera que da al “Rosedal” -perdón por la antigüedad-, los lobos del Parque no dejaban de alentar al equipo.
La tribuna del ingreso a la cancha, la que está debajo de las cabinas, era cubierta por seguidores del Verde del barrio.
Las tribunas que dan al sur tenían una buena cantidad de espectadores.
El murmullo ante cada rechazo, pifia o pase mal dado se sentía en la noche de Banda Norte, tanto o más que los silencios que se hacían cuando más de un centenar de seguidores de Belgrano de Coronel Moldes veían que sus jugadores iban en busca del arco de Mayco González.
“¿Empezó en Adelia? ¿Cómo van?”, fueron las preguntas recurrentes de los tres exjugadores de Banda Norte, mientras el papá y la mamá de Francisco Falzetti observaban cómo allí a la par de ellos estaba parte de la historia grande del fútbol del Verde del Parque.
El primer período se fue tan rápido que no alcanzó el tiempo para la crítica.
“Tenemos que serenarnos” y “Los chicos están nerviosos” eran frases repetidas para encontrar una explicación al 0 a 0 con el que se fueron al descanso.
¿Terminó el primer tiempo en Adelia? “Sí, recién termina, va como cinco minutos más tarde que este partido”, fue la respuesta entre quienes seguían las alternativas a través de lo que sucedía con la definición del descenso.
“Querés que te diga una cosa. No sé cómo aguanto, pero el empate todavía nos sirve”, dijo el Tito.
El Payo no paraba de emocionarse, lágrimas y risas se entremezclaban con algunas de las anécdotas que se traían a la memoria, como aquel viaje a Embalse o el partido amistoso en Villa María.
La caprichosa volvió a rodar y el segundo tiempo se puso en marcha. El empate en Adelia María le daba más chances a Belgrano de Moldes en la última fecha; mientras que, hasta ahí, verdes y canallas debían jugar un partido desempate para saber cuál se iba al descenso.
“Gol de Toro”, se escuchó. “Sí, de Damián Alaniz”, completó otro. “¿Y ahora cómo quedamos?”, preguntó el tercero. “El empate les sirve a los dos”, fue la respuesta.
Silencio cuando Arneodo habilitó a Gómez y el delantero no falló. Gol de Belgrano. No, fue anulado por posición adelantada.
Respiración profunda y a seguir esperando el milagro. “Empató Adelia”, se escuchó, mientras la pelota andaba más por el aire que a ras de piso.
Los tiros libres eran cada vez más determinantes y Banda Norte iba con todo en busca del gol de la victoria. Así fue como a los 44’, ya sin aire, con pocas piernas, la caprichosa quedó en el área y José “El Pipa” Abril la empujó al gol.
Era 1 a 0. Delirio. Festejo. Allí sí se notó que por las venas del Tito y del Payo la sangre verde de la pasión futbolera es la que los identifica. Centenares de niños fueron a festejar con los héroes de la noche, mientras que los jugadores de Belgrano dejaban el campo de juego pensando en el “vamos a volver... a volver... vamos a volver”. Así es la pasión de nuestro fútbol, la que se mantiene viva hace ya 100 años.
Carlos Alberto Valduvino
Torneo Clausura 2018 de Primera División A. No estaba en juego el primer lugar de la zona. Era el partido interzonal que podía definir el futuro de ambas instituciones en la Primera División A.
Desde que en 1995 el Verde del Parque Sarmiento regresó al fútbol competitivo de la Liga -lo dejó de hacer en 1985 y durante 10 años en el Parque Sarmiento no hubo esa pasión-, siempre había ido en ascenso.
En el 96 realizó el salto de la Primera C a la B. Dos años más tarde, el salto de la Primera B a la A y desde allí durante 20 años fue protagonista de los torneos superiores del fútbol regional.
Así es como se intenta entender por qué más de 600 personas se agolparon para ver a un equipo que en la temporada 2018 no las tuvo todas consigo.
Hasta que los planteles salieron al campo de juego -Banda Norte se demoró hasta casi las 22, Carlos Boccolini y sus colaboradores lo hicieron primero, después ingresó Belgrano de Moldes- los hinchas habían observado cómo la tercera división goleaba a los celestes moldenses por 5 a 0 y esperaban la definición con Juventud Unida de Río Cuarto.
