Hay historias que superan todo lo esperado. En las canchas se suceden a montones. En el juego mismo, y por supuesto, en las tribunas. Los protagonistas son casi siempre los jugadores o el árbitro, pero a veces un espectador o un dirigente le pueden poner “color” a una jornada deportiva y la anécdota o el hecho quedará para siempre en el recuerdo de los que estaban y los que no.
El 21 de noviembre de 1976, en plena disputa del Nacional de AFA, por la decimosegunda fecha de la zona “D”, jugaron en Córdoba Talleres y Ferro Carril Oeste. El Talleres de Rubén Bravo venía bailando rivales y esa tarde, el partido ante el Verde no fue la excepción. Ganó tres a uno con goles de Ludueña, Carlomagno y Valencia. Gutiérrez había abierto el marcador para el equipo de Caballito.
Ese Talleres caería en semifinales en la cancha de Boca ante River, uno a cero, con gol de Passarella. Y Boca sería el campeón derrotando en la final, en el Cilindro de Avellaneda, a River, con el mítico tanto de Suñé.
Pero esa tarde en Barrio Jardín, se produjo un hecho memorable y muy gracioso. En medio del encuentro, un paracaidista se estacionó cerca de una de las áreas, portando una bandera argentina. Un avión Piper, al primer minuto del partido, había desprendido a este hombre que lo único que quería era ver el partido. Por suerte el árbitro se lo permitió: el fanático se posó sobre un costado de la cancha y disfrutó del 3-1 de la “T”.
Talleres formó con Quiroga; Astudillo, Galván, Oviedo y Carlomagno; Cabrera, Ludueña y Valencia; Lucco, Bravo y Alderete.
Fue en ese campeonato, unas fechas antes, en el que Diego Maradona había debutado en Primera, el 20 de octubre, justamente ante el Albiazul cordobés.
Una gran actuación de Talleres y un momento de hilaridad y sorpresa lo del paracaidista.
En esa misma fecha, empataron Gimnasia-Boca y River-Estudiantes, cero a cero, por las zonas “A” y “B”, respectivamente. Chacarita e Independiente uno a uno, goles de Salinas y Astegiano; Racing venció 3 a 2 a Atlanta, con dos tantos de Márquez y uno de Cordero, de penal, y Candau, los dos del Bohemio y San Lorenzo goleó a Huracán de Comodoro Rivadavia, 5 a 1 con conversiones de Rodríguez, Mendoza, Villar, Marangoni y Rizzi. Giantomasi, para los del Sur. Héctor Pitarch jugaba en Banfield, y Juan José Irigoyen en Ñuls.
Otro hecho, en este caso un golazo, está en la placa del 21 de noviembre. Ya era 1993.
“El primer grande”, página de la Academia lo contaba así: “Racing derrotó al Vélez de Carlos Bianchi por 2 a 0 en el José Amalfitani. El partido correspondió a la decimoprimera jornada del Torneo Apertura. La Academia se puso en ventaja a los 48 minutos gracias a un gol de Alejandro Allegue, pero el momento especial del partido llegó a los 84, cuando Juan Ramón Fleita le metió un golazo de chilena a Chilavert. La definición del Lagarto fue impresionante, sorprendió al gran arquero paraguayo y marcó un gol que quedó para siempre en la memoria de todos los racinguistas. Tras la conquista, Fleita se trepó al alambrado para festejar con toda la hinchada. El técnico de Racing era Carlos Babington, y aquel día puso en cancha a Roa; Reinoso, Borelli, Sanguinetti y Miguez; Marini, Quiroz, Dalla Líbera y De Vicente; Claudio García y Claudio López. Los autores de los goles ingresaron desde el banco de suplentes.
