Llorones, caprichosos, indisciplinados, hipócritas y otros calificativos que podrían ser traducidos al idioma tribunero dan perfectamente con el perfil de los participantes de este hermoso juego del fútbol, por estas tierras.
Si bien, estoy harto de describir de manera despectiva a la organización afista, desde los tiempos de Grondona (antes también, con los Cantilo y demás dirigentes de facto) hasta este hoy de unos cuantos honguitos de Don Julio, que pretenden ser él; es verdad también que el contenido, los jugadores, los árbitros, los técnicos y los hinchas no desentonan con esta realidad que al menos, a mí, me tiene cansado, más bien podrido.
Las imágenes que permitieron ver y escuchar el diálogo entre el técnico de Boca y el referí, del encuentro ante Huracán, tienen un contenido lamentable, burdo, de poca estopa y susceptibles de pintar a la sociedad argentina toda, con trasladar el momento a cada estamento de la vida nacional.
Eso, como colofón, de lo que cada día se ve. Eso, como mal ejemplo, entregado por el técnico del campeón, que ya se había consagrado, que ha estado excitado en los partidos de cada tarde o noche, en donde le tocó jugar a Boca Juniors, enorme club, al que no le hace mucho favor el tener a un entrenador con esos comportamientos. Si uno le suma a su hermano, la cosa se hace doble.
Fernando Rapallini es además de referí, árbitro Fifa, con lo que nos representa periódicamente en distintas partes de América.
Y así como Guillermo colma la paciencia de la buena educación y el temple y la serenidad necesarias para ostentar un cargo, Rapallini derrapó también. Como lo hacen todos los jueces del fútbol nacional que comienzan la tarde o noche a las risas y abrazos con los protagonistas y después pretenden imponer justicia, de golpe y con ampulosidad.
El viejo dicho "les das la mano y te toman el codo" encaja a la perfección. Con palmaditas, chistes, hasta besos, en el saludo, árbitros y jugadores tienen la particularidad social del país todo. Cholulos e hipócritas.
Una caricia y una cachetada en la escena siguiente.
Lo expresado de Guillermo y Rapallini es sólo la imagen final de esto de lo cual tanto reniego. Que hasta tuvo continuidad más tarde, el mismo sábado, cuando el presidente de Olimpo se metió en la cancha para mezclarse con los jugadores de Talleres en discusiones y empujones.
Eso sí, antes, él y el mandamás de Talleres habían posado para la posteridad en nombre de la paz y la no violencia.
Situación que ha involucrado a más de un técnico durante el campeonato, incluso muchos que no parecen alterados como el Mellizo y son "mosquitas muertas" que hacen lo suyo, a la hora de una reacción.
Es verdad que los Barros Schelotto están en lo más alto del podio, pero no son los únicos. Coudet lo hace ampulosamente, Holan con cara de bueno, por ejemplo, se llenó la boca con la actitud que tendría el campeón ante Huracán y después de comprobado que nada pasaba, no dijo algo sobre que a Independiente se le escapó la clasificación a Libertadores por errores propios.
Los dirigentes aportan lo suyo. Con un cronograma que ha pretendido ser previsible este año, con días y horarios, colocados con mucho tiempo y previsión. Pero chocaron con la realidad (Copas, por ejemplo) y sus propias conveniencias que hicieron cambiar fechas de encuentros según le venga bien a tal o cual. Y declaraciones elípticas sobre los árbitros y su manera de beneficiar a determinado equipo.
Y en el medio los hinchas. Esos que putean al ayer aplaudido.
Muestras hay centenares, pero podríamos pararnos en el encuentro Belgrano-Temperley y las equivocaciones del arquero Acosta. Es verdad, no tuvo una buena noche. Pero las veces que Acosta salvó a Belgrano durante la temporada son tantas que los silbidos de sus propios hinchas cuando tocaba la pelota, a lo largo del cotejo, son deleznables.
Los jugadores, que merecen un párrafo aparte. "Son lo más sano del fútbol", se dice desde que me acuerdo. Y concuerdo. Pero sólo a medias. La manera en la cual van al hueso del colega, en cada jugada, la forma de buchonear para que se amoneste al rival y por sobre todas las cosas, ese sálvese quien pueda, con demagogia, frente a sus propios simpatizantes los manchan también a ellos. Incapaces de pelear en conjunto para defender cosas como que se jueguen partidos decisivos en la última fecha, a la misma hora, sin otorgar ventajas. En canchas donde la pelota ruede, sin riesgos para el físico, cuando están inundadas. De los dirigentes, no se puede pedir esto, sometidos como están, a Torneos, que sigue siendo el dueño de la pelota.
En fin, una "superliga" (así, sin mayúscula) que se va, dejando un campeón esperado, que tardó más de lo que se pensaba en consagrarse. Un ganador de torneo que no jugó nada bien el segundo semestre. Y los demás que no dieron la talla ni para asustar al conjunto xeneize.
Una gran tarea de Godoy Cruz y una linda lucha por meterse en las distintas Copas.
Mientras, con la innecesaria y burocrática lista de 35 jugadores comenzamos a jugar el Mundial. Nuestro fútbol, el juego en sí y sus jugadores están en condiciones de dar pelea. Con la relatividad del caso, por cierto, con la dependencia en la actuación de Messi y un técnico que ojalá en Rusia demuestre lo que de él se espera.
