Una final bien sudamericana
Por Agustín Hurtado
La síntesis dirá que este partido se jugó en España, pero eso no quiere decir que no se haya tratado de una final bien sudamericana. Es más, ese dato actúa como una prueba más.
La serie que River le ganó a Boca ayer tuvo todos los condimentos del fútbol de estos lados. Emociones, suspensiones, incidentes, discusiones, exageraciones de todo tipo, gestos improductivos, barras bravas, deportaciones, quejas, etc.
Ambos partidos se suspendieron. Uno por la lluvia, el otro por los problemas estructurales del fútbol argentino. Las previas de los medios televisivos fueron eternas y con exageraciones que contribuyeron a un clima de tensión innecesario.
La nueva conducción de la Conmebol demostró que no es muy distinta de la anterior (todos tienen causas con la Justicia), aprovechó el incidente del colectivo para hacer negocios y se llevó la final a Madrid.
El partido de ayer en el Bernabéu fue sudamericano hasta las muelas. Todos pusieron y se jugó muy poco. La jugada del gol de Boca fue muy del fútbol que se juega aquí. Se equivoca el arquero de un lado y la pelota entra en el otro arco. Benedetto burlándose de Montiel fue otro “argentinismo”.
Los dos primeros tantos de River fueron perlas colectivas e individuales, bien de acá. Quintero hizo un gol a lo “James Rodríguez”.
Después, el Bernabéu fue testigo de un final inverosímil para los cálculos europeos. Un equipo con 11 jugadores sufriendo para liquidar un partido ante otro con 9 y la mayoría acalambrados.
La final más larga de la historia fue para River. Ganó el mejor, el que tiene una identidad definida. Dentro de un juego parejo, el Millonario fue superior en el primer tiempo en la Bombonera y no tuvo piedad cuando Boca se hizo jirones en la vuelta.
Por ejemplo, Gallardo le volvió a ganar el duelo a Guillermo. Sostuvo a Pratto cuando todos lo criticaban y el Oso se lo devolvió con creces. Barros Schelotto mantuvo en cancha a Pavón de manera difícil de entender, poniendo a Tevez cuando ya casi no quedaba nada que hacer.
La derrota dejará heridas en Boca. El Mellizo sumó una caída con aroma a fin de ciclo y Angelici sigue sin poder “volver a Japón”, como tantas veces lo prometió en su gestión.
Gallardo es el Napoleón de River, sigue sumando victorias y no parece encontrar su Waterloo. Ganó su segunda Libertadores como DT y tiene tres si se cuenta la que obtuvo en 1996 como jugador.
River ganó una final bien sudamericana. Tan de acá, que todavía puede quedarse sin la copa el Millo. Resta saber la decisión que tomará el Tas. Pero esa es cuestión de escritorios, en la cancha La Banda se llevó un trofeo merecido y se dio el gusto más grande.
Agustín Hurtado
La serie que River le ganó a Boca ayer tuvo todos los condimentos del fútbol de estos lados. Emociones, suspensiones, incidentes, discusiones, exageraciones de todo tipo, gestos improductivos, barras bravas, deportaciones, quejas, etc.
Ambos partidos se suspendieron. Uno por la lluvia, el otro por los problemas estructurales del fútbol argentino. Las previas de los medios televisivos fueron eternas y con exageraciones que contribuyeron a un clima de tensión innecesario.
La nueva conducción de la Conmebol demostró que no es muy distinta de la anterior (todos tienen causas con la Justicia), aprovechó el incidente del colectivo para hacer negocios y se llevó la final a Madrid.
El partido de ayer en el Bernabéu fue sudamericano hasta las muelas. Todos pusieron y se jugó muy poco. La jugada del gol de Boca fue muy del fútbol que se juega aquí. Se equivoca el arquero de un lado y la pelota entra en el otro arco. Benedetto burlándose de Montiel fue otro “argentinismo”.
Los dos primeros tantos de River fueron perlas colectivas e individuales, bien de acá. Quintero hizo un gol a lo “James Rodríguez”.
Después, el Bernabéu fue testigo de un final inverosímil para los cálculos europeos. Un equipo con 11 jugadores sufriendo para liquidar un partido ante otro con 9 y la mayoría acalambrados.
La final más larga de la historia fue para River. Ganó el mejor, el que tiene una identidad definida. Dentro de un juego parejo, el Millonario fue superior en el primer tiempo en la Bombonera y no tuvo piedad cuando Boca se hizo jirones en la vuelta.
Por ejemplo, Gallardo le volvió a ganar el duelo a Guillermo. Sostuvo a Pratto cuando todos lo criticaban y el Oso se lo devolvió con creces. Barros Schelotto mantuvo en cancha a Pavón de manera difícil de entender, poniendo a Tevez cuando ya casi no quedaba nada que hacer.
La derrota dejará heridas en Boca. El Mellizo sumó una caída con aroma a fin de ciclo y Angelici sigue sin poder “volver a Japón”, como tantas veces lo prometió en su gestión.
Gallardo es el Napoleón de River, sigue sumando victorias y no parece encontrar su Waterloo. Ganó su segunda Libertadores como DT y tiene tres si se cuenta la que obtuvo en 1996 como jugador.
River ganó una final bien sudamericana. Tan de acá, que todavía puede quedarse sin la copa el Millo. Resta saber la decisión que tomará el Tas. Pero esa es cuestión de escritorios, en la cancha La Banda se llevó un trofeo merecido y se dio el gusto más grande.
Agustín Hurtado