Veredicto en tiempo real para Llamosas
Pasó un mes pero parece una eternidad. A un país acostumbrado al vértigo de las crisis recurrentes, el coronavirus le agregó una dosis inédita de miedo e incertidumbre. De encierro por la cuarentena. De parálisis. El gobierno de Alberto Fernández podrá decir, cuando todo pase, que debió enfrentarse a una situación inédita, extraordinaria, de esas para las que no existen manuales, y que lo hizo con una situación preexistente también límite, con una Argentina endeudada, inflacionaria, empobrecida y con dos años de recesión sobre sus espaldas. Una crisis sobre otra crisis aún peor.
“Jugó el descenso parado en muletas”, decía una canción de Bersuit Vergarabat. Y algo de eso podría argumentar también el actual presidente.
El foco principal de atención y el mayor nivel de presión se asienta sobre el Ejecutivo nacional, que debe lidiar con dos calamidades simultáneas: la sanitaria y la económica. Pero el resto de los gobernantes también están sometidos a niveles de exigencia fuera de lo común. Los gobernadores. Y los intendentes.
“Cada día que pasa es más complejo”, se sinceró Juan Manuel Llamosas en una entrevista radial. Y advirtió que si no llegan fondos desde la Nación, la Municipalidad no podrá soportar durante mucho tiempo más el combo devastador que conjuga la caída de la recaudación y el salto brusco de una demanda social que se acrecienta con el correr de las horas.
En la tercera etapa de la cuarentena, las intendencias se han convertido en los receptáculos de las solicitudes que se van multiplicando a un lado y otro de la sociedad. Le reclaman asistencia los ciudadanos que se quedaron sin ingresos y necesitan del Estado para algo tan elemental como alimentarse. Pero también lo hacen los empresarios, comerciantes, industriales, que se están desmoronando y que también piden, en parte porque es la representación del Estado más cercana, algunas medidas urgentes para evitar el colapso.
El diagnóstico que los empresarios le han acercado al intendente plantea un escenario de catástrofe. El Cecis le ha presentado un plan de contingencia, que contempla la reapertura de los comercios con estrictas medidas preventivas. Sin embargo, el gobierno riocuartense trabaja sobre todo en la alternativa de las ventas por delivery.
Es una modalidad que los empresarios aceptan pero que consideran insuficiente. Ponen incluso la mirada más allá en el tiempo y advierten que la crisis se sostendrá por varios meses. Incluso cuando se termine la cuarentena habrá sectores para los que levantarse será una odisea. “¿Quién se va a comprar una camisa en estos meses? Incluso quien tenga la plata se va a volver sumamente conservador. Las cuentas ya no cerraban; imaginate ahora. Es difícil que el escenario que se viene no se lleve puestos a varios”, vaticina un dirigente empresario de la ciudad.
Marcelo Uribarren, de la Unión Industrial de Córdoba, trazó un diagnóstico similar. “Después de la cuarentena, la demanda casi no va a existir”, declaró. A nivel nacional, un relevamiento de la UIA señaló que el 72% de las empresas está padeciendo una caída en sus ventas superior al 60%.
Con esa catástrofe debe lidiar el gobierno nacional. Pero también las provincias y los municipios. La presión sobre los intendentes se manifestó en los últimos días en el sur provincial, cuando varios jefes comunales decidieron ir suavizando las restricciones a la circulación y la actividad. Debió intervenir la gobernación, que amenazó incluso con llevarlos a la Justicia, para que dieran marcha atrás y reinstauraran la modalidad nacional de cuarentena. Pero, por lo bajo, siguen sosteniendo que se les hace cada vez más difícil. Porque más gente está saliendo de hecho, evidentemente, pero además porque las carencias económicas y sociales se profundizan diariamente.
Río Cuarto no procedió a ninguna flexibilización; se alineó desde un primer momento con las directivas nacionales y provinciales. Pero el estado en que se encuentra la ciudad también es desesperante. Ayer, cuando Alberto Fernández habló por videoconferencia con 40 intendentes de todo el país, Llamosas le dijo al Presidente que se está haciendo todo lo posible para que se respete la cuarentena pero, a la vez, le describió el cuadro de situación: caída de la recaudación propia a la mitad, aumento en un 50 por ciento de la demanda de alimentos, negocios y empresas a un paso del desastre en una ciudad anclada en el comercio y los servicios. Y le dijo al jefe de Estado que esa combinación de factores está complicando la posibilidad de afrontar la pandemia.
La respuesta de Fernández apuntó a llevar tranquilidad. “Vamos a ir en socorro, quédense tranquilos que vamos a ayudarlos con lo que plantearon, en todo lo que necesitan”, les aseguró a los intendentes.
Ese auxilio es imperioso. En el Palacio Municipal sostenían en las últimas horas, antes del diálogo de Llamosas con el Presidente, que no había llegado un solo peso, que los anuncios jamás habían dejado de ser una expectativa.
Y si cada gobierno está inmerso en una situación angustiosa, a medida que baja el escalón las herramientas se van acotando. La Nación puede emitir pesos, de hecho lo está haciendo frenéticamente, la Provincia puede lanzar títulos para pagarles a los acreedores y recortar sueldos (inconcebiblemente en este contexto también discontinuó los planes de inserción laboral) pero los intendentes están sometidos, algunos más que otros, a la suerte de la coparticipación y la recaudación.
Llamosas enfrenta además una particularidad. Es un intendente que en unos meses deberá someterse a las urnas. A diferencia de Fernández, de Schiaretti y de la mayoría de los gobernantes del país, su desempeño ante la crisis será juzgado casi en simultáneo con la crisis misma. Para bien o para mal. Recibirá casi en tiempo real el veredicto por su actuación.
La magnitud de lo que está ocurriendo es tal que, además, es probable que el voto a Llamosas se defina no tanto por el período previo a la pandemia (desde julio de 2016 hasta marzo de 2020) sino fundamentalmente por estos meses en que deberá mostrar si está o no a la altura para cuidar a los riocuartenses en medio de una emergencia mundial.
Hasta ahora no ha desentonado. Si bien el gobierno tuvo al inicio una etapa de cierta descoordinación, Llamosas se ha mostrado activo y ha abordado la multiplicidad de inconvenientes derivados. Pero camina en terreno inestable.
Cada decisión en el gobierno va acompañada de una lectura electoral (la convocatoria a Gonzalo Luján, que tiene a tres candidatos en la lista de Gabriel Abrile, se interpretó como una jugada que abrió una grieta en Cambiemos) porque difícilmente sea una época que perdone errores.