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Viaje al origen de los talentos más importantes del fútbol argentino

Hugo Tocalli es uno de los grandes maestros y formadores de jugadores de los últimos 30 años en el país. En diálogo exclusivo con Puntal, comentó cómo surgieron las grandes estrellas de nuestro deporte.
 

Pocas personas estarán en la categoría de “maestros” en el fútbol argentino y el caso de Hugo Tocalli es emblemático en este aspecto por la trayectoria que lo precede. Actualmente lo hace en San Lorenzo de Almagro y ocupa ese sitial en uno de los clubes emblemáticos del fútbol argentino. Claro está que la pandemia ha obligado a repensar las maneras en las cuales los trabajos se producen y las formas. Siempre gentil para compartir sus conociminetos y experiencias, en diálogo con Puntal comenta todo tipo de anécdotas.

-Han dejado un gran legado en sus otrora dirigidos y hoy entrenadores como Aimar, Placente, Samuel, Scaloni. ¿Qué le sugiere el momento de cada uno?

-La verdad es que los veo muy bien. Por supuesto que tendrán que darse sus golpes y son cosas que van a pasar. Pablo arrancó muy bien con Placente en la Sub-17 y Sub-15, ahora está Bernardo Romeo como coordinador general de todas las categorías, eso les da a ellos un gran respaldo, son muy pegados a Scaloni y a Samuel, que están en la mayor. Hemos estado todos juntos en mundiales, propio lo de Roberto Ayala; la verdad es que estamos muy contentos, lo propio con el Bocha Batista en la Sub-20 y Sub-23. Veo un lindo camino y Dios quiera que todo se pueda cumplir y llegar a lo que realmente uno pretende y ha vivido. Con José (Pekerman) nos tocaron vivir esos 14 años muy exitosos y ojalá que a ellos les pase lo mismo.

-Gran parte de esos años fue con Bielsa como entrenador de la mayor, ¿qué le sugiere este momento de Marcelo en Leeds?

-A mí no me sorprende, conociéndolo, teniéndolo cerca seis años en la selección y también cuando estuvo en Chile, lo que ha cambiado el fútbol ahí. En Chile pasó eso, es muy difícil cerrar un camino así y, por lo que vemos ahora en un equipo de la segunda división de Inglaterra, pasó lo mismo: fue y en dos años logró el ascenso. Si bien lo del Mundial con Argentina no fue bueno, hemos tenido unas eliminatorias fantásticas, salimos campeones olímpicos con él, fue un trabajo extraordinario y en ese sentido no me sorprende nada.

-Messi ha sido otra vez goleador y se encuentra plenamente vigente siendo el mejor del mundo, ¿qué tiene para decir de lo que genera Lionel en la actualidad?

-El otro día me acordaba que cuando Maradona dejó el fútbol pensaba quién podría venir y de repente, con el paso de los años, apareció Messi. Acá aparecen jugadores siempre, este bendito país es así, ahora apareció Luka Romero en Mallorca (debutó en Primera a los 15 años). Al abuelo lo tuve como dirigente en Quilmes y al papá, como jugador. Yo digo que este fútbol argentino es realmente muy bueno y es un fútbol del cual tenemos que sentirnos orgullosos. A veces somos por de más exigentes, pensemos que después de Pelé tuvimos a los dos mejores jugadores del mundo y siempre les buscamos un pero; de Messi se han dicho mil cosas, hasta que no cantaba el himno. Yo, que lo viví, sé todo lo que hizo para venir a jugar a la selección. A mí no me lo dijo Messi, me lo dijeron los españoles, le falta ganar un campeonato, pero por eso no deja de ser el mejor. Cruyff no ganó un campeonato y fue el mejor del mundo durante mucho tiempo. Nosotros, los argentinos, tenemos que respetar más a esos ídolos tan grandes.

-Le pregunto por la figura de Franco Costanzo, otro ilustre riocuartense, ¿cómo lo recuerda como futbolista?

