Vivir con lo justo y con gastos más controlados
Reducir el consumo de algunos alimentos, buscar mejores precios y recortar las salidas con amigos son algunos efectos del aumento del costo de vida .
Llevar un control de gastos más ordenado, recorrer góndolas para encontrar buenos precios, comer en casa y reemplazar algunos alimentos por otros son algunas de las prácticas que adoptaron estudiantes, trabajadores y jubilados para hacer frente al aumento del costo de vida.
Diego Alonso tiene 36 años, vive con su hijita, de 2, y su mujer que está embarazada. Hace un tiempo decidió hacer un cambio en su vida. Dejó de trabajar 12 horas como viajante de una distribuidora y se mudó a una quinta en la zona de El Tropezón a producir huevos agroecológicos.
“Notamos los aumentos en los costos fijos: luz, telefonía... acá no tenemos gas natural, pero la garrafa subió muchísimo. También se sintió el impacto en los alimentos, que representa el 60% del gasto familiar. De pronto llegás a fin de mes con lo justo, y tenías el mismo ritmo de vida que antes. Lógicamente se ha encarecido todo”, señala.
-¿Tuvieron que achicar gastos o privarse de actividades?
-Nunca fuimos de darnos grandes gustos, pero por ahí los fines de semana íbamos a visitar a algún amigo, nos juntábamos más seguido a comer, o salíamos a cenar, al cine. Ahora lo hacemos pero nos medimos mucho. Creo que con la mayoría, salvo los que tienen ingresos privilegiados, pasa lo mismo: tenés que ir haciendo equilibrio con las cuentas. Antes vivíamos más cómodos y tranquilos, nunca tiramos manteca al techo, pero con dos ingresos nos alcanzaba. Ahora hay que sacar cuentas y achicar los últimos días del mes porque si no, no llegás. Y no se trata de llegar para ir al cine, sino para comer. Si te desacomodás, sabés que el mes que viene lo sentís. Ni hablar de las tarjetas de crédito, le tenemos pavor porque son armas de doble filo, tenemos que vivir con lo justo y sobre todo ordenados.
-¿Con el negocio cómo te va?
-Las ventas vienen bien porque coinciden con una época del año en que al haber menos horas de luz, empiezan a faltar huevos. Al tener una producción agroecológica, hay cierta clientela dispuesta a pagar más por mejor calidad.
Sí notamos que tenemos muchos insumos que se manejan a precio dólar y cualquier movimiento repercute sobre los costos, lo que representa casi un 70% del precio final del huevo. También nos pasó que clientes que solían comprar 12 maples por semana, ahora compra la mitad y mezclan con huevos más baratos porque no les dan los números a ellos tampoco.
Ha bajado el poder adquisitivo, sobre todo en clases laburantes, los que tienen que vivir de un sueldo fijo bajo.
Hecho en casa
Paulo Zambroni es licenciado en Ciencia Política, tiene 29 y trabaja como secretario de inspección y realiza trabajo pedagógico en los secundarios. El boleto del colectivo le representa uno de los principales golpes al bolsillo. Al trasladarse entre varias escuelas, es un gasto significativo ya que el boleto educativo gratuito cubre dos viajes diarios. Algunos días, le toca moverse hasta seis veces en un transporte público.
Zambroni comparte un departamento con dos amigos. Como son estudiantes, lograron acceder a la tarifa social.
-¿Siguen con su ritmo de vida normal o hay limitaciones?
-En cuanto a alimentos, la carne siempre fue medio imposible, pero uno o dos veces la consumíamos. Ahora carne molida. O la reemplazamos con legumbres, sobre todo, lentejas.
Nunca fui de salir mucho pero ahora uno se cuida mucho más en los gastos. Por ejemplo, ¿pedir lomitos? Cero. Los hago yo. Ponele que pizza, un poco más. Sí, invierto en libros. Por ahí no la cantidad que uno invertía en otro momento, o en la calidad. Caminás un poco más los locales de compra y venta, sobre todo.
Tener que abandonar actividades de ocio o salidas con amigos, también le tocó a Jaboco Escobar, de 21, estudiante del Profesorado de Música. “Tuve que dejar muchas salidas, cenas, etc., y de comprar carne o pan que años anteriores eran accesibles en comparación con este”, explica a PUNTAL. “Algo tan básico como el mate se vuelve inaccesible. Tenés que elegir marcas más económicas o si no recorrer todos los locales para poder ir comparando precios”.
También Escobar mencionó que el transporte no le alcanza a cubrir la cantidad de viajes diarios que realiza por las prácticas en los colegios.
