Opinión | Gobierno

La carta de los senadores oficialistas al Fondo Monetario

En medio de la visita de una misión del Fondo Monetario Internacional que el Gobierno considera clave para que el país avance hacia un acuerdo en torno a la reestructuración de la deuda con el organismo multilateral de crédito, la carta con que el bloque oficialista del Senado ha hecho pública su posición al respecto no aparece precisamente como un elemento capaz de contribuir al éxito del proceso.

Como resulta a esta altura indisimulable, la angustiante situación que atraviesa el país en lo sanitario y lo económico soporta como factor adicional de perturbación el creciente protagonismo de las disputas internas dentro de la coalición gobernante. En medio de la visita de una misión del Fondo Monetario Internacional considerada clave para que el país avance hacia un acuerdo para la reestructuración de la deuda con el organismo multilateral de crédito, la carta con que el bloque oficialista del Senado ha hecho pública su posición al respecto no aparece como un elemento capaz de contribuir al éxito del proceso.

El documento llega apenas tres semanas después de otra carta no menos significativa, aquella en la que la vicepresidenta Cristina Kirchner aprovechó el décimo aniversario de la muerte de su esposo para tomar distancia de algunos aspectos de la gestión del Gobierno en el que ocupa un papel preponderante. No ha hecho falta ni información privilegiada ni una aguda capacidad de análisis para vincular el reciente desplazamiento de María Eugenia Bielsa del area de Vivienda con aquel texto en el que sin nombrarla se la señalaba implícitamente como una de las “funcionarias que no funcionan”.

La nueva carta, aun cuando se presente como una elaboración colectiva del bloque mayoritario de senadores, responde inequívocamente a la autoría de la presidenta del cuerpo, y no sólo manifiesta una disidencia interna sino que la expone frente a interlocutores con los que se busca acercar posiciones. Y frente a los que asume una actitud desafiante, que no es nueva ni demasiado diferente de la manifestada por el Gobierno en su conjunto pero, pronunciada precisamente en esta instancia, no parece concebida precisamente para ayudar a llevar a feliz término una negociación que ese mismo gobierno ha manifestado fundamental para proteger los intereses del país.

Obviamente, el FMI no necesita que se le recuerde que el gobierno del Frente de Todos considera su acuerdo con su predecesor una operación irregular elucubrada con fines políticos, de la cual debe “hacerse cargo” junto con aquellos con quienes lo firmó. Pero se comparta o no esa lectura, que por cierto no es antojadiza ni carente de fundamentos, la búsqueda de la salida que mejor se ajuste a los intereses nacionales requiere hoy de la buena voluntad del Fondo, que según todas las señales está dispuesto a hacer concesiones para aliviarles la carga a la Argentina y a quienes la conducen.

En ese contexto, los reproches y las descalificaciones resultan extemporáneos y no contribuyen en lo más mínimo al objetivo buscado, en tanto este sea, efectivamente, llegar al acuerdo lo menos gravoso posible. Tampoco lo hacen, desde luego, las manifestaciones de disidencias internas y disputas de liderazgo como las que expresa el pronunciamiento del Senado, por más que -tal como ocurrió con la anterior carta de Cristina Kirchner-, desde el Ejecutivo se ensayen interpretaciones más benignas de lo ocurrido.

Como se ha señalado en otras oportunidades, no hay nada de extraño en que dentro de una gestión, sobre todo cuando al frente está una alianza relativamente heterogénea, coexistan posiciones diferentes sobre determinados temas. Pero, más que exponer públicamente sus disidencias, las andanadas de “fuego amigo” disparadas por la vicepresidenta parecen más orientadas a marcarle la cancha al Gobierno que creó, o incluso a preparar el terreno para decir que no es el suyo.