Un golazo espectacular. El “Lagarto”, nacido en Las Toscas, Santa Fe, el 23 de junio de 1972, tenía cuatro años cuando el paracaidista se metió en la cancha de Talleres en el 76 para ver a la “T” y Ferro. Contó lo de la chilena de esta manera a “Racing del alma”: “Me acuerdo que era un partido clave para nosotros. Veníamos peleando en ese torneo Apertura 1993 y enfrente estaba Vélez, que era un verdadero equipazo. Venía de ser campeón en el torneo anterior y era casi imposible ganarle en Liniers. Nos pusimos en ventaja con un gol del Cabezón Allegue. Pero ellos se nos venían a todo o nada en búsqueda del empate. Fue una contra, tras una llegada de ellos. Arrancó la jugada desde el sector izquierdo, yo me posiciono como centro delantero. Me acuerdo que el terreno de juego estaba bastante deteriorado porque los días previos había tocado Luis Miguel. Es por eso que la pelota le picó rara al Loco Dalla Libera, que es quien termina habilitándome. Cuando él le pega medio de sobrepique, yo veo que la pelota me pasa por encima del cuerpo y es ahí donde decido pegarle de chilena. Son cosas que se piensan en fracciones de segundo y por suerte cuando caigo al suelo después del salto, escucho de menor a mayor el grito de toda la hinchada de Racing. Ahí salgo desaforado y descontrolado a gritar el gol. Antes que el balón se levante, yo había pensado en ganarle la posición al defensor y definir cara a cara contra Chilavert, pero cuando se levantó la pelota, cambié el plan sobre la marcha”.
“La primera vez que comí bien en mi vida fue a los 18 años, en el hotel donde se concentraba Racing (su primer club), me ganaba el mango desde los ocho años. Sé lo que es sufrir”, relató.
En el año 2003 se le detectó el mal de Hodgkin, una enfermedad que origina tumores en los ganglios, de la cual fue tratado con éxito. En Argentina jugó en Racing, San Lorenzo, Huracán, Gimnasia de Concepción del Uruguay y Unión de Sunchales. Anduvo por México, Uruguay, Chile, Paraguay, Venezuela, Bolivia y Guatemala. Marcó en clubes 61 goles.
“Con el correr de los años me lo he encontrado a Chilavert en algún restaurant y él se ha acercado con mucho respeto a decirme: ‘Lagarto, fuiste el único que me tenía de hijo en la cancha’. No sólo le anoté el gol de chilena, sino también al poco tiempo un tanto de rabona en ese mismo arco y luego también uno de cabeza. De todos modos todo lo que pasa en la cancha queda dentro de ella. Para mí fue un orgullo porque siempre lo consideré un gran arquero y además cuando yo estuve mal de salud, él se interesó por cómo venía la enfermedad”. Cuando le han preguntado si ese fue su mejor gol respondió: “Si me tengo que quedar con uno, elijo el que le hice a Independiente por la Copa Centenario, un par de meses antes que el que le anoté a Vélez. Fue un gol que defino de tijera y que fue clave para ganar el partido en el Cilindro por 3 a 2. Ese fue el gol más lindo estéticamente hablando”, comentó.
Con aquel Talleres del 76, el “guaso” que se coló en paracaídas para ver a su amado Albiazul y el gol de Fleita a Vélez, el 21 de noviembre tiene dos placas interesantes.
Historias que superan lo esperado.
Ese Talleres caería en semifinales en la cancha de Boca ante River, uno a cero, con gol de Passarella. Y Boca sería el campeón derrotando en la final, en el Cilindro de Avellaneda, a River, con el mítico tanto de Suñé.
Pero esa tarde en Barrio Jardín, se produjo un hecho memorable y muy gracioso. En medio del encuentro, un paracaidista se estacionó cerca de una de las áreas, portando una bandera argentina. Un avión Piper, al primer minuto del partido, había desprendido a este hombre que lo único que quería era ver el partido. Por suerte el árbitro se lo permitió: el fanático se posó sobre un costado de la cancha y disfrutó del 3-1 de la “T”.
Talleres formó con Quiroga; Astudillo, Galván, Oviedo y Carlomagno; Cabrera, Ludueña y Valencia; Lucco, Bravo y Alderete.
Fue en ese campeonato, unas fechas antes, en el que Diego Maradona había debutado en Primera, el 20 de octubre, justamente ante el Albiazul cordobés.
Una gran actuación de Talleres y un momento de hilaridad y sorpresa lo del paracaidista.
En esa misma fecha, empataron Gimnasia-Boca y River-Estudiantes, cero a cero, por las zonas “A” y “B”, respectivamente. Chacarita e Independiente uno a uno, goles de Salinas y Astegiano; Racing venció 3 a 2 a Atlanta, con dos tantos de Márquez y uno de Cordero, de penal, y Candau, los dos del Bohemio y San Lorenzo goleó a Huracán de Comodoro Rivadavia, 5 a 1 con conversiones de Rodríguez, Mendoza, Villar, Marangoni y Rizzi. Giantomasi, para los del Sur. Héctor Pitarch jugaba en Banfield, y Juan José Irigoyen en Ñuls.
Otro hecho, en este caso un golazo, está en la placa del 21 de noviembre. Ya era 1993.
“El primer grande”, página de la Academia lo contaba así: “Racing derrotó al Vélez de Carlos Bianchi por 2 a 0 en el José Amalfitani. El partido correspondió a la decimoprimera jornada del Torneo Apertura. La Academia se puso en ventaja a los 48 minutos gracias a un gol de Alejandro Allegue, pero el momento especial del partido llegó a los 84, cuando Juan Ramón Fleita le metió un golazo de chilena a Chilavert. La definición del Lagarto fue impresionante, sorprendió al gran arquero paraguayo y marcó un gol que quedó para siempre en la memoria de todos los racinguistas. Tras la conquista, Fleita se trepó al alambrado para festejar con toda la hinchada. El técnico de Racing era Carlos Babington, y aquel día puso en cancha a Roa; Reinoso, Borelli, Sanguinetti y Miguez; Marini, Quiroz, Dalla Líbera y De Vicente; Claudio García y Claudio López. Los autores de los goles ingresaron desde el banco de suplentes.
Un golazo espectacular. El “Lagarto”, nacido en Las Toscas, Santa Fe, el 23 de junio de 1972, tenía cuatro años cuando el paracaidista se metió en la cancha de Talleres en el 76 para ver a la “T” y Ferro. Contó lo de la chilena de esta manera a “Racing del alma”: “Me acuerdo que era un partido clave para nosotros. Veníamos peleando en ese torneo Apertura 1993 y enfrente estaba Vélez, que era un verdadero equipazo. Venía de ser campeón en el torneo anterior y era casi imposible ganarle en Liniers. Nos pusimos en ventaja con un gol del Cabezón Allegue. Pero ellos se nos venían a todo o nada en búsqueda del empate. Fue una contra, tras una llegada de ellos. Arrancó la jugada desde el sector izquierdo, yo me posiciono como centro delantero. Me acuerdo que el terreno de juego estaba bastante deteriorado porque los días previos había tocado Luis Miguel. Es por eso que la pelota le picó rara al Loco Dalla Libera, que es quien termina habilitándome. Cuando él le pega medio de sobrepique, yo veo que la pelota me pasa por encima del cuerpo y es ahí donde decido pegarle de chilena. Son cosas que se piensan en fracciones de segundo y por suerte cuando caigo al suelo después del salto, escucho de menor a mayor el grito de toda la hinchada de Racing. Ahí salgo desaforado y descontrolado a gritar el gol. Antes que el balón se levante, yo había pensado en ganarle la posición al defensor y definir cara a cara contra Chilavert, pero cuando se levantó la pelota, cambié el plan sobre la marcha”.
“La primera vez que comí bien en mi vida fue a los 18 años, en el hotel donde se concentraba Racing (su primer club), me ganaba el mango desde los ocho años. Sé lo que es sufrir”, relató.
En el año 2003 se le detectó el mal de Hodgkin, una enfermedad que origina tumores en los ganglios, de la cual fue tratado con éxito. En Argentina jugó en Racing, San Lorenzo, Huracán, Gimnasia de Concepción del Uruguay y Unión de Sunchales. Anduvo por México, Uruguay, Chile, Paraguay, Venezuela, Bolivia y Guatemala. Marcó en clubes 61 goles.
“Con el correr de los años me lo he encontrado a Chilavert en algún restaurant y él se ha acercado con mucho respeto a decirme: ‘Lagarto, fuiste el único que me tenía de hijo en la cancha’. No sólo le anoté el gol de chilena, sino también al poco tiempo un tanto de rabona en ese mismo arco y luego también uno de cabeza. De todos modos todo lo que pasa en la cancha queda dentro de ella. Para mí fue un orgullo porque siempre lo consideré un gran arquero y además cuando yo estuve mal de salud, él se interesó por cómo venía la enfermedad”. Cuando le han preguntado si ese fue su mejor gol respondió: “Si me tengo que quedar con uno, elijo el que le hice a Independiente por la Copa Centenario, un par de meses antes que el que le anoté a Vélez. Fue un gol que defino de tijera y que fue clave para ganar el partido en el Cilindro por 3 a 2. Ese fue el gol más lindo estéticamente hablando”, comentó.
Con aquel Talleres del 76, el “guaso” que se coló en paracaídas para ver a su amado Albiazul y el gol de Fleita a Vélez, el 21 de noviembre tiene dos placas interesantes.
Historias que superan lo esperado.

