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"Hoy nadie dice que se vayan todos, dicen 'hacete cargo'"

El consultor y analista político Enrique Zuleta Puceiro advierte que el resultado de las Paso no es un aval a la oposición, "que no hizo nada o muy poquito". Alerta por las agendas diferentes de la política y la ciudadanía y por el "campanazo" del domingo 12

El traspié electoral y la profunda crisis política que el oficialismo nacional vivió desde el domingo 12, desencadenaron cambios de gabinete que trajeron a la primera línea a figuras de dilatada trayectoria y mayor peso político que las que ocupaban muchas carteras del gobierno de Alberto Fernández. Los nombres de Daniel Filmus, Aníbal Fernández, Julián Domínguez o Juan Manzur no necesitan presentación.

La vertiginosa semana y media transcurrida desde las Paso fue analizada por Enrique Zuleta Puceiro, que no duda en advertir que la expresión de las urnas no fue sólo para el oficialismo. Habla de “un campanazo a la clase política” y de las diferentes agendas que quedaron expuestas en las Paso.

El rejuvenecimiento de la agenda viene de la mano de la demanda, es una revolución desde abajo. Siempre eso ocurrió desde la oferta, del líder, del movimiento. El rejuvenecimiento de la agenda viene de la mano de la demanda, es una revolución desde abajo. Siempre eso ocurrió desde la oferta, del líder, del movimiento.

“Ocurrieron muchas cosas a partir del resultado electoral, pero lo esencial es que las elecciones Paso sirvieron para un fin inesperado para la dirigencia política y fue que le revelaron hasta qué punto la sociedad civil tiene una fuerza muy superior a la política, ve agendas, tiene necesidades, expectativas y las ha impuesto. Y también que el sistema de partidos funciona porque todo el mundo cree que no funciona, no canaliza, no cura, no educa, no cumple con las finalidades; pero si uno mira alrededor, en casi todos los países de la región se ve un sistema paralizado, empastado, que le cuesta expresar la riqueza de una sociedad civil que lo trasciende, lo presiona. En Argentina esto funciona y estas elecciones sirvieron para mostrar que había una agenda distinta a la que planteaban los partidos”, explicó Zuleta Puceiro.

¿Cómo es eso?

La oposición estaba pensando en definir quién iba a ser presidente en 2023 y el Gobierno estaba imbuido de una autosuficiencia muy soberbia en la que se trataba de dialectizar o de polarizar entre “ellos o nosotros”. De un lado el grupo que rodea al Presidente, de otro el que rodea a la vicepresidenta, olvidando que el peronismo y el país en su conjunto es una realidad poliédrica, con muchos polos y facetas distintas, en donde conviven muchos actores. Y eso lo recordó el voto, que fue un verdadero campanazo. Y luego ocurrió la reunión con los gobernadores del fin de semana, que tuvo aspectos ríspidos. A eso sumemos las reuniones que se hicieron en la provincia de Buenos Aires donde los intendentes, no sólo los barones del conurbano sino todos, le expresaron al Gobierno que basta, que había que hacerse cargo de que la realidad de la política es territorial y multifacética, que hay que escuchar otras agendas, otras expectativas y ver otras dinámicas. La de la política no es la única. Y entonces todo lo que estamos viendo son partes de este proceso de adaptación trabajosa de la política a las condiciones reales que tiene la sociedad y que son condiciones de mucho mayor dinamismo. Vivimos en una democracia exigente y tiempos recios, como diría Vargas Llosa. No son para cualquiera.

El campanazo no sólo fue para el oficialismo entonces...

Eso lo vimos en 2009, cuando la oposición le ganó al oficialismo con De Narváez y al día siguiente ocupó casi todas las comisiones fundamentales del Congreso y sin embargo 8 personas, cada una queriendo ser candidata a presidente, lograron suma cero. Y estaban Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz, Francisco De Narváez, Mauricio Macri, y un largo etcétera. Y ahora podemos estar ante el mismo escenario si se larga el torneo de los egos; volverían a tocar la lira mientras Roma arde. Recordemos que después Cristina sacó más del 50% de los votos justamente porque la oposición no entendió que no era un crédito para hacer política y sustanciar el liderazgo, era para hacerse cargo de lo que significa una oposición constructiva en una democracia moderna.

¿La oposición no debería emborracharse pensando que es un voto a su favor, sino en contra de las malas gestiones y de agendas alejadas de la gente?

Por supuesto! Los dirigentes de la oposición no hicieron absolutamente nada, poquísimo. Esto lo hicieron medios de comunicación, asociaciones empresariales, protestas de la sociedad y sus expresiones. Eso le planteó al Gobierno un freno y lo obligó a negociar. Y esa negociación termina en estos días, cuando asume un grupo de ministros muy especializados, que conocen sus áreas, más allá de que cada uno pueda compartir o no sus ideas. Pero la trayectoria de estos ministros es muy importante. Pensemos en Filmus, que fue el hombre que durante todos los años del kirchnerismo manejó el Ministerio de Educación, creó el Ministerio de Ciencia y Tecnología que ahora va a conducir; y ni hablar de Aníbal Fernández que fue dos veces jefe de Gabinete, ministro de Justicia, ministro del Interior, intendente de Quilmes; ahora cuando la oposición vaya a hacer campaña en Quilmes no se va a encontrar con una dirigente de La Cámpora recién destetada, se va a encontrar con Aníbal Fernández, dos veces intendente. Es política real y no apta para simplificaciones ni relatos esquematizantes.