Y si no, habrá que ir a llorar a la piecita. Y de eso, en nuestro fútbol somos especialistas. Eso sí, echándole la culpa a otro.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Las imágenes que permitieron ver y escuchar el diálogo entre el técnico de Boca y el referí, del encuentro ante Huracán, tienen un contenido lamentable, burdo, de poca estopa y susceptibles de pintar a la sociedad argentina toda, con trasladar el momento a cada estamento de la vida nacional.
Eso, como colofón, de lo que cada día se ve. Eso, como mal ejemplo, entregado por el técnico del campeón, que ya se había consagrado, que ha estado excitado en los partidos de cada tarde o noche, en donde le tocó jugar a Boca Juniors, enorme club, al que no le hace mucho favor el tener a un entrenador con esos comportamientos. Si uno le suma a su hermano, la cosa se hace doble.
Fernando Rapallini es además de referí, árbitro Fifa, con lo que nos representa periódicamente en distintas partes de América.
Y así como Guillermo colma la paciencia de la buena educación y el temple y la serenidad necesarias para ostentar un cargo, Rapallini derrapó también. Como lo hacen todos los jueces del fútbol nacional que comienzan la tarde o noche a las risas y abrazos con los protagonistas y después pretenden imponer justicia, de golpe y con ampulosidad.
El viejo dicho "les das la mano y te toman el codo" encaja a la perfección. Con palmaditas, chistes, hasta besos, en el saludo, árbitros y jugadores tienen la particularidad social del país todo. Cholulos e hipócritas.
Una caricia y una cachetada en la escena siguiente.
Lo expresado de Guillermo y Rapallini es sólo la imagen final de esto de lo cual tanto reniego. Que hasta tuvo continuidad más tarde, el mismo sábado, cuando el presidente de Olimpo se metió en la cancha para mezclarse con los jugadores de Talleres en discusiones y empujones.
Eso sí, antes, él y el mandamás de Talleres habían posado para la posteridad en nombre de la paz y la no violencia.
Situación que ha involucrado a más de un técnico durante el campeonato, incluso muchos que no parecen alterados como el Mellizo y son "mosquitas muertas" que hacen lo suyo, a la hora de una reacción.
Es verdad que los Barros Schelotto están en lo más alto del podio, pero no son los únicos. Coudet lo hace ampulosamente, Holan con cara de bueno, por ejemplo, se llenó la boca con la actitud que tendría el campeón ante Huracán y después de comprobado que nada pasaba, no dijo algo sobre que a Independiente se le escapó la clasificación a Libertadores por errores propios.
Los dirigentes aportan lo suyo. Con un cronograma que ha pretendido ser previsible este año, con días y horarios, colocados con mucho tiempo y previsión. Pero chocaron con la realidad (Copas, por ejemplo) y sus propias conveniencias que hicieron cambiar fechas de encuentros según le venga bien a tal o cual. Y declaraciones elípticas sobre los árbitros y su manera de beneficiar a determinado equipo.
Y en el medio los hinchas. Esos que putean al ayer aplaudido.
Muestras hay centenares, pero podríamos pararnos en el encuentro Belgrano-Temperley y las equivocaciones del arquero Acosta. Es verdad, no tuvo una buena noche. Pero las veces que Acosta salvó a Belgrano durante la temporada son tantas que los silbidos de sus propios hinchas cuando tocaba la pelota, a lo largo del cotejo, son deleznables.
Los jugadores, que merecen un párrafo aparte. "Son lo más sano del fútbol", se dice desde que me acuerdo. Y concuerdo. Pero sólo a medias. La manera en la cual van al hueso del colega, en cada jugada, la forma de buchonear para que se amoneste al rival y por sobre todas las cosas, ese sálvese quien pueda, con demagogia, frente a sus propios simpatizantes los manchan también a ellos. Incapaces de pelear en conjunto para defender cosas como que se jueguen partidos decisivos en la última fecha, a la misma hora, sin otorgar ventajas. En canchas donde la pelota ruede, sin riesgos para el físico, cuando están inundadas. De los dirigentes, no se puede pedir esto, sometidos como están, a Torneos, que sigue siendo el dueño de la pelota.
En fin, una "superliga" (así, sin mayúscula) que se va, dejando un campeón esperado, que tardó más de lo que se pensaba en consagrarse. Un ganador de torneo que no jugó nada bien el segundo semestre. Y los demás que no dieron la talla ni para asustar al conjunto xeneize.
Una gran tarea de Godoy Cruz y una linda lucha por meterse en las distintas Copas.
Mientras, con la innecesaria y burocrática lista de 35 jugadores comenzamos a jugar el Mundial. Nuestro fútbol, el juego en sí y sus jugadores están en condiciones de dar pelea. Con la relatividad del caso, por cierto, con la dependencia en la actuación de Messi y un técnico que ojalá en Rusia demuestre lo que de él se espera.
Y si no, habrá que ir a llorar a la piecita. Y de eso, en nuestro fútbol somos especialistas. Eso sí, echándole la culpa a otro.
Osvaldo Alfredo Wehbe

