La paradoja del gas y los costos de no tener infraestructura
El Gobierno se desentendió de las obras, pero no puede evitar las consecuencias. Hoy hay sectores productivos que padecen el deterioro o la ausencia de infraestructura. Son aquellos que más chances de crecer tienen, pero se encuentran con ese limitante
La Argentina sigue ofreciendo paradojas imposibles de explicar a un observador externo. Mientras continúa batiendo récords de producción de hidrocarburos gracias a la formación de Vaca Muerta, a unos cientos de kilómetros las industrias deben frenar su actividad porque no tienen gas para funcionar. Es lo que viene ocurriendo en Córdoba, uno de los motores industriales del país, con un gran abanico de actividades, desde la agroindustria -con dos de las empresas nacionales más grandes-, hasta el entramado automotor, las bioenergías, las lácteas y la maquinaria agrícola, entre muchas otras. La enorme mayoría de ellas son pymes, y ese es un dato no menor en esta coyuntura. Porque con la llegada del frío, el consumo residencial se multiplicó y comenzó a llevarse unos 80 millones de metros cúbicos diarios sobre un total transportado de 145 millones. ¿No hay más gas para inyectarse? Claramente sí. Lo que falta no es gas, sino infraestructura para transportarlo. De hecho, a comienzos de la última semana, cuando la temperatura mostró el inicio de un invierno crudo, mientras las industrias recibían la notificación para dejar de usar gas natural bajo apercibimiento de importantes sanciones tarifarias, Argentina exportaba unos 7 millones de metros cúbicos a Chile. El otro elemento es que ante esta abundancia de gas en VacaMuerta el sistema necesite seguir importando GNL mediante barcos a un precio mucho más elevado. Aquel mismo día en que se enviaba gas del otro lado de la cordillera, se importaban 20 millones de metros cúbicos en Escobar.
Para ponerlo más en claro: mientras el gasoducto trasandino tenía capacidad de transporte, los que salen de Neuquén para alimentar el centro norte del país trabajaban a su máxima capacidad y no había forma de expandir el volumen de gas. Por eso, las industrias que deben paralizar su producción o utilizar otro combustible -siempre más caro- pagan en realidad un sobrecosto por la falta de infraestructura que sigue teniendo el país. En el caso de Córdoba, al ser mayoría de pymes, sus posibilidades son más limitadas ante coyunturas de este tipo y con un contexto en el que la actividad está lejos de traccionar. Pagar más por el combustible -hasta 7 veces más- obliga a trasladar a precios ese sobrecosto, algo nada aconsejable en un marco de estancamiento o recesión para muchas actividades.
Por eso, lo que fue festejado por muchos, como el anuncio de paralizar la obra pública en todo el país, como remedio a los hechos de corrupción asociados a esa actividad, ya empezó a ser visibilizado ahora como un problema o un severo limitante. Aunque de manera tenue, son muchos ya los empresarios que piden revisar esa idea. Porque además, no existe la posibilidad de reemplazar la obra pública por obra privada, ni en cantidad ni a la velocidad que se requiere. Tal vez lo más visible sean las rutas, con un marcado deterioro que hoy invita a pensar que será necesario hacer muchas de cero porque el arreglo posiblemente sea más caro.
Pero el caso del gas puesto en la primera plana en estas semanas es igualmente grave, más si hay alguna intención de que existan inversiones importantes en distintos puntos del país que puedan transformar y agregar valor, mientras generan empleo de calidad. Pero eso aún no asoma en la agenda a pesar del enorme costo.
De hecho, hace pocas semanas hubo un grupo de inversores chinos que se reunieron con funcionarios de Córdoba. Luego de un preámbulo sobre los proyectos e ideas de radicación en el territorio provincial llegó una pregunta central de parte de los asiáticos: ¿hay disponibilidad sin contratiempos de gas para operar? Hubo un incómodo silencio que buscó ser interrumpido rápidamente con respuestas vagas, sin precisiones sobre el tema. No porque no las quisieran dar, sino porque no existían. “¿Y cuánto cuesta si no hay gas disponible?”, insistió el oriental, luego de interpretar los silencios.
El problema está lejos de afectar sólo a Córdoba. Hacia el norte el panorama es igualmente dramático para los sectores productivos. En Tucumán, las plantas de cítricos y los ingenios elevaron el tono con fuerte críticas a la falta de gas. El gobernador Jaldo no pudo mirar al costado y se sumó a las advertencias. Incluso hay algo más inquietante: dos usinas que funcionan únicamente con gas natural para generar electricidad como Termo Andes en Salta y El Bracho, en Tucumán.
Lo cierto es que, a pesar de la abundancia de gas de Neuquén y las importaciones, la falta de transporte impide cubrir todas las necesidades durante los días fríos del invierno. Pero hay algo más, en este mar incomprensible: a partir de la ley de zona fría que le quitará el beneficio a amplias zonas del país, en particular dentro de Córdoba, la normativa establece la posibilidad de trasladar a los usuarios el sobrecosto de la importación de GNL. Por lo cual, eso generaría un doble golpe a quienes están en las regiones que pierden el subsidio: no sólo pagarán la tarifa plena -a pesar de que muchas zonas son tan frías como las que continuarán con el beneficio- sino que además deberán pagar el déficit de infraestructura que sigue teniendo el país y que lo lleva a importar gas.