Sangre y corazón verde
Desde que llegaron a Río Cuarto desde su San Francisco natal, los Aimar siempre tuvieron una clara identificación futbolística con Asociación Atlética Banda Norte.
Y desde hace un buen tiempo que no encontraba a los hermanos el Tito y el Payo compartiendo una noche de fútbol.
Sentados en el sector cercano a la cantina, recibiendo el cariño de todos quienes los reconocían, el Tito largó con las anécdotas, mientras el Payo era acompañado por el Negro Colautti hasta el vestuario de Banda Norte, a donde, por solicitud del técnico Carlos Oyola, Ricardo Tomás fue a saludar a los jugadores antes de la “final” y desearles éxito.
Las charlas en “El Empalme”, el equipo de fútbol del barrio, la cancha, don Aimar padre y cómo alentaba a sus hijos y las gastadas de sus compañeros para con el Tito hicieron más llevadera la espera, hasta que sonó el primer pitazo de Carlos Boccolini y la “caprichosa” comenzó a rodar en el campo de juego del Verde.
No apto para cardíacos
Desde la cabecera que da al “Rosedal” -perdón por la antigüedad-, los lobos del Parque no dejaban de alentar al equipo.
La tribuna del ingreso a la cancha, la que está debajo de las cabinas, era cubierta por seguidores del Verde del barrio.
Las tribunas que dan al sur tenían una buena cantidad de espectadores.
El murmullo ante cada rechazo, pifia o pase mal dado se sentía en la noche de Banda Norte, tanto o más que los silencios que se hacían cuando más de un centenar de seguidores de Belgrano de Coronel Moldes veían que sus jugadores iban en busca del arco de Mayco González.
“¿Empezó en Adelia? ¿Cómo van?”, fueron las preguntas recurrentes de los tres exjugadores de Banda Norte, mientras el papá y la mamá de Francisco Falzetti observaban cómo allí a la par de ellos estaba parte de la historia grande del fútbol del Verde del Parque.
El primer período se fue tan rápido que no alcanzó el tiempo para la crítica.
“Tenemos que serenarnos” y “Los chicos están nerviosos” eran frases repetidas para encontrar una explicación al 0 a 0 con el que se fueron al descanso.
¿Terminó el primer tiempo en Adelia? “Sí, recién termina, va como cinco minutos más tarde que este partido”, fue la respuesta entre quienes seguían las alternativas a través de lo que sucedía con la definición del descenso.
“Querés que te diga una cosa. No sé cómo aguanto, pero el empate todavía nos sirve”, dijo el Tito.
El Payo no paraba de emocionarse, lágrimas y risas se entremezclaban con algunas de las anécdotas que se traían a la memoria, como aquel viaje a Embalse o el partido amistoso en Villa María.
La caprichosa volvió a rodar y el segundo tiempo se puso en marcha. El empate en Adelia María le daba más chances a Belgrano de Moldes en la última fecha; mientras que, hasta ahí, verdes y canallas debían jugar un partido desempate para saber cuál se iba al descenso.
“Gol de Toro”, se escuchó. “Sí, de Damián Alaniz”, completó otro. “¿Y ahora cómo quedamos?”, preguntó el tercero. “El empate les sirve a los dos”, fue la respuesta.
Silencio cuando Arneodo habilitó a Gómez y el delantero no falló. Gol de Belgrano. No, fue anulado por posición adelantada.
Respiración profunda y a seguir esperando el milagro. “Empató Adelia”, se escuchó, mientras la pelota andaba más por el aire que a ras de piso.
Los tiros libres eran cada vez más determinantes y Banda Norte iba con todo en busca del gol de la victoria. Así fue como a los 44’, ya sin aire, con pocas piernas, la caprichosa quedó en el área y José “El Pipa” Abril la empujó al gol.
Era 1 a 0. Delirio. Festejo. Allí sí se notó que por las venas del Tito y del Payo la sangre verde de la pasión futbolera es la que los identifica. Centenares de niños fueron a festejar con los héroes de la noche, mientras que los jugadores de Belgrano dejaban el campo de juego pensando en el “vamos a volver... a volver... vamos a volver”. Así es la pasión de nuestro fútbol, la que se mantiene viva hace ya 100 años.
Carlos Alberto Valduvino