La jubilación no alcanza
Nelly Pariani, de 80, Domingo Lais, de 70 y Onelia Reynaud, de 86, son jubilados y afirman que “la plata no alcanza”. Sin embargo, se la rebuscan para sobrevivir.
“Antes llegaba a fin de mes con algún sobrante y ahora no alcanza. La carne aumentó, pero no la he dejado, la disfrazo. Yo vivo con mi marido, así que para comer nos arreglamos con poco. Hago una compra grande al mes, en el súper, y después voy comprando en el almacén. Se nota como mes a mes aumentó todo”, cuenta desde la puerta de su casa.
“Antes éramos de salir mucho, ahora hacemos un gasto indispensable”, añade. Además, dice que los aumentos jubilatorios -ella era empleada ferroviaria- tampoco inciden mucho. “Antes se sentían más”, precisa.
Si llamás un remís, puede que el conductor sea Domingo Federico Lais. Cobra la mínima y, como no le alcanzaba, decidió seguir trabajando de chofer. “Hago 12 horas en un remís para hacer una diferencia. Hay poco trabajo. La gente se queja de que las cosas no están bien”, señala.
-¿Cómo te manejás con el dinero?
-Me he privado de varias cositas, a mí me gustaba ir al baile. Tengo que elegir bien en qué gastar. Yo trabajaba en la construcción, en metalurgia y me jubilé como autónomo. Entré en una moratoria y con esto voy tirando.
-¿Cómo repercuten los aumentos?
-Es brava la mano porque el gas está muy caro. Eso pesa bastante. Con el dueño de la chapa vamos 50% y 50% y yo pago el gas. Además, me tuve que mudar a un departamento porque la casa donde vivía la empecé pagando $ 2.500 y terminé en $ 6.000.
“Acá en el auto veo gente que está peor, yo como sigo trabajando tengo otro ingreso. Pero me gustaría no tener que trabajar y poder dedicarme a cantar, que es lo que disfruto hacer”, explica.
Onelia Reynaud trabajaba como empleada de comercio. “La jubilación alcanza con lo justo. Ahora que vivo sola aprendo a ir a lo práctico a la hora de cocinar. Mi marido era más antojadizo. Uno aprendió a organizarse”, dice. “El tema de los aumentos de la luz, gas, la comida, es cosa de todos los días. Pero no voy a andar con una vela, corrés peligro de caerte. Si tengo que usar el gas, también lo voy a usar”, afirma. Una vez al mes se da el gusto de ir a la peluquería y usa taxi para ir al médico porque tiene miedo de caerse del colectivo al subir o bajar.
Diego Alonso tiene 36 años, vive con su hijita, de 2, y su mujer que está embarazada. Hace un tiempo decidió hacer un cambio en su vida. Dejó de trabajar 12 horas como viajante de una distribuidora y se mudó a una quinta en la zona de El Tropezón a producir huevos agroecológicos.
“Notamos los aumentos en los costos fijos: luz, telefonía... acá no tenemos gas natural, pero la garrafa subió muchísimo. También se sintió el impacto en los alimentos, que representa el 60% del gasto familiar. De pronto llegás a fin de mes con lo justo, y tenías el mismo ritmo de vida que antes. Lógicamente se ha encarecido todo”, señala.
-¿Tuvieron que achicar gastos o privarse de actividades?
-Nunca fuimos de darnos grandes gustos, pero por ahí los fines de semana íbamos a visitar a algún amigo, nos juntábamos más seguido a comer, o salíamos a cenar, al cine. Ahora lo hacemos pero nos medimos mucho. Creo que con la mayoría, salvo los que tienen ingresos privilegiados, pasa lo mismo: tenés que ir haciendo equilibrio con las cuentas. Antes vivíamos más cómodos y tranquilos, nunca tiramos manteca al techo, pero con dos ingresos nos alcanzaba. Ahora hay que sacar cuentas y achicar los últimos días del mes porque si no, no llegás. Y no se trata de llegar para ir al cine, sino para comer. Si te desacomodás, sabés que el mes que viene lo sentís. Ni hablar de las tarjetas de crédito, le tenemos pavor porque son armas de doble filo, tenemos que vivir con lo justo y sobre todo ordenados.
-¿Con el negocio cómo te va?
-Las ventas vienen bien porque coinciden con una época del año en que al haber menos horas de luz, empiezan a faltar huevos. Al tener una producción agroecológica, hay cierta clientela dispuesta a pagar más por mejor calidad.
Sí notamos que tenemos muchos insumos que se manejan a precio dólar y cualquier movimiento repercute sobre los costos, lo que representa casi un 70% del precio final del huevo. También nos pasó que clientes que solían comprar 12 maples por semana, ahora compra la mitad y mezclan con huevos más baratos porque no les dan los números a ellos tampoco.
Ha bajado el poder adquisitivo, sobre todo en clases laburantes, los que tienen que vivir de un sueldo fijo bajo.
Hecho en casa
Paulo Zambroni es licenciado en Ciencia Política, tiene 29 y trabaja como secretario de inspección y realiza trabajo pedagógico en los secundarios. El boleto del colectivo le representa uno de los principales golpes al bolsillo. Al trasladarse entre varias escuelas, es un gasto significativo ya que el boleto educativo gratuito cubre dos viajes diarios. Algunos días, le toca moverse hasta seis veces en un transporte público.
Zambroni comparte un departamento con dos amigos. Como son estudiantes, lograron acceder a la tarifa social.
-¿Siguen con su ritmo de vida normal o hay limitaciones?
-En cuanto a alimentos, la carne siempre fue medio imposible, pero uno o dos veces la consumíamos. Ahora carne molida. O la reemplazamos con legumbres, sobre todo, lentejas.
Nunca fui de salir mucho pero ahora uno se cuida mucho más en los gastos. Por ejemplo, ¿pedir lomitos? Cero. Los hago yo. Ponele que pizza, un poco más. Sí, invierto en libros. Por ahí no la cantidad que uno invertía en otro momento, o en la calidad. Caminás un poco más los locales de compra y venta, sobre todo.
Tener que abandonar actividades de ocio o salidas con amigos, también le tocó a Jaboco Escobar, de 21, estudiante del Profesorado de Música. “Tuve que dejar muchas salidas, cenas, etc., y de comprar carne o pan que años anteriores eran accesibles en comparación con este”, explica a PUNTAL. “Algo tan básico como el mate se vuelve inaccesible. Tenés que elegir marcas más económicas o si no recorrer todos los locales para poder ir comparando precios”.
También Escobar mencionó que el transporte no le alcanza a cubrir la cantidad de viajes diarios que realiza por las prácticas en los colegios.
La jubilación no alcanza
Nelly Pariani, de 80, Domingo Lais, de 70 y Onelia Reynaud, de 86, son jubilados y afirman que “la plata no alcanza”. Sin embargo, se la rebuscan para sobrevivir.
“Antes llegaba a fin de mes con algún sobrante y ahora no alcanza. La carne aumentó, pero no la he dejado, la disfrazo. Yo vivo con mi marido, así que para comer nos arreglamos con poco. Hago una compra grande al mes, en el súper, y después voy comprando en el almacén. Se nota como mes a mes aumentó todo”, cuenta desde la puerta de su casa.
“Antes éramos de salir mucho, ahora hacemos un gasto indispensable”, añade. Además, dice que los aumentos jubilatorios -ella era empleada ferroviaria- tampoco inciden mucho. “Antes se sentían más”, precisa.
Si llamás un remís, puede que el conductor sea Domingo Federico Lais. Cobra la mínima y, como no le alcanzaba, decidió seguir trabajando de chofer. “Hago 12 horas en un remís para hacer una diferencia. Hay poco trabajo. La gente se queja de que las cosas no están bien”, señala.
-¿Cómo te manejás con el dinero?
-Me he privado de varias cositas, a mí me gustaba ir al baile. Tengo que elegir bien en qué gastar. Yo trabajaba en la construcción, en metalurgia y me jubilé como autónomo. Entré en una moratoria y con esto voy tirando.
-¿Cómo repercuten los aumentos?
-Es brava la mano porque el gas está muy caro. Eso pesa bastante. Con el dueño de la chapa vamos 50% y 50% y yo pago el gas. Además, me tuve que mudar a un departamento porque la casa donde vivía la empecé pagando $ 2.500 y terminé en $ 6.000.
“Acá en el auto veo gente que está peor, yo como sigo trabajando tengo otro ingreso. Pero me gustaría no tener que trabajar y poder dedicarme a cantar, que es lo que disfruto hacer”, explica.
Onelia Reynaud trabajaba como empleada de comercio. “La jubilación alcanza con lo justo. Ahora que vivo sola aprendo a ir a lo práctico a la hora de cocinar. Mi marido era más antojadizo. Uno aprendió a organizarse”, dice. “El tema de los aumentos de la luz, gas, la comida, es cosa de todos los días. Pero no voy a andar con una vela, corrés peligro de caerte. Si tengo que usar el gas, también lo voy a usar”, afirma. Una vez al mes se da el gusto de ir a la peluquería y usa taxi para ir al médico porque tiene miedo de caerse del colectivo al subir o bajar.