Deportes | fútbol

Una pasión que se comparte en familia y un sacrificio enorme para poder jugar

María José y Melani, madre e hija, son figuras del encumbrado Recreativo Reducción. Por su parte, Débora es de Laboulaye y recorre cientos de kilómetros para poder entrenar con San Martín y la selección de Río Cuarto
 
El Día de la Futbolista transporta a decenas de historias y anécdotas. A abrazar una pasión que fue derribando mitos y sorteando obstáculos para convertirse en una grata realidad. El fútbol femenino no para de crecer y en la Liga local hay más de 600 jugadoras.

Para algunas el domingo sólo se respira fútbol en familia. Es el caso de María José Camino (37) y Melani Sosa (16), madre e hija que son figuras de Recreativo Reducción, uno de los equipos de vanguardia en la Liga, con esposo-padre siempre alentando incondicionalmente desde la tribuna.

Son de Arrecifes, provincia de Buenos Aires, y hace 10 años que la familia se afincó en Alejandro Roca. Ambasse incorporaron al fútbol de la Liga con Recreativo hace dos años y medio.

Para María José “el fútbol es adrenalina, es un deporte muy lindo, una distracción, a las dos nos encanta y tenemos el apoyo de toda la familia”.

“Jugar con mi hija es un orgullo, compartimos algo que nos encanta y cuando alguna convierte un gol es una sensación muy linda”, confiesa, aunque también se entristece cuando “la golpean o la insultan”.

María José habla con el mismo aplomo con el que conduce la segura defensa del Recreativo. Y Melani es una volante ofensiva con un enorme potencial.

Por eso la mamá la aconseja para “que tenga disciplina, que vaya a los entrenamientos por más que llueva, haga frío o calor. Si bien tenemos que hacer varios kilómetros es muy raro que faltemos a una práctica, nos esforzamos y exigimos mucho”.

Y sueña con que Melani “tenga un gran futuro”.



Un premio al esfuerzo



Débora Guevara (31) es una de las mejores defensoras de la Liga, milita en San Martín de Vicuña Mackenna y también es una referente de la selección de Río Cuarto.

Los logros se deben al esfuerzo y al sacrificio porque es de Laboulaye y recorre cientos de kilómetros para poder entrenar y jugar.

Por ejemplo, para practicar con la selección sale a las 14 de su ciudad natal y regresa a las 2.30 del día siguiente.

Débora comenzó a darle a la pelota a los 7 años con su hermano y sus primos. Luego se incorporó a Central Córdoba pero siempre jugando con varones “porque no había clubes de mujeres”.

Con los años asomó el fútbol femenino y con Central Córdoba de Laboulaye compitió en los nacionales, en Rosario, Mendoza, San Juan y La Pampa.

“El sacrificio que hago es muy grande porque el gasto también es grande. Tengo 100 kilómetros a Vicuña Mackenna y 200 a Río Cuarto. Una pone plata del bolsillo y lo hace porque lleva el fútbol en la sangre”, enfatizó.

Además, afirmó que “estar por segundo año en la selección es muy importante y me esfuerzo para darle mucho al equipo”.

Débora agradeció el apoyo incondicional de su familia y su pareja para hacer lo que más le gusta, al tiempo que acomoda los horarios de sus compromisos laborales para decir presente en cada práctica.

La sobria defensora también registra un breve paso por la selección nacional y en su momento tuvo la oportunidad de recalar en San Lorenzo de Almagro, aunque por motivos económicos se quedó en Laboulaye, donde la madre de Juliana Berardo (toda una estrella) confiesa que “sólo iba a la cancha para ver jugar a Débora”.