-Yo les diría a los chicos que Franco Costanzo fue un arquero extraordinario, con unas condiciones tremendas; era por ahí un poco impulsivo y era lo que lo traicionaba, esas cosas de no querer hablar con el periodismo y no hacerlo, ese capricho no lo dejó soltarse como arquero. Pero fue extraordinario, una potencia, una guapeza, una presencia como arquero, un carácter tremendo, cuando las cosas le salían mal se reponía enseguida. Para mí fue un arquero extraordinario, me sigo viendo y hablando. Antes de la pandemia nos encontramos cuando vino a Argentina y nos reunimos dos veces; tiene el mismo trabajo que yo tengo en San Lorenzo en Basilea, me pone muy contento como está, en Chile lo fui a visitar también y me invitó a comer a la casa con mi familia. Él me aprecia mucho y yo también, porque es una gran persona, es sensacional en ese aspecto y me encuentro muy bien y a gusto con él.

-Usted es un formador de jugadores, ¿cómo se forma a un formador?

-Yo creo que el formador tiene que nacer. Cuando me fui de Monte Buey a San Lorenzo lo tenía a don Ernesto Ducchini en el año 67 o 68 y yo miraba cada detalle de él, sobre cómo le hablaba a los jugadores y cómo los miraba. Yo iba y le preguntaba por qué hacía tal o cual cosa y él, siendo un maestro, me lo explicaba. Cuando empecé de técnico en Vélez estaba al lado de don Victorio Spinetto, otro maestro. Te puedo asegurar que él estaba trabajando al lado nuestro y yo lo disfrutaba y aprendía todos los días. Para ser un buen formador tenés que averiguar e informarte todos los días y después el ojo clínico que tenés que tener, además de la forma de ser que necesitás para ver cómo encaminar a un chico. No se trata de que venga del interior, ubicarlo en la pensión y que juegue. Hay que pensar cuando sos formador en el jugador de fútbol y en la persona, si el técnico no se dedica a eso el formador está fallando en algo. Yo digo que un buen formador es el que reúne todo, con José (Pekerman) nos pone contentos que los jugadores que hemos tenido en juveniles nos dicen que les enseñamos a jugar y también de la vida y que los consejos que ustedes nos daban se los damos a nuestros hijos; eso te llena de orgullo, porque no solamente guiaste al jugador de fútbol, sino también a la persona.

-Le pregunto por Riquelme, de aquel chico introvertido a este hombre vicepresidente de Boca. ¿Cómo lo ve?

-Como jugador ni podés imaginártelo, fantástico. A mí me preguntan cuál es mejor: ¿Riquelme o Aimar? Yo digo que los dos son mejores. Uno es estratega y el otro acompaña a ese estratega y pasa a ser principal cuando tiene que llegar a definir un partido como lo es Pablo, como lo es Messi. Maradona y Riquelme eran más estrategas. Riquelme como persona es introvertido, callado, no decía nada. Todo lo que le indicabas lo hacía, nunca te decía: “Esta cosa no la hago porque quiero hacerlo diferente”, jamás. Me acuerdo de la final de Malasia 1997: perdíamos uno a cero con Uruguay, José lo llamó a Román y le dijo que se parara adelante del cinco y empezara a repartir el juego, porque si no no íbamos a llegar a empatar. Se paró, lo hizo, empezamos a jugar al fútbol, lo dimos vuelta y dominamos a Uruguay. Y cuando lo tuvimos en la mayor también fue muy obediente siendo ya la figura mundial que era, en 2006 en Alemania. Por supuesto que tiene su carácter, su personalidad y su punto de vista que hay que respetarlo como él respeta el de uno.

-¿Fue una sorpresa para ustedes ser campeones en Qatar 1995?

-Se cumplieron 25 años del Mundial y nos reunimos vía Zoom con todos los jugadores. La verdad es que fue una alegría muy linda. Veníamos nosotros de un momento muy difícil en juveniles hasta que nos hacemos cargo, fueron dos meses de trabajo, el 26 de diciembre nos fuimos a Bolivia para aclimatarnos a la altura y jugar el Sudamericano. Fueron casi dos meses, más los 15 días de trabajo allá. Jugamos el torneo y perdimos la final con Brasil. Pero sabíamos que al Mundial íbamos sabiendo que estábamos en un buen momento. Veíamos que los jugadores estaban muy bien y compenetrados en lo que quería el cuerpo técnico. Cuando eso pasa, sabés que podés pelear algo. Jugar la final, ganarla, y más a Brasil, que nos había ganado el Sudamericano, fue inolvidable.