Opinión | Gobierno

Quiebre de año y continuidad de los desafíos

Ómicron y el acuerdo con el Fondo aparecen como las dos grandes incógnitas a despejar en el corto plazo para saber cómo terminará configurándose en materia económica el 2022. El Gobierno tiene muchas tareas pendientes por resolver
El agro aportó una cifra récord de dólares el año pasado favorecido por las altas cotizaciones de los granos.  

Quedó finalmente atrás el 2021. Fue un año difícil, denso. Hubo que transitar una ola de Covid entre mayo y junio que obligó a extremar los cuidados y a mantenerse casi los 12 meses en guardia, más allá de los avances en materia de vacunación, que finalmente fueron muy importantes y que terminaron con casi 100 millones de dosis ingresadas al país. Finalmente, llegaron vacunas de todos los laboratorios y en cantidad. Y cuando todos creíamos que íbamos a tener un verano para disfrutar después de 21 meses de pandemia, apareció una ola de contagios impulsada por Ómicron que nos atropelló. En tres semanas, otra vez las señales de alarma, los cuidados extremos y los contagios que se multiplican exponencialmente. Todos conocemos algún infectado o aislado durante la última quincena. La pesadilla tiene más capítulos por delante.

Y de nuevo la incertidumbre que aparece en el horizonte de este 2022 que apenas está dando sus primeros pasos. Pero no sólo en lo sanitario, porque esa dimensión tiene efectos en muchas otras y en particular en la económica.

La industria celebró en general el impulso alcanzado y hasta se anima a proyectar un 2022 optimista. Claro que las expectativas dependen del acuerdo con el FMI y de cómo evolucione Ómicron.

Y en Argentina siempre todo parece un poco más difícil. Si hay muchos países y comunidades que con la pandemia la pasaron y la pasan mal, en Argentina eso convive con una crisis económica que aún perdura, que resiste y que también nos mantiene con los dientes apretados. El solapamiento de tensiones lleva a todos a necesitar urgente un tiempo de relax, de cierta tranquilidad, que por ahora no aparece. Aún exhaustos, la pelea continúa.

Hay algunos indicadores importantes que desde la economía real generaron algún optimismo en el final de 2021. Uno central es sin dudas la recuperación del PIB. Después del estrepitoso derrumbe de 2020, la economía nacional rebotó y volvió al punto de partida de fines de 2019. Comenzamos 2022 donde quedó al finalizar la gestión de Cambiemos. Claro que en esa recuperación no todos llegaron al mismo punto. Hubo algunos que lo superaron y por lo tanto comienzan el año mejor que en aquel entonces, y otros que no llegaron al nivel.

El complejo agroexportador le aportó al Gobierno casi US$ 33 mil millones, una cifra nunca vista. Sin eso, todos los problemas hubiesen sido mucho más graves. Pese a eso, los problemas continuaron.

La industria celebró en general el impulso alcanzado y hasta se anima a proyectar un 2022 optimista. Claro que las expectativas dependen en buena medida de dos factores centrales: uno sanitario y otro económico. El primero claramente es Ómicron y su evolución. El otro es el demorado acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que puede dar algún paraguas mayor para avanzar en estrategias que comiencen a buscar soluciones a problemas severos que sigue arrastrando la economía.

La inflación es uno de ellos, pero además en la lista siguen la cuestión cambiaria en sus múltiples versiones, el déficit fiscal, un fuerte incentivo a las exportaciones para generar divisas genuinas que puedan sostener las importaciones necesarias para que la recuperación económica no flaquee, entre muchas otras.

Algunos de esos puntos tienen claramente vasos comunicantes. El déficit es un problema que el propio ministro de Economía reconoció en su momento y combatió al menos hasta el segundo trimestre del año pasado. Poner en caja las diferencias entre ingresos y egresos deja menos expuestas a la economía y a la administración. Le quita necesidades de financiamiento que siempre son complejas y más aún cuando el mercado externo está cerrado por agotamiento, como es el caso para el país. Sostener el desequilibrio o incrementarlo puede ser riesgoso.

De allí lógicamente se desprende el largo y creciente proceso inflacionario. La buena noticia es que junto con 2021 pasó diciembre, que estacionalmente es un mes caliente en precios. La semana próxima se conocerá cuál fue el nivel del alza de precios en ese período, pero ya muchas consultoras alertaron que estará al menos cerca de 4%, con lo cual terminaría arriba del 50% anual y le pone piso alto al arranque de 2022.

El Gobierno intentó hasta aquí medidas de acupuntura sobre un problema sistémico y que, más allá del origen, tiene varios motores en marcha que lo sostienen acelerado. Esa estrategia la tuvo a la administración de Alberto Fernández poniendo un balde debajo de cada gotera, sin intentar por ahora solucionar la dificultad estructural. Así arrancó 2021 con intención de limitar las exportaciones de maíz, luego siguió con la carne, en medio de todo eso firmó acuerdos con eslabones de las cadenas alimenticias y supermercados, también con frigoríficos, pero en realidad nada de eso cambió demasiado el curso de las cosas.

Sí tuvo un aliado importante en el año que terminó: el campo. El complejo agroexportador le aportó al Gobierno casi 33 mil millones de dólares, una cifra nunca vista. Sin eso, todos los problemas hubiesen sido mucho más graves. Pese a eso, los problemas continuaron.

La mala noticia para la gestión nacional es que difícilmente en 2022 el aporte del agro llegue a los mismos niveles de 2021. La vara quedó muy alta. En parte dependerá del clima y del precio de los mercados, dos variables que son externas y que habrá que seguir de cerca para anticipar qué puede pasar con la economía nacional. Antes, Ómicron es la incógnita a despejar porque no sólo puede complicar la economía nacional, sino que puede volver a generar dificultades en el mundo y en los mercados argentinos.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal