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Salud, economía y elecciones, un combo desafiante

El dilema de tres patas que afronta el Gobierno en un año clave para sus aspiraciones políticas. El estratégico debate por las tarifas y el efecto de las restricciones por la pandemia aparecen como grandes temas para el Ministerio de Economía

Lo más difícil para el ministro de Economía Martín Guzmán es convencer al resto del gabinete y al presidente Alberto Fernández inclusive, de que la plata que no paguen los consumidores de energía la deberá poner el Gobierno a través del abultado canal de los subsidios. Y como no tiene esos recursos, la opción que hay a mano es aumentar la emisión monetaria, con el consecuente riesgo de acelerar un proceso inflacionario que resiste en las alturas y que complica seriamente el conjunto de metas sociales que tenía pensadas cumplir el Gobierno, entre ellas que los ingresos de la población este año sí les ganen a los precios y así corregir lo que fue el trienio 2018-2020, que fueron de fuerte castigo para el bolsillo de los argentinos.

La discusión es si se aplica una suba tarifaria o si se castiga con un proceso inflacionario alto a los sectores medios y medios bajos. El Gobierno debe optar por la menos mala.

La misión de Guzmán no parece fácil por una serie de razones, entre las que se destaca justamente el contexto social: ¿resiste el 60 o 70 por ciento de la población del país un nuevo proceso de ajuste de tarifas? Claramente hay un colchón de esa población cubierto con programas específicos por los cuales cuentan con un cupo energético sin costo. Pero a partir de ese escalón, el resto, hasta la clase media, viene de un cimbronazo en las facturas que aún intenta digerir. El gobierno de Mauricio Macri no dudó en corregir el atraso tarifario sin contemplaciones. Era un objetivo que las cuentas fiscales reclamaban, pero el modo en que fue aplicado fue salvaje. Fue una de las medidas de su gestión tomadas desde un cómodo despacho oficial, alejada de la realidad social que transitaba el país y posiblemente uno de los hechos que lo llevaron a perder las elecciones por el descontento que generó en parte de su electorado.

Por eso hablar de tarifas hoy, inmediatamente remite a aquella brutal experiencia y naturalmente no es simple desde lo político. Pero en el Ministerio de Economía, y los economistas en general, admiten que es necesario. Entre aquella experiencia y la nada debe haber algún camino intermedio a transitar. No hacer nada implicaría que el Gobierno deberá aumentar los recursos para subsidios energéticos, que se vuelven otra vez inmanejables. De hecho, el objetivo de Guzmán había sido plasmado en el Presupuesto para este año, en el que había establecido el nivel de subsidios. Según Alejandro Einstoss, economista del Instituto Argentino de Energía (IAE) General Mosconi, aun contemplando el 9% que finalmente se aplicó a las tarifas a partir de este mes para el AMBA, la cuenta de subsidios energéticos igualmente alcanzará los $ 875.377 millones, 40% por sobre los $ 625.796 millones que decía el Presupuesto. Esos recursos son los que debería poner el Gobierno para cerrar la cuenta energética. Son casi 250 mil millones de pesos más.

En el fondo la discusión es si se aplica una suba tarifaria o si se castiga con un proceso inflacionario alto a los sectores medios y medios bajos de la población. El Gobierno deberá optar por la que interprete como “menos mala”.

Por ello la energía está estrechamente vinculada a la economía. Y por eso Guzmán reclamó tener a la Secretaría de Energía debajo de su ala. Como se recordará, Energía originalmente pertenecía al ministerio de Matías Kulfas, hasta mediados del año pasado. Es que la cartera no sólo es determinante en las cuentas internas del país, también lo es hacia afuera: si la oferta energética propia no alcanza a cubrir la demanda se transforma en otro problema por la salida de dólares vía importación. De hecho, los buques regasificadores son un ejemplo de eso. Por todo eso, los ministros de Economía suelen accionar para tener a Energía bajo su órbita.

La gestión de Fernández deberá hacer equilibrio entre las urgencias de sus cuentas fiscales, la situación social y las necesidades electorales para evitar una derrota en las elecciones.

Los planes de Guzmán, además, pueden ser alterados otra vez por la pandemia, si la situación sigue escalando en el país y las restricciones van incrementándose. Si eso ocurre, es sabido que habrá más personas que golpeen las puertas del Estado para conseguir sortear las dificultades que el encierro provoca: pérdida total o parcial de ingresos. Eso también podría presionar fuerte en contra de reducir el abultado déficit fiscal. El plano sanitario es sin lugar a dudas un condicionante de la actividad económica para los próximos cuatro meses.

Claro que todos los movimientos que intente realizar el Gobierno estarán condicionados por el escenario electoral. Comenzó el quinto mes del año y la carrera rumbo a las legislativas empieza a acelerarse. En Córdoba, puntualmente, se eligen los tres senadores y 9 diputados nacionales. Y hasta aquí todo parece indicar que esta vez el peronismo no irá en una misma boleta sino que Hacemos por Córdoba tendrá los representantes de la Provincia y el Frente de Todos irá con su propia lista. Enfrente, en Juntos por Córdoba, falta ordenar algunas ideas para saber si habrá lista de unidad o no. Por ahora hay más candidatos que lugares, y eso siempre es un problema.

La gestión de Fernández deberá hacer equilibrio entre las urgencias de sus cuentas fiscales, la situación social y las necesidades electorales para evitar una derrota en las elecciones de mitad de término que siempre son relevantes para el oficialismo. No la tendrá fácil el Gobierno porque la economía y la salud amenazan con malas noticias y le quitan argumentos para atraer votos.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal