Salud

Gastroenteritis y golpe de calor, dos patologías estacionales que ponen el foco en niños y adultos

Durante el verano aumentan las consultas pediátricas por vómitos, diarreas y cuadros de deshidratación. La doctora Elina Perren (M.P. 34391 – M.E. 17723) explica por qué la gastroenteritis y el golpe de calor no son lo mismo, cómo diferenciarlos y qué hacer para prevenir complicaciones en los más chicos

La doctora Elina Perren (M.P. 34391 – M.E. 17723), jefa del Servicio de Pediatría en Neoclínica.

 

La llegada de las altas temperaturas trae consigo un incremento habitual de enfermedades típicas de esta época del año. En consultorios y guardias pediátricas se repiten las escenas: padres preocupados porque sus hijos presentan malestar, vómitos o fiebre.

Frente a esos síntomas, una duda se instala con frecuencia: ¿se trata de una gastroenteritis o de un golpe de calor?

Para despejar confusiones, Salud & Ciencia dialogó con la doctora Elina Perren (M.P. 34391 – M.E. 17723), jefa del Servicio de Pediatría en Neoclínica, quien remarcó desde el inicio que son “cuadros completamente distintos”, aunque en algunos casos puedan compartir manifestaciones similares.

Según detalló la profesional, la gastroenteritis es una patología de origen infeccioso, a lo que manifestó que “siempre hay un germen asociado”. “Puede ser un virus, una bacteria o un parásito”, indicó. Dicho agente produce una inflamación intestinal que genera los síntomas característicos: diarrea, vómitos y, en muchas oportunidades, fiebre y cólicos abdominales.

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En verano su aparición se vuelve más frecuente debido a que el calor favorece la proliferación de microorganismos y a que se relajan, muchas veces, las medidas de conservación de los alimentos.

En cambio, el golpe de calor no tiene relación con infecciones, sino con la exposición prolongada o extrema a temperaturas elevadas. “Está directamente vinculado al calor ambiente y a la exposición solar en horas pico”, explicó Perren.

El riesgo de deshidratación

A pesar de sus diferencias, ambos problemas pueden tornarse serios cuando afectan a niños pequeños. La doctora subrayó que la principal complicación compartida es la deshidratación. En el golpe de calor, el organismo del niño pierde la capacidad de regular adecuadamente su temperatura corporal y aparecen signos como dolor de cabeza, decaimiento, irritabilidad, piel seca y, a veces, fiebre alta.

“Puede ser un cuadro grave si no se actúa a tiempo, por eso lo fundamental es rehidratar al paciente y retirarlo de inmediato del ambiente caluroso”, señaló.

En la gastroenteritis, la pérdida de líquidos se produce por la diarrea y los vómitos persistentes, lo que también puede derivar en internaciones, sobre todo en menores de corta edad.

¿Cómo diferenciar una de otra?

De acuerdo con la pediatra, el contexto es clave. El antecedente de haber estado muchas horas al sol o en lugares sin ventilación orienta hacia un golpe de calor. La fiebre que aparece en esta patología suele ser más elevada, pero tiende a ceder rápidamente cuando el niño recibe líquidos y se lo enfría.

En la gastroenteritis, en cambio, la fiebre puede durar varios días y se acompaña casi siempre de trastornos digestivos evidentes.

“El golpe de calor no provoca diarrea porque no afecta al intestino; la gastroenteritis sí tiene una causa infecciosa intestinal”, resumió.

Prevención y tratamientos

En materia preventiva, la especialista fue categórica. Para evitar el golpe de calor recomendó no exponer a los chicos a temperaturas extremas, especialmente entre las 11 y las 16 horas. También sugirió utilizar vestimentas claras y livianas, ofrecer agua de manera frecuente y procurar ambientes frescos y ventilados. En el caso de los lactantes menores de seis meses, recordó que la única hidratación necesaria es la lactancia.

“Ellos no requieren agua adicional, la leche materna cubre todas sus necesidades”, aclaró.

Para prevenir la gastroenteritis, en tanto, insistió en extremar los cuidados higiénicos: lavado de manos, correcta cocción y conservación de alimentos y consumo de agua segura.

Frente a un cuadro ya instalado, la doctora Perren explicó cuáles son los primeros pasos que deben darse en el hogar.

Ante la presencia de diarrea o vómitos, lo más importante es comenzar cuanto antes con la reposición de líquidos. Si los vómitos son escasos, se debe intentar rehidratarlo con pequeñas cantidades repetidas. Pero si vomita de manera continua, no tolera ni siquiera agua o se muestra muy decaído, la consulta médica se vuelve imprescindible.

“Un vómito aislado puede esperarse. Cuando son muchos y se pierde mucho líquido hay que evaluarlo”, afirmó.

En algunos casos los pediatras indican medicación para cortar los vómitos y facilitar la hidratación.

La profesional mencionó el uso de antieméticos, como la droga ondansetrón, utilizada habitualmente en estas situaciones. Sin embargo, resaltó que ningún fármaco reemplaza la evaluación clínica.

También detalló otros signos de alarma que obligan a concurrir a una guardia: deposiciones con sangre, presencia de moco, pus, fiebre prolongada o irritabilidad extrema.

En cuanto a la alimentación, señaló que no es la causa del golpe de calor y que, durante una gastroenteritis, solo se aconseja una dieta liviana y saludable, rica en frutas y verduras, sin necesidad de restricciones excesivas.

A modo de síntesis, concluye: “La base siempre es la buena hidratación y la consulta oportuna”.