Este es claramente un gabinete con mucho más peso político que el primero...

Claro. Usted tiene una persona como el gobernador de Tucumán que fue sanitarista, qué le va a decir Carla Vizzotti a Manzur. Fue sanitarista en La Matanza con Ballestrini, en San Luis con Rodríguez Saa muchos años, gobernador de Tucumán, ministro de Salud, hombre vinculado a los laboratorios y al mundo empresario. Él mismo es un empresario agroindustrial, dueño de Nucete (de aceitunas). Estamos hablando de gente diferente, no de aquellos que salen de la amistad profunda, personal de hace 40 años en los claustros de la UBA. No son gente de La Cámpora que llega de SantaCruz y se suma a hacer política a la sombra de la doctora Kirchner. Son gente con peso propio y ni la vicepresidenta ni el Presidente les pueden dar instrucciones. Los tienen que escuchar porque son actores con territorio, fueron intendentes, candidatos, perdieron elecciones. Filmus perdió 5 veces, y ni hablar Aníbal Fernández y Domínguez, que fueron derrotados por María Eugenia Vidal. Es gente acostumbrada a gobernar ante condiciones muy severas, que fueron menemistas, kirchneristas 1, 2 y ahora están en una nueva etapa. Y por último, con el aval de los gobernadores, que son por lejos el equilibrio de la balanza en la nueva estructura de poder en Argentina.

¿Todo eso contribuye a esa gobernabilidad de la que se habló la semana pasada?

La verdad es que la gobernabilidad no es la de la pirámide que están acostumbrados a vender los partidos políticos. La gobernabilidad es una gobernanza multinivel, plural, dinámica. El cuerpo que tenemos delante no es una pirámide férrea con el vértice rígido, después el movimiento y después la gente. Esto es un sistema muy parecido al que existe en todo el mundo, de geometría variable, donde en cada momento van cambiando los nervios centrales del poder. A veces van a pesar los jueces, a veces el Congreso, a veces el Presidente y a veces la gente, como pasó el otro día cuando dio un campanazo muy sonoro que dejó tiritando a los dirigentes políticos de cualquier pelaje.

¿Este equipo nuevo de gobierno puede mejorar la performance electoral de las Paso o es un armado pensando en los dos años que quedan de mandato?

Dependerá. Si lo que se va a hacer es más de lo mismo, ir más a fondo, es posible que se vayan a hundir más. Porque se trata de gente más dinámica, más activa y cuando uno está con ese espíritu en una arena movediza ya sabe que se hunde más rápido. Ahora si van a las causas y no a los efectos, probablemente detengan un encadenamiento de causas y efectos que los llevaron a esta situación. Para eso tendrían que poner en el centro lo que se votó, que es la cuestión de la producción, del trabajo. La gente quiere tres cosas: trabajo, trabajo y trabajo. A través del trabajo, la educación, la lucha contra la pobreza, la salud. Si de lo que se trata es no tocar eso, que es la problemática del empleo, que es la de la producción, la de la productividad y las condiciones para poder producir, invertir y lograr que un argentino le vuelva a dar trabajo a otro argentino, será difícil. Son condiciones que no son del otro mundo. Pero si no se mueve, no se toca, creo que no hay posibilidad. La gente le pide trabajo y le responden con Ciencia, Tecnología, Seguridad Ciudadana, cosas importantes pero que no son centrales hoy. Lo que se votó no son esos aspectos. Se votó un no a una política económica y social que no funcionó. No es ponerle dinero a la gente porque la gente sabe que eso es basura; o las 24 cuotas o el IFE. No es lo que la gente está pidiendo, quiere tener un sentido en su vida y un camino relativamente comprensible de cómo se sale de esta situación. Que es en lo que fracasó el Gobierno, que además tiene una fuerte derrota cultural porque los valores, las ideas y los eslóganes están atrasados, lo mismo que los del PRO o los del Radicalismo asociado al PRO, no de toda la UCR.Son ideas que piensan en la sociedad de los años ‘70 o ‘90 respectivamente y esto no es así. Un peso no es igual a un dólar. Y tampoco es el ‘75, que es lo que piensan diputados, senadores y abogados laboralistas que dominan en el Gobierno. Por eso este rejuvenecimiento de la agenda viene de la mano de la demanda, es una revolución desde abajo. Siempre eso ocurrió desde la oferta, del líder, del movimiento, de la propuesta, la plataforma, la ideología. Ahora viene desde abajo en todo el mundo, a partir de las necesidades, las expectativas y los proyectos vitales de la gente que condicionan a la política y la obligan a adaptarse. Lo que vemos son los esfuerzos durísimos de la dirigencia para adaptarse a estas nuevas condiciones y ecosistema.

Frente a estas condiciones, llama la atención que del área económica y de la producción no hubo cambios...

Es cierto, y eso tiene que ver con que no se quiso tocar una suerte de tolerancia paciente de los mercados. Los mercados funcionaron bien antes, durante y después de las elecciones. No vaya a ser que tocando algo ahí se desmoronen los mercados, piensa el Gobierno. Porque si se desmoronan puede venir una hiper, y si eso ocurre, este Gobierno que no pudo organizar una cola de jubilados en su momento, cómo operaría. Si ante un resultado ficticio de las Paso, porque no se resolvió nada, se produjo semejante descalabro, imaginemos qué pasaría si hubiera hiperinflación. Hoy nadie dice ‘que se vayan todos’, dicen ‘hacete cargo y te estoy monitoreando’.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal